… un fuerte viento (Ex 14,21-15,1)

La experiencia de salvación no debió ser precisamente bonita. El Señor, dice la Escritura, hizo soplar un fuerte viento durante toda la noche y luego las aguas se abrieron. Noche. Fuerte viento. ¡Cuánto nos asustan esas palabras! Muchos asociamos la salvación con el día, el sol, la luz, la paz… y no caemos en la cuenta que, tal vez, todo eso se percibe más adelante pero que hasta llegar ahí el camino es duro.viento noche

La noche siempre ha sido difícil. Hace más frío. No se ve y es fácil que uno se pierda o desespere. Andar es dificultoso y las sombras se hacen grandes y nos atemorizan.

El fuerte viento acaba con todo. Se lleva mucho con su fuerza y nos quita seguridad. Todo aquello sobre lo que andábamos parece salir por los aires.

Y en estas condiciones Dios decidió salvar a los israelitas. El ejercicio de confianza es brutal aunque, a decir verdad, tampoco tenían muchas más opciones.

Dios salva a su pueblo. Dios me salva. Dios me conduce a la tierra prometida. Pero la noche y el fuerte viento son tal vez elementos característicos del viaje. O lo asumo o no llegaré al final.

Un abrazo fraterno

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