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Escuchar y hacer (Lc 8,19-21)

Creo que todos tenemos la experiencia de sabernos hermanos de alguien que no es hermano o hermana de sangre. Esas personas que se cruzan en tu vida en algún momento y con las que consigues un amor especial, una amistad especial. Personas a las que te une un algo inexplicable. Personas a la que llamarlas amigas se queda corto, y lo sabes.

Los que tenemos fe y seguimos a Jesús nos sabemos hermanos. Pero ¿nos reconocemos como tales? A veces uno diría que se nos olvida eso de la fraternidad y que gastamos más tiempo en lanzarnos chinitas que en querernos en nuestras diferencias de hermanos.

Es una fraternidad que nace en la Palabra de un mismo Padre, una Palabra que al ser escuchada provoca en nosotros movimiento. Y si no lo hace es que no hemos escuchado bien.

Sois muchos y muchas a las que considero hermanos. Sigamos empujando. Sigamos detrás del Señor. Sigamos alentándonos y sosteniéndonos. Y que nuestro amor hable del Amor.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Es más fácil cumplir que seguir (Mt 19,16-22)

Esto es lo que experimentó aquel joven que se acercó a Jesús y que se marchó triste de vuelta, descubriéndose incapaz de dar un paso más.

Porque no es lo mismo cumplir que seguir. Es más fácil lo primero. Cumplir una serie de preceptos no es algo malo. Al contrario. Dios nos pide que cumplamos su Ley, claro que sí. No se trata de echar abajo la Ley. Pero este joven, cumplidor como el que más, se había pensado que el cumplimiento era el vehículo a su salvación. Y en este empeño, claro, no necesita a Cristo para nada.

Jesús viene a corregir su mentalidad. No es el cumplimiento lo que salva. Es el seguimiento a su persona, un seguimiento que, a la vez, es comunitario. Esa es la clave del Evangelio de hoy. No tanto lo de venderlo todo y dárselo a los pobres… Jesús no le pide que se haga pobre. Jesús le pide que le siga, pero sabe que cuántas más cosas y dinero… más excusas para no hacerlo.

Es bueno mirar hoy a nuestra vida y echar un vistazo a cómo afrontamos nosotros este asunto. ¿Somos cumplidores? ¿Pensamos en el cielo como un lugar al que yo llego si cumplo la ley y del que se me destierra si no cumplo? ¿Medimos el cumplimiento de los demás? ¿O tal vez nos centramos en Jesús, intentamos seguirle y dejamos que sea Él quién nos salve con su amor y misericordia? That’s the point.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Reconocen a Jesús en mí? (Mc 6,53-56)

A Jesús lo reconocían e iban tras él el tiempo y la distancia que hiciera falta. Pero, hoy, ¿reconocen a Jesús en mí? Esa es la pregunta que me traslada el Evangelio de hoy. ¿Las personas son capaces de descubrir al Cristo que me habita detrás de mi fachada, de mi cuerpo, de mis palabras, de mis gestos, de mis acciones, de mis compromisos, de mis errores e incoherencias?

Si Jesús todavía no se transparenta en mí, es que hay camino. En breve llegará la cuaresma y será una buena ocasión para preparar el corazón. Y es que el testimonio mejor no es el de las palabras o el de las obras hechas a bombo y platillo. El testimonio mejor es el del aroma, ese que hace que la gente se acerque porque hueles a Jesucristo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Cierro los ojos… ¡tantas veces! (Pr 21,1-6.10-13)

«Quien cierra los oídos al clamor del necesitado no será escuchado cuando grite.»

Recibo las palabras de hoy del Libro de Proverbios con mucha humildad. Porque sin reconocerme malvado, sí me doy cuenta de la cantidad de veces que cierro los ojos y los oídos al clamor de los que sufren y necesitan de mí.

El libro de Proverbios es una manera clara de comprobar si nuestra vida de fe y de seguidores de Jesús tiene correspondencia con la vida diaria y cotidiana, con nuestras decisiones más pequeñas, con nuestras éticas y morales del café de buena mañana. Creer nos hace vivir de una manera.

