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Envía tu luz y tu verdad (Salmo 41)

Ha sido un fin de semana marcado por «La Misión». Sí. Se está convirtiendo ya en una especie de tradición visualizar la película de Roland Joffé entera o, al menos, su primera parte en tiempo de cuaresma. «La Misión» es una maravilla. Es un detalle tras otro, es un mosaico de guiños de aquello que debe ser un camino hacia la verdad de uno mismo, hacia Dios… un camino de purificación. Un Rodrigo Mendoza incapaz de coger su vida en sus manos. Un Padre Gabriel convencido de que el Amor es el camino de salvación, respetuoso con las personas, lleno de Dios. Un camino cargando aquello que nos pierde, nuestras heridas, nuestras máscaras, nuestro pasado… Rodrigo Mendoza se descubre pequeño, humillado, embarrado, sucio… Y es con el perdon de los guaraníes con el que se reconcilia con su historia, con su prójimo, con Dios. Es ese saberse perdonado, amado y aceptado el que transforma su existencia. Ya es capaz pues de recibir el abrazo de Gabriel y la Palabra del Padre.

Cuaresma debe ser un tiempo de luz y verdad y cierto es que puede prolongarse largo tiempo en nuestra vida. Pero es imprescindible atreverse a pasarlo. Si queremos encontrarnos con el Resucitado debemos primero enfrentarnos con la verdad de lo que somos. No hay otro camino. Y, desde luego, es tremendamente duro.

Un abrazo fraterno

Rasgad los corazones y no las vestiduras (Joel 2,12-18)

¿Qué es el corazón y qué las vestiduras?

Un cambio interior. Una mirada a Jesús y a su camino. No tanto cambios externos como purificación en el corazón: nuestras actitudes, nuestros sueños, nuestros deseos, nuestras aspiraciones, nuestros compromisos.

Lo esencial es invisible a los ojos. ¡Que la Cuaresma me disponga adecuadamente a la celebración Pascual!

Gracias al blog «Partido» de Rogelio Núñez por esta imagen. ¡Visitad su blog! ¡Vale la pena!

Vuestro rostro no se avergonzará (Sal 33)

Los caprichos de la Palabra. Las «cositas» de Dios. Después de la brutal experiencia de ayer, ñune, hoy me vienes con estas. A mi. A un hombre temeroso muchas veces de mirar cara a cara. A mi, un hombre profundamente avergonzado de mucho de lo que siente. rostro_avergonzado

Todavía no estoy capacitado para tener en el corazón esta Palabra tuya, Padre. No me dejo. Queda un camino cargado de «espadas», de «armaduras», de «pesadas armas» (esa imagen de Robert de Niro en La Misión). No hasta que yo sea capaz de llorarlo mucho. Esta cuaresma y esta próxima Pascua pueden ser un buen momento de seguir transformando, de seguir transformándome.

Mientras, mi rostro se sigue avergonzando muchas veces.

Un abrazo fraterno

Señor, roca mía (Sal 18)

Muchos días sin escribir equivalen a muchos días sin orar en serio. Es fácil seguir mi oración. Si escribo, oro. Si no escribo… apagón informativo, apagón orante.

Ha empezado la cuaresma y me ha pillado en tierras americanas, cerquita de Chicago con muchísimo frío. Ya he vuelto pero hoy he salido de viaje de nuevo. Primer lunes de mes y reunión de formación en la comunidad para compartir nuestro trabajo personal sobre las emociones. Ejercicio de Focusing y desplome absoluto. Colapso total del bonito rascacielos construido, de la hermosa y maldita torre de Babel, donde nada se entiende. El ejercicio fue muy duro. Prendió la chispa.

«¿Y ahora qué?» me pregunto continuamente desde hace un rato. Por lo de pronto, vuelta a la oración. Un guerrero conoce sus heridas aunque no las muestre en la batalla. Y a él también le duele la limpieza primera que lleva a la curación. Como la Magdalena con Jesús, tambié las lágrimas empezaron a lavar mi alma. Me siento vivo. Me sé en lucha. Me he visto guerrero como si del viaje del anciano avaro de Cuentos de Navidad se tratara. Y me siento débil también. Despojado de vestimentas. No me agrada.

Señor, roca mía.

Un abrazo fraterno

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Paz a vosotros (Jn 20, 19-31)

Hace ya varios días que no actualizaba este blog. La falta de tiempo a veces es capaz de ensombrecer hasta los momentos en los que uno debería estar preparado para sólo impregnarse de lo que le es dicho, de lo que le es regalado. Preparar la Pascua a veces ayuda y a veces dificulta a vivirla. Por lo de pronto a mi me dificulta enormemente vivir la Cuaresma de manera consciente. Este año lo volví a experimentar… ¡tanto que hacer que no queda tiempo para ser! Luego, una vez uno ya está metido de lleno en la Semana Santa inevitablemente vive momentos llenos de sentido.

