En tu angustia… está Dios (Sal 33)

Precioso el salmo de hoy:

Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias.

El Señor está cerca de los atribulados.

A veces pensamos o sentimos que, cuando peor estamos, Dios está lejos. La oscuridad que percibimos, la preocupación, la angustia, nos nublan la luz de la presencia de Dios a nuestro lado. Pero Él está. No debemos dudar de ello. Está y, seguro, con mayor cariño y cuidado.

Si estás preocupada o preocupado… Dios está contigo. Háblale y cuéntale. Y deja que te cuide a través de los demás. Y la luz volverá.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Lejos de los primeros cristianos (Hch 4,32-37)

Cuando leo los textos de los Hechos, contando cómo vivían los primeros cristianos, siento que hemos desvirtuado mucho el Evangelio de Jesús. Lo hemos encerrado en templos y en cabezas, lo hemos racionalizado, teorizado, dogmatizado… pero lo hemos alejado de la concreción práctica del día a día.

Vivimos acomodados. Sí, hay necesitados entre nosotros y no, en general, no ponemos todo lo que tenemos al centro y lo repartimos. No funcionamos con un solo corazón y no sentimos que eso sea urgente. En fin, que hay mucho que cambiar.

Nuestras obras, colegios, hospitales, universidades, etc. se han profesionalizado. Las hemos hecho rentables y nos contentamos con trabajar «valores». Los valores no son exclusivos del cristianismo. Hay muy buena gente, generosa, humilde, comprometida y solidaria, que no tiene fe. Nos hemos diluido. No sólo no queremos que nos persigan sino que anhelamos tiempos pasados en los que la Iglesia era poder.

En fin… que el Espíritu nos empuje, mucho, y cambie nuestros corazones.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Él conoce nuestra masa (Sal 102)

Es una maravilla saber que Dios me conoce. Hay gente a la que esto le genera angustia o miedo. Parece que el Dios juez y castigador va a venir con toda su fuerza, sabiendo lo que sabe de uno. Pero yo creo que es justamente al contrario. Él sabe quién soy, cuáles son mis debilidades, mis fortalezas, mis oscuridades, mis luces, mis heridas, mis pensamientos y convicciones, mis tentaciones…

Dios me mira con misericordia, paciencia y ternura. Sabe que le quiero aunque a veces actúe como si fuera lo contrario. Es lo que tiene ser un hombre de carne y hueso que aspira a mucho y es poquita cosa.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Dudas de Pascua (Lc 24,35-48)

Que no, que no esto va de una fiesta de cumpleaños. La Pascua está impregnada de la alegría del Resucitado pero, como dice el Evangelio de hoy («como no acababan de creer por la alegría»), la alegría también puede estorbar en estos momentos.

A veces uno no sabe cómo afrontar la Pascua. Por un lado, parece que nada ha cambiado. El mundo sigue igual, mi vida sigue igual. No se han resuelto ni los problemas ni las dificultades. Por otro lado, parece que estamos obligados a creer y sentir que de repente todo se tiñe de rosa. Y también es molesta esa sensación de obligatorio jolgorio.

Descubrir a Jesús Resucitado, como bien nos muestra el Evangelio, es un proceso, un proceso en el que hay que ir acercándose a la vida de Jesús, al Reino anunciado, a la Cruz y, posteriormente, a la experiencia de la Resurrección, en la que Jesús nos regala su paz. No creo que sea algo de un día para otro. Posiblemente nos lleve media vida o la vida entera, enterarnos de cómo va esto y calmar las dudas que a veces surgen. Pues sin miedo. Ellos, los apóstoles, también lo tenían en su estupefacción. Que el Espíritu nos guíe.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Nosotros esperábamos que él… (Lc 24,13-35)

Yo esperaba que él me mostrará mejor el camino a seguir.
Yo esperaba que él me dejara más clara mi vocación.
Yo esperaba que él transformara el corazón de los dirigentes irresponsables.
Yo esperaba que él nos ahorrara sufrimiento.
Yo esperaba que él curara a mi abuela.
Yo esperaba que él salvara de la muerte al bebé de mi compañero de trabajo.
Yo esperaba que él convenciera a los jóvenes para que no se fueran.
Yo esperaba que él saliera en favor de aquellos cristianos perseguidos que se mueren cada día en el mundo.

Yo esperaba, como aquellos discípulos de Emaús, que el Cristo lo hubiera cambiado todo y no hubiera muerto en la cruz pero…

¿Y si tantas expectativas me están impidiendo reconocerlo en el camino?

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Un nombre que nos devuelve a la vida (Jn 20,11-18)

Nombrar a alguien es hacerlo existir. Por eso el nombre es tan importante. Y si no, preguntémosle a Coca-Cola por esa campaña donde las latas de refresco llevaban los nombres personales de tantos de nosotros… ¿Os acordáis?

