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Dios hace historia contigo (Jos 24,1-13)

La primera lectura de hoy me parece preciosa. Josué habló al pueblo y, mirando atrás, les recordó la historia que su Dios había hecho con ellos. Desde las personas que los guiaron, los lugares por los que caminaron, las batallas que enfrentaron, los favores que recibieron…

Hay momentos en los que es conveniente que nos paremos y recordemos. La vida se nos va tan rápido que uno puede tener la sensación de que va sin frenos y, muchas veces, sin una dirección clara. Pero si hay fe, seguro que al recordar, uno puede descubrir cómo Dios ha ido tejiendo una historia a su lado. Las personas que nos cuidaron, las que se han ido cruzando en nuestro camino… ¡qué importantes! ¡Qué maravillosas casualidades han traído a nombres concretos a nuestra vida! Personas que conocimos desde siempre, como nuestra familia, y otras que han ido llegando de manera misteriosa. También lugares… la geografía de nuestra existencia. Ciudades, pueblos, casas, rincones… que podríamos calificar de importantes por razones diversas. Lugares a los que siempre se vuelve o a los que vale la pena volver. Y batallas y favores, claro. Milagros que reconocemos, caricias de Dios que nos han sostenido en el tiempo. Y luchas que nos han dejado heridas, guerras en las que ha valido la pena pelear y que muestran que hemos vivido a pleno pulmón.

Hoy presento a Dios mi propia historia. Y le reconozco en ella. Un Dios que camina conmigo aunque a veces yo mismo no tenga claro hacia dónde.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

La alegría de ir (Sal 121)

Hoy es uno de esos días que leo las lecturas y no me dicen nada. No sé si es que son muy difíciles o si yo estoy muy árido, o despistado, o frío, o distante. El caso es que me agarro como a un clavo ardiendo a la alegría del viaje que nos propone el salmo.

La vida es un viaje hacia Dios que hay que hacer con alegría. Está, como todo viaje de ida, lleno de deseo y de ilusión por llegar al destino. A veces se hace largo. Parece que no vamos a llegar nunca. El secreto está en disfrutar también del trayecto, en considerar al trayecto parte del destino.

Alegría quiero, Señor. Alegría para no sucumbir a mi desánimo, a mi desaliento, a mi confusión.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

25 de agosto, ¡qué Calasanz tan especial!

Oficialmente para mí, desde hace unos años, el curso propiamente dicho comienza el 25 de agosto, festividad de San José de Calasanz y día en el que la comunidad nos reunimos de nuevo tras el verano y abrimos las puertas del colegio para que todo el que quiera pueda acercarse a celebrar la fiesta con nosotros.

Este curso que comienza tiene unas connotaciones muy especiales. Viene precedido, además, de un verano trabajoso y cansado en el que nos hemos vuelto a mudar al colegio, tras dos cursos de obra en el edificio donde estábamos. Tercera mudanza en tres años. ¿Quién ha dicho «miedo»? Miedo no, pero cansancio mucho. Pero el objetivo parece que se va cumpliendo: tener el hogar a punto para cuando el 3 de septiembre, lunes, se enciendan las luces.

El 2018 pasará a mi historia personal como lo hizo en su momento el 2015. Cumpliré mis 42 años y podré decir que he llegado. La meta definitiva sólo es el final, la vida eterna junto a Dios, para los que creemos en Él. Pero hay metas volantes, a lo largo del camino, muy importantes. Fue meta mi matrimonio. Fue meta el nacimiento de cada uno de mis hijos. Fue meta mi primer día de trabajo remunerado en General Electric Healthcare allá por el 2000. Fue meta mi primer viaje al otro lado del charco. Fue meta superar a su lado la enfermedad de mi madre. Y será meta en breve el hecho de comenzar mi labor docente en un colegio escolapio. Sí, he llegado.

No hay camino importante exento de sufrimiento. Yo he caminado por el desierto mucho tiempo. Hubo días en que me arrastré, días en los que desfallecí, días en los que quise dejar de andar. Hubo días de luz y días de oscuridad. Hoy miro hacia atrás y veo la mano del Señor en cada curva, en cada recodo, en cada cruce, en cada nube, en el sol abrasador, en la fina lluvia, en las etapas en soledad y en los ratos acompañado. Y sé que su promesa, por fin, va a tener cumplimiento.