¡Pero cuántas veces es imperfecto nuestro seguimiento! En concreto, me descubro como un gran cerrador de oídos y ojos ante la realidad que a veces me circunda. Tal vez por incapacidad, tal vez por sentirme sobrepasado, tal vez por no saber qué hacer, tal vez por miedo, o mala prudencia o… ¡qué sé yo! El caso es tantas miradas me piden encontrarse con mi corazón y a tantas yo se lo niego…

Espero que el Señor me ayude y me enseñe a no girar el rostro, a tender la mano y a dar la vida mejor, por más. Y mientras lo consigo, que Él sí esté presto a mi grito.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

 

Un trocito de cielo (Mc 9,2-10)

De un trocito de cielo. De eso nos habla el Evangelio de hoy. De un trocito de cielo y de la posibilidad de tocarlo con la punta de los dedos. Jesús no pretendía hacer un espectáculo de ilusionismo. Jesús pretendía dejar dos cosas claras: Él era el Hijo de Dios y Dios nos promete la vida eterna, un trocito de cielo a su lado.

El cielo no es para mí algo reservado a la hora final. Podemos acceder a él, en parte, ya en nuestra vida terrena. También al infierno. Dependiendo de las apuestas que hagamos en vida, de nuestras opciones o decisiones y del dios ante el que nos postremos, estamos habilitados para empezar a saborear las mieles del cielo o el calor del infierno.

Mi familia, sus abrazos, su amor incondicional, mi vocación, mi trabajo en la escuela, los rincones de la naturaleza, la felicidad de estar con los jóvenes, etc. son pequeños grandes aperitivos de una eternidad llena de amor de Dios. Los muertos en el Mediterráneo, las guerras, la hambruna, la indiferencia ante el sufrimiento, el egoísmo, etc. son píldoras de infierno.

Yo quiero subir al Tabor contigo, Señor. Un camino cuesta arriba, de seguimiento fiel, de dificultades y, también, de muchas bondades, de profunda felicidad. Déjame ir a tu lado.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

El premio de seguir al Señor (Mt 19,27-29)

¿Qué nos tocará? Ni que seguir a Jesús sea un concurso en el que tú compras un boleto y te acaba tocando un premio. La pregunta de Pedro es realmente impertinente. Pero, a la vez, humanamente comprensible. Parte de una intuición: Dios es justo y no deja a los que le siguen con las manos vacías.

Si la pregunta de Pedro es desconcertante (¿Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?), no es menos sorprendente la respuesta de Jesús que, lejos de ruborizarse o enfadarse por tal osadía, responde con tranquilidad y, lo que es mejor, confirmando lo que Pedro intuía: «El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más».

El concurso de Jesús funciona, pues, muy al revés de los bancos o los concursos humanos. En este mundo nuestro, tú pagas un alto precio y el premio, por supuesto, siempre tiene un valor inferior para dejar beneficio al organizador del juego o del préstamos. Con Dios es diferente: Dios devuelve sin medida, cien veces más de lo dado. Un beneficio que es, sobre todo, para quien le sigue y no para Él. Esa pequeña oración, esa sencilla Eucaristía, esa visita al familiar enfermo, ese rato de catequesis, esa conversación con el pobre, la sonrisa al anciano de enfrente, la limosnita del domingo… pequeñas cosas que Dios recompensa por las nubes.

Uno no debe hacer el bien pensando en el beneficio personal pero es verdad que conoce, de antemano, que quién apuesta por el Señor, sale ganador.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Señor… ¡ya te vale! (Génesis 22, 1-19)

Abrahán estaba dispuesto a sacrificar a su hijo. Y por eso, el Señor lo bendice. Lo dice muy claro el ángel del Señor: «por no haberte reservado tu hijo único»… Reservar… El Señor bendice a Abrahán porque está dispuesto a darlo todo, a no quedarse con nada, a vaciarse, a estar disponible para Dios en su totalidad. ¡Qué libertad!

