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Hablar de Cristo (Rm 10,9-18)

Hablar de Cristo. De eso se trata y no de otra cosa. Hablar de Él. Y lo hacemos a medias. Hablamos de muchas cosas. Y se nos puede pasar hablar de lo más importante. Porque es Jesucristo quién enamora, quién atrae, quién cambia la vida… No es la Iglesia, ni sus principios morales, ni su visión ética, ni su liturgia, ni sus comunidades… ES Cristo.

Si vaciamos de Cristo el mensaje o si lo nublamos tanto que Él se convierte en una sombra… nada nos queda.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Si fueras un árbol… ¿darías fruto? (Jn 15,1-8)

Cuando Rafaela Carrá hacía de presentadora en RTVE, yo sería adolescente, tenía un espacio donde se jugaba a adivinar un personaje a base de hacer preguntas del tipo «si fuera…». Un juego que requiere originalidad en la pregunta y una fina intuición y mayor conocimiento del personaje en el que responde. Hoy, leyendo el Evangelio, me acordé de este juego y me brotó el preguntarme a mí mismo: «si fueras un árbol… ¿darías fruto?».

Y es que el fruto, desde luego, de mi vida cristiana y comprometida no es mi propia felicidad. Sería un árbol muy egoísta. La felicidad no es más que la consecuencia de la generosa ofrenda de lo que soy para que los demás se alimenten. El peral no es feliz por ser peral sino porque sus peras son arrancadas de él para dar de comer a muchos. Si eso no fuera así, ¿qué diferenciaría al peral de un arbolucho medio quemado en el último incendio de la temporada veraniega?

Es verdad que estoy en mi lugar y que eso me agrada. Es verdad que el Señor me guía y que intento descubrir su voluntad y ponerla en práctica.  Pero si no hay un auténtico cambio en mi corazón, si no soy ofrenda para que otros se alimenten… ¿para qué? El peral de antes sabe lo que es desprenderse de parte de él para que el que lo necesite, coma. No es un simple estar sino que es también un perder. El fruto brota, se ofrece y se pierde.

Estoy convencido de que estoy empezando. El árbol lleva poco plantado y se está adecuando al clima. Necesito más oración, más comunidad, más Cristo. Estoy seguro que entonces los frutos serán más y mejores. De Dios depende. Y de mí. Porque si me conformo con lo que tengo y doy hoy… seré un arbolito más que para poco ha servido.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Te he visto en un catálogo de inmobiliaria (Mt 7,21-29)

En algún momento, todos pasamos por la experiencia de comprar o alquilar casa. Y son muchos los parámetros y los aspectos que valoramos. Que tenga terraza, que tenga cerca medios de transporte, los metros útiles, el número de habitaciones, el barrio, si hay colegios cerca, los baños, etc. Pero no creo que ninguno alquilemos o compremos una casa que se fuera a caer cuando llegasen las lluvias y los vientos del otoño.

Hay cosas más importantes y otras más accesorias. Los pilares de una casa, la seguridad como construcción, los materiales utilizados… son lo más importante. Porque si todo se viene abajo a la mínima de cambio… ¿de qué nos sirve todo lo demás?

Tú y yo, ¿qué tipo de casa somos? Imagínate que salimos en un catálogo de alguna inmobiliaria. ¿Somos casa luminosas o oscuras? ¿Espacios amplios o justitos? ¿Para familias o para singles? ¿En el centro de la ciudad o retiradas en un barrio tranquilo de las afueras? Y de cimientos y materiales… ¿cómo andamos? ¿Sobre qué nos sustentamos? ¿Cuáles son los principios que nos anclan al terreno? ¿Aguantaremos cuando vengan las embestidas de la vida? ¿Seguro? Llegarán enfermedades, despidos, problemas de pareja o amigos, incomprensiones, sueños frustrados, dudas de fe… ¿Aguantaremos?

Si Cristo está ahí abajo, bien dentro, sosteniéndolo todo, no hay por qué temer. Todo eso llegará, causará algún destrozo, pero la casa resistirá. Si no está Cristo… vayamos contratando un seguro…

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Un Sagrado Corazón que habite nuestro corazón (Ef 3,8-12.14-19)

«Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones,
que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento;
y así, con todos los santos, lograréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo,
comprendiendo lo que trasciende toda filosofía:
el amor cristiano.»

En la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, San Pablo lo dice tan bien y tan bonito que oye, ¿quién puede poner una palabra más a lo dicho.

Que Cristo nos habite, que encuentre un hogar en nuestro corazón y se quede. No encontrará un corazón perfecto ni pulcro. A él no le importa. Sólo quiere un corazón abierto, tierno, pobre pero sediento; un corazón con ganas de ser rebosado por su amor, con ganas de ser sanado, curado y amado.

El amor como raíz y cimiento. Amor cristiano que brota de Cristo y lleva a Cristo, que da la vida, que no mide, que derrocha, que convierte, que hace milagros, que habla de Dios, que prioriza la persona sobre la norma, que perdona todo, que acoja a todos.