En estos evangelios de resurrección, me llama hoy la atención ese «¡María!» que pronuncia el Señor y hace que el corazón de la Magdalena reconozca a su maestro. Un reconocimiento que, evidentemente, no es físico sino que se mueve en otro ámbito. Al escuchar su nombre, en aquel momento de muerte y dolor, María siente que se le vuelve a dar vida, que su existencia da vuelco, que vuelve a estar en el centro de la realidad, que el Espíritu aletea cerca. Es la vida que brota de aquellos labios, es el nombre pronunciado, el que permite a María reconocer al Crucificado, al Resucitado.

Cuántas personas nos llaman por el nombre a lo largo de un día… ¡Y cuántas veces nos sentimos asfixiados, perdidos, agobiados, muertos! Sólo Jesús es capaz de hacer algo nuevo con nosotros, de volver a situarnos en el centro de su amor, de cambiar nuestra vida para siempre. Es Pascua. El Señor te llama por tu nombre. Es tiempo nuevo. Volvamos a empezar. Hemos sido restaurados.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Protégeme Dios mío… (Sal 15)

¡Qué bonita versión del Salmo 15 de Athenas y Tobías Buteler!

Amar para perder el control (Jn 21,15-19)

Tres veces negó Pedro al Señor y tres afirmaciones le pide hoy Jesús para restituirse. Tres «¿me amas» que permitirán a Pedro hacer proceso. Amar al Señor no es una explosión de júbilo, pasión e imprevisión. Amar al Señor se saborea. Uno lo descubre y, poco a poco, va adentrándose en lo que se ese amor supone, significa y compromete.

La profecía sobre Pedro es sobre cada uno de nosotros. Todo aquel que ame al Señor estará dispuesto a ser llevado. No es que uno se vea anulado, ni subyugado ni hipnotizado. La voluntad no desaparece con la fe pero sí se somete al amor que de ella brota. Por eso era importante para Pedro estar seguro de su amor antes de que Jesús le hiciera ver lo que vendría.

En la historia personal con Jesús, cada uno de nosotros comienza con la sensación de ser el protagonista, el que elige, el que decide, el que se compromete aquí y allí. Si el amor, como en toda relación, va cogiendo profundidad y hondura, uno se va percatando de que el protagonista es Cristo, que es Él el que elige, que es Él que decide, que es Él el que te compromete y te coge ya la vida entera.

Este misterio es algo incomprensible para aquellos que quieren guardar una ficticia autonomía y libertad sobre su existencia. Apuestan por querer controlarlo todo, presos de su inseguridad; por un bienestar sin ataduras, presos de su complacencia; por un vivir de puntillas y superficial, presos de su temor a jugarse la vida. Yo, con mis limitaciones, prefiero optar por ir soltando lastre e ir permitiendo al Espíritu soplar en mis velas para conducirme hacia puertos inesperados.

Un abrazo fraterno

El don y la tarea de la comunión (Jn 17,20-26):

La comunión es don y tarea. Mucha gente no lo entiende. Es un regalo que se puede hacer realidad con Cristo en medio y es un trabajo que se construye a base de llevar a Cristo en el corazón y de descubrir a un hermano en cada uno de los otros que nos rodean. Ser uno nunca anula la personalidad propia. No se trata de eso. Ni en la Iglesia ni en una obra ni en un convento ni en una comunidad ni en un matrimonio. La diversidad no sólo es buena sino que es la única realidad posible. Dios nos hizo distintos y únicos y cualquiera que pretenda unificar esta yendo contra esta maravillosa realidad de la diferencia.

La comunión es otra cosa. Se parece más al reunirse alrededor de la misma mesa, alrededor de la misma persona: Jesús. Es descubrir que más allá de todo lo que nos diferencia, estamos unidos y convocados por el mismo, por la Verdad y la Vida. Cristo nos regala esa posibilidad y, estando Él en medio, es posible. Sólo así se puede explicar el éxito de realidades muy complejas de otra manera. Sólo así es capaz de salir adelante una comunidad religiosa. Sólo así es capaz de salir adelante un matrimonio, por ejemplo. Y el contrario también se da: comprobamos un día y otro también cómo fracasan estas misma realidades cuando esta comunión no existe o cuando se pretende construir a expensas de Cristo.

A la vez, este regalo es también tarea. Todos estamos invitados a construirla, a provocar en el otro las ganas de sumar también. Esto se consigue mirando al prójimo con los ojos de Jesús y descubriéndolo como un hermano al que no debo juzgar sino querer, al que no debe convencer sino acompañar, al que no debo sólo enseñar sino del que debo aprender. La comunión es una de las más preciosas tareas que cualquier cristiano puede acometer. Y esto no tiene espacio ni tiempo predilecto. Es bueno que lo hagamos en nuestros trabajos, en nuestras familias, en nuestros lugares, en nuestros proyectos…

Ojalá sepamos ser uno. Ojalá nos vean como uno solo en nuestra preciosa diversidad. Ojalá sumemos. Ojalá crezcamos juntos. Ojalá sepamos caminar respetándonos, sin mirarnos con sospecha o soberbia o desprecio. Quién así lo hace dista mucho de estar en el mismo banquete que el Señor.

Un abrazo fraterno