Nuevas puertas se abrirán y nuevas sendas aparecerán ante mis ojos. No tengo ni idea de qué va a suceder a partir de ahora. Está la tentación de dejar de buscar, de dejar de caminar, de complacerme en lo conseguido. No puedo caer. Por eso quiero seguir despierto, atento, en vela, vigilante. Quiero responder, alegre, como María, «aquí estoy, hágase en mí según tu Palabra» para luego vivir únicamente para traer a Dios al mundo, a cada chico, a cada familia.

Que el Espíritu me acompañe y que su sabiduría guíe mis pasos. Y que Calasanz, que llena cada uno de estos muros y vive en cada uno de sus seguidores, me enseñe con paciencia a ser fiel hijo suyo.

Es tiempo de gozo. Es tiempo de alegría. Es tiempo de cumplimiento. Es tiempo de don.

Un abrazo fraterno

Aligera equipaje, que vas muy sobrado (Mt 10,7-15)

Pero ¿qué te crees? ¿Crees que sirve para algo esa altanería tuya, esa soberbia disfrazada de autoestima, esa falsa humildad con la que te vistes para no aparecer más alto que el mismo Cristo? ¿Crees que sirven para algo tus ideas, tan bien pensadas y matizadas? ¿Crees que sirven para algo tus músculos, tu forma, tu fuerza física? ¿Crees que sirve para algo la seguridad con la que juzgas, ejecutas y menosprecies a aquellos que, para ti, hacen mal casi todo? Vas muy sobrado. Y en este camino, en mi camino, todo eso es un peso que lo complica todo.

Yo te pido que te eches andar sin sandalias. Que estés dispuesto a abandonar tus proyectos. Te pido que te hagas pobre entre los pobres y que no busques mérito en ti. Te pido que te deshagas de seguridades, de ataduras, de puntos de retorno. Te pido que vacíes tus manos y que sueltes lastre. Te pido que vacíes tu cabeza y que abras de par en par tu corazón. En este camino, en mi camino, nada es lo que necesitas porque Yo te proveo de todo.

¿Quieres ser mi apóstol? ¿Quieres llevar la Buena Noticia a jóvenes, familias, niños…? ¿Quieres ser un buen escolapio? Pues hazte pequeño, necesitado, frágil. Y yo lo pondré todo en ti. Yo te haré rico de mí. Yo te protegeré, te daré las fuerzas, de guiaré en la ruta, sanaré tus heridas y actuaré a través de ti. Aligera equipaje y camina libre, en paz y lleno de amor.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Condenamos todos… menos Jesús #alaluzdelaPalabra

Siempre que leo este Evangelio siento a identificarme con aquellos que, piedra en mano, estaban dispuestos a apedrear a la adúltera. Yo soy de los que piensan, muchas veces, que anida mayor pecado en el «otro» que en mí mismo y, tal vez, sintiendo y pensando eso me pierdo algo muy grande: el perdón sin condena de Jesús.piedra

Y es que Jesús no es que conceda el tercer grado o arresto domiciliario o dé permisos por el buen comportamiento… No, no es eso. ¡Es mucho más fuerte! Jesús ni siquiera condena. Te deja libre.

¿Experimento eso en mi vida? ¿Experimento ese perdón integral? Lo he experimentado en momentos puntuales y me siento tan afortunado y a la vez tan pequeño, tan en gracia, tan fuerte después…

Lo que no me gusta tanto es la segunda parte… «Vete y no peques más» dice Jesús. Es la segunda parte del perdón. Del perdón de cualquiera, también de Jesús. Que no vuelva a suceder… Y no me sienta bien. El perdón no se dispensa a granel. No es un caramelito que una coge cuando tiene tos… El perdón, si es asumido integralmente, debe cambiar el corazón. El Señor perdona lo que haga falta pero…

¿Hago yo lo posible para que no vuelva a repetirse? ¿Oriento mi voluntad hacia la santidad?

Creo que no hago lo suficiente. Jesús lo sabe y me sigue esperando pacientemente.

Un abrazo fraterno

#LlamadoASerSanto (Lucas 13, 22-30)

En esta semana que nos lleva a la celebración de Todos los Santos estoy dándole vueltas al tema de la santidad. ¿Un santo se hace? ¿Un santo es alguien elegido para ser santo por el mismo Dios? ¿Realmente todos estamos en disposición de serlo? ¿Yo también?

calasanzCreo que ningún santo decide ser santo.  Es más, creo que ningún santo, si se le preguntara, se considera tal. Posiblemente porque todos somos conscientes de nuestra debilidad, de nuestras flaquezas, de nuestras dudas, de nuestras mediocridades, de nuestro pecado. Entonces… ¿qué sucede? ¿Qué convierte a alguien en santo? Creo que las lecturas de hoy son muy valiosas al respecto y me aportan mucha luz, mucha.

