Conocer y reconocer (Jn 1,43-51)

Dios me conoce. Esto, que parece irrelevante, es muy importante. Pocas personas me conocen de verdad. Incluso yo mismo no tengo la llave de todos mis rincones, mis anhelos, mis heridas, mis luces y oscuridades. Dios sí. Dios sabe lo que hay. Y lo ama. Sin condiciones. Y esto a mí me permite vivir en paz, sabiendo que no tengo que representar ningún papel, que no tengo que vivir la vida de otro, que no tengo que sentirme mal por no llegar a no sé qué nivel… Sólo tengo que responder a ese amor total.

Mi tarea es también conocer al que me ama así, a Dios. Pero con Dios es más difícil. El Misterio no se deja abordar fácilmente y pretender conocer, desde mi pequeñez, a Dios se torna imposible. Jesús es la muestra más clara de cómo es Dios y, aún así, no es fácil abordarlo tantas veces… Así que, tal vez, lo que tengo que intentar primero es saberle RECONOCER. Descubrir dónde está su palabra, dónde está su aroma, sus manos, su mirada… Él nos dio una pista irrenunciable: los pobres, los descartados, los desahuciados, los enfermos, los débiles. En ellos lo reconoceré. Da vértigo. Pero es la tarea que tengo cada día. Salir y seguirle allí donde está presente.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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