Cuando hoy escuchaba el Evangelio en la Eucaristía se me clavó como una daga la famosa y archiconocida frase de Jesús: Paz a vosotros. Es tal vez esa paz el signo más claro de la vivencia de la Resurreción, del encuentro con Jesús vivo. Jesús traspasa nuestras puertas cerradas y viene a nuestro encuentro, conociendo nuestras incapacidades y temores, nuestras ataduras y miedos. Y Tomás trae a mi mente aquella catequesis comunitaria en Cercedilla y el respeto a mis tiempos y mis racionalidades… Y la primera lectura me habla de algo que conozco: hermanos, bienes compartidos, oraciones en común…

 En definitiva, este nuevo «paso del señor» trae otra vez aroma fecundo, la alegría de estar más cerca, laz paz (aunque sea momentánea) de saberme construyendo y construyéndome junto a otros… Paz, paz, paz…

Un abrazo fraterno

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… según el fruto de sus acciones (Jr 17, 5-10)

Se me ha ido la vista varias veces hacia esa frase: «según el fruto de sus acciones». ¿Por qué? Tal vez porque siempre estamos dándole vueltas a «las acciones» y no tanto al fruto. Parece como si ´por boca de Jeremías lo que Dios estuviera intentando decirme hoy es que las acciones en sí mismas no son tan importantes sino que, más bien, es lo que genera la acción lo que importa: ¿me ha cambiado el corazón? ¿Estoy más cerca de Dios? ¿He crecido? ¿Soy más auténtico? ¿Es el mundo un poquito mejor? ¿Ha ganado terreno el amor? ¿Se ha construido Reino?

¿Qué fruto genera mi participación en la Eucaristía dominical? ¿Qué fruto genera mi compromiso con la catequesis? ¿Qué fruto generan mis donaciones económicas? ¿Y el ayuno que me propongo para esta Cuaresma? ¿Qué fruto generan las lecturas formativas que hago? etc, etc, etc…

Fruto, acción… parece que no son lo mismo.

Un abrazo fraterno

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Los otros diez se indignaron (Mt 20, 17-28)

Qué lamentable, ¿no? Jesús haciendo un alto en el camino para contar a sus discípulos qué iba a suceder en Jerusalén y cómo acabaría la historia y los discípulos (y sus madres… por cierto, con cierto aire a Gran Hermano) peleando de manera infantil sobre quién debía sentarse dónde… Definitivamente aquello estaba a punto de terminar y no se habían enterado del nodo. ¿Qué pensaría Jesús al ver ese panorama?
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A mi también me cuesta a veces enterarme de que «el camino a Jerusalén», «la aventura jerusalense»… no va a estar llena de rositas sino todo lo contrario. Que el optimismo se va a venir abajo, que el populismo va a desaparecer, que la influencia va a dejar de existir, que va a aparecer la burla y el maltrato, que todos los planes se van a venir abajo, que van a hacer acto de presencia el miedo, la derrota, el fracaso… La verdad es que son noticias que no me gusta escuchar pese a que es el mismo Jesús con sus palabras y con su vida misma quién me cuenta de qué va a esto de jugarse la vida en cristiano. ¡Cómo distraen esas discusiones de buenos y malos, del bien y del mal y de no sé cuántas cosas! ¡Y cuánto me gustan! ¡Y qué infantiles son! No me quiero enterar de por dónde va la historia…

Esta Cuaresma me está sirviendo para profundizar en eso. Doy gracias a Dios por ello.

Un abrazo fraterno

Dad y se os dará (Lc 6, 36-38)

Estos pasajes tan típicos corren el peligro de convertirse en tópicos evangélicos que todos sabemos de memoria, recitamos pero no asumimos o integramos vitalmente. Al final son pistas en las que te juegas la vida y sobre las que cualquier planteamiento empieza realmente a ser radical.
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Hoy me viene al corazón esto de «dad y se os dará» precisamente porque la comunidad está a punto de dar una cantidad económica para participar y colaborar en la reforma de una iglesia en Guinea, donde trabajan escolapios que conocemos en misión. Nuestra situación familiar particular no es precisamente óptima ya que mi mujer lleva sin trabajar ya bastantes meses y sin cobrar la prestación un año y medio. Nuestros ahorros nos lo han permitido y poco a poco van menguando. Y a uno siempre le entran ciertas precauciones a las que nos ha educado esta sociedad, la sociedad de las seguridades, de los seguros, del bienestar… Uno a veces piensa si será una irresponsabilidad eso de dar cuando uno no tiene el futuro asegurado pero ¡qué coño! (siento la expresión)… ¿me creo o no me creo esto «dad y se os dará»?

Hoy lo aplico al dinero pero se podría aplicar al tiempo, a uno mismo… Yo intento hacer vida ésto. Me lo creo. Y quiero jugarme la vida desde ahí. El hecho de dar me obliga a desprenderme de seguridades, de ataduras, de asideros y a poner mi confianza más allá de mis posibilidades y capacidades. Buena lección cuaresmal.

Un abrazo fraterno

Perfúmate la cabeza y lávate la cara (Mt 6, 1-6. 16-18)

Hoy empieza la Cuaresma. Reconozco que no he llegado vitalmente a vivir este tiempo con la intensidad del tiempo de Adviento. Tal vez sea un tiempo que, inconscientemente, me gusta menos. Renuncia, sacrificio, culpa, perdón, ayuno, etc. son palabras que no acaban de gustarme demasiado.

En casa de mis padres, desde pequeño, seguíamos la tradición de no comer carne los viernes. era, tal vez, el signo más evidente de que había llegado la Cuaresma. Hoy no acabo de sentirme bien por haber abandonado esa práctica. Es verdad que mi fe ha madurado y que uno descubre que los signos externos no son más que facilitadores de una experiencia más profunda, más interior. Pero bajo ese convencimiento siento que he diluido ciertas vivencias y que no he sido capaz de sustituirlas por otras más adultas o maduras… ¡o por las mismas vividas desde la adultez y la madurez!
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El camino hacia la Pascua ha comenzado a correr y es bueno pensar en vivirlo con intensidad para que la Vigilia de Resurrección llegue con todo su gozo a la vida. A ver cómo me apaño. Por lo de pronto me ha llamado la atención la matización del Señor respecto al ayuno: no es para que nos vean, no es para otros, no es sinónimo de búsqueda de compasión o reconocimiento… va mucho más por dentro… pero también por fuera. Agua y perfume.

Un abrazo fraterno