Lo primero lo deja claro el Evangelio: para ser santo hay que optar por la puerta estrecha. No se puede ser santo sin abrazar la cruz, sin seguir los pasos del Maestro. No hay alternativas ni atajos. Todos los santos eligieron, optaron, por el camino del Evangelio. Todos salieron de sí mismos al encuentro de Cristo. Todos dejaron para encontrar. Todos se despojaron y, al contrario del joven rico, dejaron atrás lo que les ataba y apostaron por la libertad. Todos pasaron por Getsemaní. Todos fueron crucificados.

Pero un santo es alguien que ha confiado en Dios, como dice el Salmo. Un santo es aquel que, consciente de sus limitaciones, de su pobreza, de su pecado…, deja que Dios ponga el resto. Un santo es aquel que no confía en sus propias fuerzas pero que se pone en manos de Dios para que obre el milagro.

Dios convierte la cruenta cruz en cruz de salvación. Dios da la cara por ti y por mi. Dios ha dado la cara por cada uno de los santos que nos precedieron y que nos iluminan y nos ayudan. Dios justifica a quién llama, como recuerda S. Pablo hoy.

Yo también he sido predestinado a esto. He sido llamado a ello. Y de la misteriosa fórmula de mi voluntad, mi pequeñez y la acción de Dios saldrá… ¿un santo? Yo no lo veo. Me siento taaaaaan lejos. Que el Señor se apiade de mi porque, para empezar, no siempre elijo la puerta estrecha.

Un abrazo fraterno

Nube baja (Éxodo 40, 16-21. 34-38)

La nube del Señor… Siempre sobrevolando mi cielo. Presencia continua. Yo la siento ahí. La veo. Es Dios, que está siempre. Es el Espíritu que sopla. Es la mano que me guía. nubebaja

Siempre dispuesto a levantar el campamento e irme, caminar tras el Señor, a tierras nuevas, lugares distintos, misiones particulares…

Esperar es lo que más me cuesta. Ese tiempo en el que toca estar, reposar, trabajar día a día en algo, con la sensación de que la nube se levantará pronto, con la sensación y con el deseo…

Señor, hoy te pido concreción. Que la nube se levante, que me guíe, que me lleve, que no deje que me pierde, que me extravíe, que me acomode…

Un abrazo fraterno

Hoy brillan más estrellas en Compostela

Hoy es la festividad de Santiago Apóstol, fiesta grande en Galicia, en España y, también, en mi familia. Hoy son preciosas las lecturas del día pero soy incapaz de orar con ellas. La cabeza y el corazón se me escapan continuamente a Compostela. La tragedia de ayer, el accidente ferroviario a la entrada de la ciudad, es de unas dimensiones tremendas. La cifra de fallecidos es muy elevada. El número de familias a las que ayer les ha cambiado la vida es numeroso. Me uní en oración con la Iglesia por todos ellos desde el primer momento. Es lo poco, y lo mucho, que puedo hacer.

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El Apóstol, por contra, hizo mucho más. Cuentan que ayer hubo testigos que lo vieron haciendo cola para donar sangre, entre la gente, vestido de caminante, como tú y como yo. Otros afirman haberlo visto en las vías, atareado en la ayuda rápida de los primeros instantes tras el accidente. Llevaba mantas y agua, cargaba con heridos y bendecía a los fallecidos, entre el humo, el fuego, las lágrimas y los sollozos. Hay gente que dice haberlo visto vestido de bombero, de policía, de enfermero, de médico de vacaciones que, sin pensárselo dos veces, se personó en el hospital Clínico para ayudar en lo que hiciera falta…

Compostela es una puerta al cielo y ayer noche, hoy, lo es más que nunca. A Compostela llegan caminantes doloridos, destrozados, de distintas edades, razas, colores y condiciones. Caminantes que han empezado más adelante o más atrás, que llevan más o menos tiempo caminando. No hay distinción. Compostela es, a la postre, un campo de estrellas para todos ellos. Hoy, hay más estrellas en el cielo compostelano. La Puerta Santa de la Catedral es hoy más santa que nunca. El abrazo al Apóstol hoy es abajo, en los bancos. Santiago baja por su propio pie a consolar a los afligidos, a los que sufren. Hoy hay decenas de tumbas frente a las que rezar donde el Señor Jesús está presente. Hoy el Monte do Gozo tiene más sentido que nunca, pues desde allí se vislumbra Aquel donde hemos de poner toda nuestra esperanza, todos nuestros anhelos.