Que el Sagrado Corazón de Jesús nos conmueva y haga a nuestro corazón parecerse más al suyo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Roma I – El Cristo Salvador de S. Giovanni in Laterano

El recorrido por Roma empezó en S. Giovanni in Laterano, la catedral de Roma, la primera de todas las iglesias del mundo. Conocida en castellano como S. Juan de Letrán, es la primera basílica de Roma y está dedicada, como así lo indican las letras de su frontispicio a S. Juan Evangelista y a S. Juan Bautista.

La basílica es apabulladora, inmensa, grandiosa y un tanto fría. Los apóstoles hacen el pasillo a todo aquel que entra y el altar mayor, previo a la cátedra episcopal, preside solemnemente el conjunto. No es mi basílica favorita porque no me llega al corazón, no moviliza mi espíritu.

Pero si el interior no me enamora, la fachada principal exterior, en concreto su parte superior, me emociona en lo más profundo. CHRISTO SALVATORI se levanta en el cielo romano y con su mano derecha me llama. Sí, me llama a mi. Me cautiva. Me acaricia el alma. Su porte es firme, seguro, convicente. Me iría con Él al fin del mundo. Encabeza un ejército de santos, Papas, fieles… Delante de todos, marcando el sendero, como Luz que es en la oscuridad de nuestras almas. Es un Cristo resucitado que me muestra el camino, la Cruz. Es una cruz victoriosa, sin complejos, verdadera, pesada pero salvífica. Es también mi cruz y me invita a cogerla y a subirme yo también a esa fachada.

Cristo salvador. En el centro. En lo alto. Nadie como Él. Nadie salva más que Él. Nadie llama más que Él.

Un abrazo fraterno

… les abrió las puertas (Hc 5, 17-26)

Me ha resultado curioso hoy la lectura de los Hechos porque me ha llamado la atención algo en lo que no había caído hasta ahora. Siempre me había centrado en cómo el ángel del Señor libera a los apóstoles presos y había pensado e interiorizado cómo Dios nos libera cuando parece que no hay escapatoria ni luz. Pero la segunda parte de la historia es la que hoy me ha centrado: «Id al templo y explicadle allí al pueblo íntegramente este modo de vida.»

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La liberación es PARA ALGO, PARA ALGUIEN. El ángel no los libera para que, cogiendo su libertad, los apóstoles se vayan de crucero a vivir una vida mejor o a profundizar sus años compartidos con Cristo metiditos en su casa. Les libera para que vayan a otros y les hablen del Evangelio, del modo de vivir de Jesús. Ni siquiera de teologías o filosofías sino de un modo de vida distinto, de otra manera de hacer las cosas, de otro camino de relación.

Puertas abiertas, sí, pero PARA ALGO, PARA ALGUIEN.

Un abrazo fraterno

Bandera discutida (Lc 2, 22-40)

Sigue habiendo juegos de mesa y de entretenimiento en exteriores que consisten en apoderarse de la bandera rival. Es el mayor símbolo de victoria. Es el símbolo de haber llegado hasta el final, de haber derrotado al enemigo en lo más profundo. Quienes escalan grandes cimas o recorren peligrosas y arriesgadas sendas, al llegar, suelen también clavar la bandera en el suelo. Los estadios están llenos de banderas en las gradas y muchos aficionados se arropan con ellas. Coches oficiales, ropas, pegatinas… La guerra de banderas en el País Vasco, la quema de banderas en Cataluña… en fin… que vivimos en un mundo en el que las palabras de Simeón siguen siendo tremendamente actuales. Sin meterme en filosofías y opiniones, lo que está claro es que una bandera es un símbolo de algo más, es un aglutinador de identidades, sentimientos, cultura, estilo, maneras, pensamientos… No sé…bandera

Cristo también era bandera. Era algo muy grande. Y no iba a pasar desapercibida. E iba a ser signo de comunión para muchos y signo de lo odiado para otros. Signo de contradicción. Lo sigue siendo. Y me invita a serlo. Me invita a no ser mediocre y jugar a ser amiguito de todos, querido por todos, estando a bien con todos. Cristo tenía enemigos. Ese rollo de «yo no tengo enemigos» tal vez es para blanditos como yo.

Todavía hay mucho que caminar. Todavía hay mucho que convertir.

Un abrazo fraterno

… con tal de ganarme a Cristo (Fl 3, 3-8a)

Pablo todo lo estima basura con tal de ganarse a Cristo. Basura. Todo aquello de lo que se puede prescindirbasura. Basura. Todo aquello que sobra. Basura. Todo aquello que no sirve. Basura. Todo aquello que se ha hecho viejo. Odres viejos. Basura. Todo aquello que huele mal si le damos cabida donde queremos hacer hogar y vida.

Despojarse. Deshacerse. Desnudarse. Desprenderse. Sobran muchas cosas. Sobra mucho de mi. Y si no lo lanzo al contenedor… tal vez Cristo no encuentre sitio.

Un abrazo fraterno