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Los poderes frente al espejo (Mc 12,1-12)

Jesús está en Jerusalén. Visita el Templo. Lo que ve no le gusta. Y lejos de callar y mirar a otro lado, siendo la Verdad, denuncia que el pueblo amado de Dios está falto de guías, seco de frutos, ciego y sordo.

El Evangelio de hoy es uno de tantos, en esta parte del relato de Marcos, en los que Jesús se encuentra con los poderes fácticos del «pueblo de Israel». ¿Quiénes son los los poderes que manejan las vidas y las conciencias de las personas? ¿Líderes religiosos? ¿Banqueros? ¿Medios de comunicación? ¿Políticos? ¿Futbolistas? Elige tú. E imagínatelos delante de Jesús, siendo abroncados a través de una parábola.

El caso es que si eres cristiano y, como tal, testigo, tú también debes escuchar. Yo, padre, esposo, profesor, catequista… me imagino también delante del Maestro escuchando cosas que, seguramente, no me gusten. Escuchando su corrección y, también, su reproche. Porque se me ha dado una responsabilidad, porque se me ha pedido proclamar su Palabra, porque se me ha pedido hacer crecer su Reino, porque se me ha llamado a acompañar a muchos y a anunciar a otros que Jesucristo vive y lo ama y lo salva…Y también actúo, muchas veces, como aquellos… más centrados en ellos mismos que en sus hermanos, ciegos ante las necesidades de los más débiles, sordos a las voces proféticas que me recuerdan qué quiere Dios de mí…

Hoy, te pido Señor, que me ayudes a confiar más en Ti, a abandonarme a tu Voluntad, a acallarme y dejarte hablar a través de mí. Hoy te pido no ser uno de los poderes del mundo sino un sencillo apóstol con las sandalias gastadas…

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Tiempos de sordera (Sam 3,1-10.19-20)

«La palabra del Señor era rara en aquel tiempo,
y no abundaban las visiones «

¿En aquel tiempo? me surge preguntarme al leer el pasaje del libro de Samuel de hoy. ¡Y en este tiempo! ¡Hoy tampoco abunda la palabra del Señor y no, no abundan las visiones, ni los profetas. Vivimos en tiempos de sordera generalizada, de enfriamiento espiritual global.

Y curiosamente el Señor sigue llamando. A veces me quejo del tiempo difícil en el que me ha tocado vivir, de la incertidumbre, de la falta de claridad. Pero así ha sido casi siempre. La palabra de Dios nunca ha abundado. Ni siquiera en la época de Jesús, en la que ¡teniendo al Mesías delante! no supieron muchos reconocerle.

¿Qué es importante? Distinguir, entre todo este jaleo, la voz de Dios. A veces es un susurro imperceptible. A veces incluso podemos confundirla con otras voces. Y ahí es importante estar acompañado. ¡Acompañamiento! Tener a alguien cerca que, escuchándote, desde fuera de tu ruido, sepa decirte «¿y si es el Señor?».

Busquemos acompañante y formémonos para acompañar. No hay otro camino en estos tiempos de sordera.

Un abrazo fraterno – @scasanovam