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Se necesitan buenos arquitectos (Mt 7,21.24-27)

Que la roca es más resistente que la arena es algo obvio. Aún así, hay gente que construye sobre arena. Por eso se necesitan buenos arquitectos, porque sino se nos cae el chiringuito.

Creo que es fácil extraer lo que supone para un estudiante construir sobre roca: estudiar día a día, trabajar con regularidad, practicar el esfuerzo, ejercitar su mente, etc. Para un profesor supongo que es formarse permanentemente, ser respetuoso siempre con las personas que tiene delante, mejorar en sus materias, escuchar a sus alumnos, compartir con sus compañeros… Y para un fontanero será… y para un frutero… y para un médico… Podríamos seguir.

Yo intento llevarlo a mi vida hoy y traducir eso a una pregunta: ¿Sobre qué está construida mi vida? ¿Han llegado ya vientos y mareas y huracanes? ¿O todavía sólo he sufrido pequeños embites? Pues creo que sobre arena no está construida Señor. No es soberbia ni confianza excesiva en mí mismo. Es simplemente ser consciente de lo que me enseñaron, de los valores que han arraigado en mí, de las decisiones tomadas, de mi camino de fe, etc. Tampoco mi matrimonio está construido sobre arena. Ni mi paternidad. Y eso no significa estar exento de problemas. Precisamente por eso, tal vez. Porque la roca no sólo está sino que se hace, se asienta, se pule, para que todo el edificio vital siga subiendo hacia arriba. Tal vez evitar problemas, complicaciones, sufrimientos, dificultades… sea precisamente construir sobre arena.

En el ámbito político también necesitamos buenos arquitectos, que asienten el entramado social en la búsqueda del bien común, en su compromiso por la justicia, en la fidelidad a lo que nos define como sociedad. Y aquí andamos también flirteando con el cortoplacismo y la popularidad.

Ayúdanos Padre. Ayúdanos a construir y elegir el mejor asentamiento. De eso depende un futuro feliz.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Te he visto en un catálogo de inmobiliaria (Mt 7,21-29)

En algún momento, todos pasamos por la experiencia de comprar o alquilar casa. Y son muchos los parámetros y los aspectos que valoramos. Que tenga terraza, que tenga cerca medios de transporte, los metros útiles, el número de habitaciones, el barrio, si hay colegios cerca, los baños, etc. Pero no creo que ninguno alquilemos o compremos una casa que se fuera a caer cuando llegasen las lluvias y los vientos del otoño.

Hay cosas más importantes y otras más accesorias. Los pilares de una casa, la seguridad como construcción, los materiales utilizados… son lo más importante. Porque si todo se viene abajo a la mínima de cambio… ¿de qué nos sirve todo lo demás?

Tú y yo, ¿qué tipo de casa somos? Imagínate que salimos en un catálogo de alguna inmobiliaria. ¿Somos casa luminosas o oscuras? ¿Espacios amplios o justitos? ¿Para familias o para singles? ¿En el centro de la ciudad o retiradas en un barrio tranquilo de las afueras? Y de cimientos y materiales… ¿cómo andamos? ¿Sobre qué nos sustentamos? ¿Cuáles son los principios que nos anclan al terreno? ¿Aguantaremos cuando vengan las embestidas de la vida? ¿Seguro? Llegarán enfermedades, despidos, problemas de pareja o amigos, incomprensiones, sueños frustrados, dudas de fe… ¿Aguantaremos?

Si Cristo está ahí abajo, bien dentro, sosteniéndolo todo, no hay por qué temer. Todo eso llegará, causará algún destrozo, pero la casa resistirá. Si no está Cristo… vayamos contratando un seguro…

Un abrazo fraterno – @scasanovam