Señor, limpia mi corazón (Lc 5,12-16)

Como ese leproso, yo también quiero decirle al Señor Jesús que limpie mi corazón porque a veces alberga sentimientos que no son buenos, que no me gustan. En vez de amar, desconfía. En vez de amar, reprocha. En vez de amar, justifica. En vez de amar, acusa.

Señor, yo también quiero limpiarme. Límpiame.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Más difícil en casa que fuera (Lc 4,14-22a)

Jesús vuelve a casa, a Nazaret. Me ha llamado hoy muchísimo la atención este detalle. Cuando su misión ya había comenzado, cuando se había ya instalado en Cafarnaum, cuando había comenzado ya a predicar por aquí y por allá, cuando su fama comenzaba a extenderse… vuelve a casa. ¿Por qué? Ni idea. El caso es que vuelve y es capaz de proclamar la llegada del Reino también entre los suyos.

En Nazaret le conocían bien. Allí sabían que era hijo de María y José, que era carpintero. Lo habían visto crecer. Sabían de él. Y su familia más. ¡Qué difícil ir ahí a decir lo mismo que ya había dicho ante multitudes! En Nazaret, con los suyos, el aura desaparece.

¡Cuántas veces yo siento lo fácil que es predicar y actuar fuera y lo difícil que es actuar y predicar y evangelizar en casa! Precisamente porque nos conocemos, porque nos tratamos con confianza inusitada, porque nos hemos visto meter la pata, porque sabemos de nuestros defectos y virtudes, de nuestras manías, de nuestros dones y nuestras incongruencias… Pero es ahí, también en nuestras “Nazaret” donde hay que volver y proclamar también la Buena Noticia.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Solos en medio del lago (Mc 6,45-52)

He leído el Evangelio de hoy varias veces, para intentar captar algo más allá de lo de siempre. Cosas que le dan a uno de vez en cuando… Y me fijé en un detalle que, hasta ahora, me había pasado desapercibido.

Venimos de la multiplicación de los panes y los peces. Los discípulos tienen que estar extrañadísimos. Como diríamos hoy, “lo tienen que estar flipando”. De cinco panes y dos peces, de una situación de aparente precariedad, acaban recogiéndose canastos con las sobras. Impacto total. Jesús, que conoce muy bien (porque lo ha aprendido de su madre) que las cosas de Dios deben ser pasadas por el corazón, apremia a los discípulos a adelantarse en la barca. O sea, el propio Jesús, de alguna manera, les invita a vivir una experiencia de silencio, de rumiar lo vivido, de encontrar sentido a lo que había pasado,, de situar su propia figura en sus vidas… Dios nos procura también experiencias de soledad, de desierto, de dificultad…

¿Y qué sucede en ese tiempo? Que sobreviene la tempestad y que es sólo la presencia de Jesús la que, sin intervenir directamente, nos llena el corazón de ánimo, de esperanza, de fe. Con Jesús en medio, todo es posible. Jesús calma, multiplica, sostiene, fortalece, nos lanza a la comunidad y, en ella, nos invita a asumir riesgos, sabiendo que Él siempre está ahí, aunque a veces no lo reconozcamos y lo confundamos.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Seamos comunidad que alimente (Mc 6,34-44)

La comunidad cristiana ha sido una de las grandes olvidadas en los últimos tiempos y parece que, poco a poco, unos y otros intentamos recuperarla. Sin comunidad cristiana, todo lo demás se queda cojo. Y es que seguir a Jesús no es asunto de francotiradores, de artistas, de gestores, de estrellas espirituales… No se trata de lo que puedo hacer yo sino de lo que podemos hacer juntos, los que seguimos al Señor.

“Dadles vosotros de comer”

Ese vosotros en labios de Jesús va cargado de una intencionalidad manifiesta del Señor. Los milagros, obviamente, queda claro que no son lucimientos personales por su parte. Y con ello nos transmite que tampoco lo son para ninguno de nosotros. No quiere “salvadores”. Jesús quiere comunidades vivas donde el poner al servicio de todos, el compartir, el entregarse… sea el corazón de la fe compartida.

Yo vivo en comunidad, junto a mi familia y a cuatro religiosos escolapios. Comemos juntos. Rezamos juntos. Celebramos juntos. Nos divertimos juntos. Y somos testimonio juntos. Es verdad que cada uno tiene sus tareas propias y personales pero si alguna encomienda tenemos como comunidad es la de ser imagen del mismo Jesús, que cuando otros nos vean se interpelen y busquen al Señor.

Cuando la comunidad parroquial, religiosa, laica, de vida… está viva, sus miembros experimentan el amor de Dios encarnado y son, a su vez, manos de Jesús para sus hermanos. De eso se trata.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Examinando espíritus (1 Jn 3,22 – 4,6)

Qué propuesta tan interesante para comenzar el año. ¡No me digáis que no suena bien! ¡Tiene su punto chic, top, fashion, interesante, glamuroso… misterioso…! Examinar espíritus…

El caso es que durante el día, y más allá de las 24 horas que dura una jornada, es verdad que siento que me mueven muchas cosas. ¿Nunca habéis tenido intuiciones que os llevan a tomar determinadas decisiones? ¿Nunca habéis sentido la necesidad de decir o hacer algo? ¿Nunca os ha pasado que habéis necesitado esconderos, guardar velas, como empujados por un terrible miedo a padecer? ¿Nunca se os han pasado cosas por la cabeza ilusionantes… o, a veces también, tristes y faltas de esperanza? ¿Nunca habéis tenido ganas de tirar la toalla? ¿O de jugaros la vida por algo? Pues eso… espíritus varios que, cual vientos, llegan a nuestra vida y nos zarandean para aquí y para allá. Vientos que nos sugieren caminos que parecen correctos… o no.