¿Cómo ando yo de libertad? ¿Y tú? Podría hacer una lista de lo más valioso de mi vida y de aquello que, por qué no, me aporta seguridad para seguir viviendo. No sé si sería una lista enorme o moderada, nunca me he puesto a ello… pero creo que no me sería complicado confeccionarla. Te propongo que hagamos juntos ese ejercicio. Por un lado nos ayudará a saber cuáles son nuestros tesoros y por otro, en un segundo momento, nos pondrá delante de nuestra libertad. ¿Estaría dispuesto a quedarme sin todo eso? Recordemos la historia de Abrahán: Isaac es fruto de la promesa del Señor, ya en su vejez. Hijo único, el futuro de la casta de Abrahán. Es, sin duda, lo más valioso que tiene. Pues ahora vamos a nuestra lista y elijamos… ¿Soy capaz de quedarme sin ello por el Señor?

Pero no es lo único que sacamos de la Palabra de hoy. Porque ¿cómo es posible que Dios le pida a Abrahán que reniegue de lo que Él mismo le había concedido? ¿Es que Dios cambia? ¿Es un Dios caprichoso? ¿Es posible que su voluntad para mi sea volátil, como el IBEX? ¿Qué pasa aquí? Si yo fuera Abrahán estaría completamente desconcertado… He leído varias catequesis e interpretaciones de esta Palabra y no todas dicen lo mismo. Yo prefiero quedarme con las preguntas, con el misterio. Somos hombres y no todo es tan claro a veces. A veces atribuimos a Dios la causa de nuestros propias confusiones, de nuestros propios enredos… Otras veces, el Señor nos exige dar pasos… Tengo que rezarlo más, abrir el corazón y que el Señor me ilumine en todo momento.

Un abrazo fraterno

Los followers de Cristo (Mateo 8, 18-22)

La red social de Jesús es distinta de las que manejamos ahora. Es red, la forman personas, hay seguidores, amigos… y transforma la sociedad y la manera de entender el mundo y la vida en la misma medida en la que lo puede hacer twitter o facebook. Pero algo es distinto…

Cuando en twitter yo aprieto el botón de «seguir», el «follow» de una persona o entidad concreta, empiezo a ser su seguidor pero nada debo cambiar en mi vida para que eso se posibilite, se dé. Puedo ser follower de 600 personas y no haber leído ni un solo tweet de muchas de ellas. Puedo ser follower de 600 personas y no conocerlas, no haber hablado nunca con ellas ni siquiera a través de mensajes privados. Puedo ser follower de 600 personas y comprobar que ese seguimiento no se traduce en nada, no me implica nada, no me supone nada… Es fácil.

Apretar el «follow» de Jesús tiene implicaciones aunque algunas veces pensemos que es lo mismo que en twitter:

1. Ser follower de Jesús implica el compromiso de crecer en relación con Él, conocerlo cada vez más, darme a conocer…follow

2. Ser follower de Jesús implica que mis tweets favoritos son los suyos

3. Ser follower de Jesús implica que no puedo ser follower a la vez de otros que me alejan de Él

4. Ser follower de Jesús implica saberme y sentirme hermano del resto de sus followers y de aquellos que no lo son

5. Ser follower de Jesús implica acoger con amor y perdón a los trolls que vengan a por nosotros; rezar por ellos…

6. Ser follower de Jesús implica entrar a formar parte del grupo de administradores de su cuenta y asumir la responsabilidad de ser Él también, de decir a veces lo que Él, de compartir lo que Él compartiría…

7. Ser follower de Jesús implica estar, estar, estar… implica la vida. No es una participación ocasional…

Y así podríamos seguir… El Maestro me anima a apretar el botón. ¿Estoy dispuesto a ser uno de sus followers? Yo respondo hoy que sí. Y que me ayude a ser fiel a los compromisos que vienen detrás…

Un abrazo fraterno