Entradas

Hablamos de todo… menos de dinero (Lc 16,9-15)

La Iglesia ha puesto el foco demasiadas veces sobre la moral sexual y toda la doctrina que de ella se deriva. Y cuando preguntas a los que no están o a los que se han ido… muchos te explican los lejos que se sienten de la visión de la Iglesia en el campo de la sexualidad humana, la homosexualidad, la libertad sexual, el sexo fuera del matrimonio, el sexo dentro del matrimonio, la masturbación, etc. No quiero hablar de este tema precisamente. Lo saco simplemente porque leyendo el Evangelio de hoy, me doy cuenta de cuánta tinta hemos gastado en el sexo y qué poca en el dinero.

Si en algo es duro Jesús es en lo referente al dinero. Sólo hay que recordar al joven rico, a la aguja y al camello, a los dos amos de hoy… Jesús deja muy claro que el dinero es el gran competidor de Dios mismo, es el dios más tentador al que adorar y, posiblemente, el más tramposo. Y más de 2000 años después todavía no nos hemos enterado. Seguimos manifestándonos contra los matrimonios homosexuales… pero no encuentro paridad en cuanto al sistema económico imperante, en cuanto a las riquezas de algunos, las injusticias sociales, etc. Decimos cositas, pero en bajito y sin claridad.

Que el Papa Francisco comenzara su pontificado apelando a una Iglesia pobre para los pobres… no es casualidad. Seguro que le aumentaron los enemigos, pero a la vez, también le crecieron los simpatizantes. Porque cuando la Iglesia se acomoda, y también juega con los dineros, pierde su credibilidad. Al contrario, cuando somos una Iglesia pobre, que da la vida por el pobre, cerca del pobre… siendo auténticos, es cuando nos hacemos de fiar.

¿Y tú? ¿Cómo llevas esto del dinero? ¿O es un tema privado del que mejor no hablar?

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Los ricos que cumplen los mandamientos (Mt 10,17-27)

Conozco unas cuantas. Personas que cumplen los mandamientos. No matan, no roban, creen en Dios, van a misa, rezan, no engañan a sus cónyuges, ni mienten (al menos no mucho)… Algunos, colaboran económicamente con algún proyectillo, o en el cole de sus hijos o con alguna ONG. Muchos no se consideran ricos aunque viven bien. Y piensan que a nivel de fe hacen lo suficiente. Los pecadores son los otros.

Yo también me descubro a veces un poco de estos, aunque intento ir entendiendo poco a poco lo que me pide Jesús. Parece que a Jesús no le interesa tanto el cumplimiento de la Ley, aunque no le quita valor, como la adhesión a su persona y al Reino que se hace realidad en él. Jesús no viene a comprobar que hemos pasado el examen, sino que viene para que le sigamos. Por eso no se trata de cumplir o no sino de vivir de una determinada manera. Y no porque lo ponga la Ley sino porque es lo que Dios quiere para sus criaturas y porque sabe que en ese proyecto nos encontramos con una felicidad plena.

El problema no es ser rico sino no ser pobre entre los pobres. La pega es que cuanto más tengo, más difícil me es saberme necesitado de algo. Lo difícil es tener mucho y ser suficientemente libre para dejarlo todo. Jesús lo sabe. No es tonto. No es un asunto sobre el dinero que tengo en cuenta bancaria sino sobre mi libertad para adherirme a lo que Él me propone. Y no sólo es dinero. A veces son planes, reconocimientos, aspiraciones, personas incluso, afectos… cosas que no son malas pero que mal asumidas, pueden hacernos menos libres para Dios.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Yo, el Señor, les responderé (Isaías 41, 13-20)

Los pobres y los indigentes buscan agua… y no la hay. Hoy.

Este Adviento está removiendo en mi la necesidad de esa nueva evangelización a la que nos han llamado el Papa y los obispos a todos los cristianos. Me está removiendo las entrañas. Me siento profundamente llamado a ser, más que nunca, Buena Noticia. Y la lectura de Isaías de hoy, como el Evangelio de ayer, me invita a acoger esa Buena Noticia, esa promesa de Dios de ser alivio, descanso, protección, amor para los más pobres, desvalidos, indigentes, desesperados, solos, despreciados…

A veces compruebo en internet la multitud de páginas católicas que existen, multitud de portales. Y muchas veces, demasiadas creo yo, su contenido es hacia dentro y, es más, con un objetivo continuo de debate, discusión, crispación… NO VALE PARA NADA. Estoy harto de ver a unos y a otros hablar de si las declaraciones de tal jesuita, de la postura del obispo no sé quién, de la iglesia catalana, de la monja de turno que ha dicho no sé cuanto… Me cansa. Me produce hartazgo. Y, a veces, vergüenza y una gran desazón.

El Señor me llama a ir a los desamparados de mi barrio, a los desesperanzados, a los parados, a los deshauciados, a las familias con problemas, a los que sufren… y decirles lo que hoy dice el Señor por boca de Isaías: «Alumbraré ríos en cumbres peladas; en medio de las vaguadas, manantiales; transformaré el desierto en estanque y el yermo en fuentes de agua; pondré en el desierto cedros, y acacias, y mirtos, y olivos; plantaré en la estepa cipreses, y olmos y alerces, juntos.» Decirles que el Señor los ama, que les quiere, que los cuida, que los apoya, que pongan en Él su mirada, que no les defraudará… URGE SER BUENA NOTICIA.

Un abrazo fraterno

prado_flores

La viuda (Lucas 21, 1-4)

La viuda del Evangelio es lo peor que nos podía pasar. Nos deja sin la excusa fundamental para dar, para compartir… La viuda del Evangelio es el ejemplo de Jesús para decirnos que no quiere que demos de lo que nos sobra a los pobres sino que seamos pobres entre los pobres.

Y sin tocar el ámbito monetario… ¡pues igual! El poco tiempo que tienes… para los demás. Los pocos dones que tienes… para los demás. La poca energía que te queda… para los demás.

Y es fácil constatar muchas veces en el día a día como, los que ponen más excusas, son, en realidad, los que más tienen.

Un abrazo fraterno