Examinar es sinónimo de discernir. Quiero que sea mi palabra de 2019: DISCERNIMIENTO. Porque uno no puede dejarse llevar sin más. Porque la vida acabaría en la cuneta. Hay que oponer fuerzas a algunos vientos y ponerse a favor de otros. La cuestión es: ¿cómo acertar? No hay fórmulas mágicas. Podemos equivocarnos, claro que sí. Pero cuanto más cerca de Jesús estemos a la hora de discernir y cuanto más cerca de Jesús nos lleve el viento… más posibilidades de acertar. Oración, silencio, buenas compañías, comunidad, sacramentos, descanso, trabajo ofrecido, repaso del día en la noche… y adelante.

Examinemos espíritus. No vaya a ser que nos posean aquellos que nos llevan a la perdición.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Disfrutemos del amor recibido (Mt 3, 13-17)

Se acabó la Navidad. Leí hace unas horas un meme en Facebook que proponía, desde el sarcasmo, acabar con el simulacro navideño de solidaridad, paz y belleza. Todo vuelve a su curso. Y vuelve con el Bautismo, para recordarnos que es posible que ese simulacro del que hablan algunosde, deje de serlo.

Como bautizado, ya he sido tocado por la caricia del Padre; ya se me ha dicho que soy amado y que el Padre se complace en mí. Disfrutemos de esto. Gozemos. Saboreemos este amor. Si lo hacemos, sin duda, todo cambiará. Él nos cambiará.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

 

Menos yo, más Jesús (Mt 4, 12-17. 23-25)

Soy marido, padre, catequista… casi maestro… y hoy, tras leer el Evangelio, me pregunto: ¿No es verdad que muchas veces me creo yo el guía, el salvador, la luz de tantos…? ¿No es verdad que muchas veces me descubro vendiéndome a mí mismo, defendiendo mis ideas, diseñando mis planes, estableciendo mis criterios…? ¿No es verdad que muchas veces olvido a quién debo acercar a todo aquel que lo necesita?

Jesús es el que cura. A Jesús es a quién hay que acercarse y acercar a todos. Yo, como mucho, estoy llamado a ser “transporte”, “puente”, “instrumento”, “herramienta”, “ayuda”… Saber que es Jesús el que salva ya es mucho. Otros ni lo huelen. Pero la tentación de saberme cerca del Señor y ponerme galones por ello, acabando sustituyéndolo, es enorme, al menos para mí.

Así que este nuevo año debo intentarlo de nuevo. Abajarme. Hablar menos. Hablar más de Él y menos de mí.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Día de Reyes, día de adorarLE (Mt 2, 1-12)

Los Reyes Magos, por muy Reyes, muy magos y muy sabios que sean, no hacen otra cosa más que postrarse ante ante El Salvador hecho niño. Preciosa actitud la de estos hombres. Ese debe ser el verdadero sentido del día de hoy. Alegrarnos con los regalos no debe hacernos olvidar que todo lo recibido debe ser puesto a los pies del Regalo en mayúsculas, del único capaz de ser la Alegría verdadera.

Hoy iremos toda la familia a misa, pese a la protesta de los niños, porque es la mejor manera de ir adquiriendo desde pequeños esa actitud de los Magos, esa convicción de saber dónde está El Centro de la vida.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Excusas sin entrañas ante el otro (1Jn 3, 11-21)

En el día en el que todos esperamos con ilusión que llegue la noche mágica de Reyes, previa a la mañana de los regalos, las sorpresas, la ilusión y la alegría… esta Palabra de hoy, a través de S. Juan, me cuestiona absolutamente y me deja ciertamente tocado:

Pero si uno tiene bienes del mundo y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios?

¡Cuántas excusas me pongo y nos ponemos para justificar mirar a nuestro hermano, ver su necesidad y no hacer casi nada al respecto! ¡Cuántas excusas… para cerrar nuestras entrañas! Sólo dejamos, como mucho, que nos raspe en la epidermis de nuestra alma.

Hoy le pido a los Magos de Oriente, más entraña abierta, más entraña entregada, más entraña al servicio del otro.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Jesús toma el centro. Testimonio y seguimiento, hoy

Contemplo la escena evangélica de hoy y recibo una Palabra sobre dos experiencias importantísimas en la vida de fe: testimonio y seguimiento.

Andrés recibe de Juan el anuncio de quién es Jesús y el empujón para que lo elija como Maestro. Andrés hará luego lo mismo con su hermano Pedro. El testimonio es una cadena donde uno recibe y donde uno da. Si miro a mi vida me doy cuenta de que muchos personas han sido para mí anuncio de Jesús: mis padres, mis profesores, varios religiosos escolapios, sacerdotes, familiares, amigos que ha conocido… ¡Gracias Señor por todos ellos! Y también miro mi vida y compruebo que he intentado no dejar de dar testimonio de lo que yo he recibido, visto y oído: en el cole, a través de las redes, en mis blogs, como catequista de jóvenes, en mi anterior trabajo, en los whtasapps…

La experiencia de seguimiento me cuestiona más, sin duda. Cuando Jesús aparece en la vida de uno, te mueve de donde estás irremediablemente. Seguir a Jesús implica abandonar “un lugar vital” para que sea Él “el lugar” donde vivir a partir de ahora. ¡Cómo cuesta esto! A veces quiero seguir imponiendo mis seguridades, mis aficiones, mis lugares, mis maneras, mis personas, mi estilo… Debo abandonarme mucho más. ¡Ayúdame, Señor, a darte el centro de mi vida, a no seguir a otro!

Un abrazo fraterno – @scasanovam


Evangelio según San Juan 1,35-42