El Camino es absolutamente imprevisible. Lo sabemos bien los que hemos caminado sus senderos. Hay que estar preparado y velar con fe. Por muy duro que suene, no sabemos ninguno qué día va a ser el último de nuestra vida. No sabemos cuándo podremos perder a un hijo, a una madre, o a un esposo, o a un amigo. Abracémonos, querámonos, besémonos, cuidémonos. Mañana, la etapa puede ser durísima, incluso mandarnos a casa.

Hoxe chove en Santiago. Son as bágoas de tódolos que choramos preto das familias rotas. Hoxe chove en Santiago, son as bágoas do mesmo Deus que, triste, está xa dando a benvida ó ceo ós que nos deixaron.

Unha forte aperta fraterna

 

El deseo de la Magdalena (Juan 20, 1. 11-18)

Qué ansia la de María Magdalena por encontrar el cuerpo de su Señor. Qué precioso deseo, qué bonita intranquilidad la que le embargó aquella mañana. Ella sabía muy bien lo que buscaba: ella buscaba a su Maestro, aquel con el que se había encontrado tiempo atrás y que le había cambiado la vida. Su Maestro le había dejado algo que yo no se marcharía nunca: el deseo de estar junto a Él, siempre.

magdalenaLa Magdalena no es el personaje con el que más me identifico del Evangelio. Yo soy un pecador de los tapados: más del estilo del joven rico, del hermano mayor del hijo pródigo… de los que se creen «buenos» y que tienen tan difícil seguir a Jesús a veces. Nunca he sentido ni he experimentado un encuentro con el Señor que propiciara un cambio radical en mi vida. Mi camino ha sido otro. A veces lo he envidiado porque me gustaría «desear» al Señor de esa manera: a la manera de quién no lo ha tenido y, en un momento dado, lo ha descubierto.

Reconozco en la Magdalena un amor apasionado por Jesús. Enamorada del Maestro, le sale al encuentro, vivo o muerto, lo busca, lo reconoce, le escucha y cumple sus mandatos. No se plantea otra cosa. María Magdalena funciona desde el corazón y no se para a pensar ni un momento si tiene sentido o no todo eso que le acontece, qué dirán los discípulos ante su anuncio, qué riesgos corre…

Hoy, Señor, que comienza la Jornada Mundial de la Juventud, te pido por todos esos jóvenes. Su juventud corre a su favor, a favor del enamoramiento, a favor de la pasión, a favor del corazón, a favor de no medir riesgos, a favor de Ti.

Un abrazo fraterno

¿Dónde cae la semilla? (Marcos 4, 1-20)

Lo primero que me surge al orar este pasaje de Marcos es que el sembrador lanza su simiente a TODOS. No hay rincón, persona, lugar… que se quede fuera del alcance del sembrador. No es Él la causa de la falta de fruto, de cosecha… sino más bien la tierra y su estado, sus características.

Yo también soy sembrado. ¿Dónde cae esa semilla? ¿Está mi tierra lista para dar fruto, para germinar la Palabra? ¿Hay piedras, zarzas?

Sí, hay piedras y zarzas. Hay ruido. Hay zonas que hay que trabajar, limpiar, desbrozar. Trabajo de campesinos. Constante, diario, minucioso. Preparar la tierra no es para urbanitos de corbata que cotizan en bolsa sin mancharse las manos, que ganan millones descolgando un teléfono. Esto va de otra cosa. Hay que arrodillarse, mancharse, meter mano bien al fondo, remover, arar… A la tierra le duele ser limpiada. El dolor tal vez sea el primer paso. No hay abono que cuaje en tierra sucia no removida. Y luego abonar, regar, cuidar, vitaminar.

siembra

Día a día. No hay pausa. No hay descanso. Enseguida puede volver la zarza y el pájaro. ¡Qué difícil Señor! Dame la mano y juntos lo conseguiremos.

Un abrazo fraterno