El pecado que me paraliza #perdón

Un paralítico postrado en una camilla… Jesús se acerca y le perdona.

Imagen preciosa con la que empatizo claramente y en la que me veo reflejado sin duda. ¡Qué difícil es caminar cuando uno se ha apartado de Dios y de lo mejor de sí mismo, cuando ha tomado decisiones equivocadas y se ha olvidado de su vocación, de su responsabilidad, del amor! La vida se torna oscura, el camino dura, las piernas flaquean, la ilusión mengua, la fuerza desaparece y uno, aunque de manera metafórica, acaba «no saliendo de la cama», incapacitado para dar un paso más.

El perdón es el soplo revitalizador, el reconstituyente más eficaz. Saber que pese a todo lo anterior, se sigue confiando en uno, uno sigue siendo querido y amado, uno sigue siendo esperado… La luz se abre paso entonces y las fuerzas se recobran, aunque tambaleantes. Es posible seguir. Es posible volver.

Señor, perdóname cuando te tuerzo la mirada, cuando apuesto por la oscura tiniebla y rechazo el fulgor de la luz. Quiero seguir caminando.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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