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Un cántico nuevo (Sal 95)

Es hora de cerrar un ciclo y comenzar otro. ¿Mejor? ¿Peor? ¿Cómo se califican los años, en los que tantas cosas pasan? ¿Cómo valorar lo que este anciano 2020 nos ha quitado y nos ha aportado? ¿Habrá que dejar pasar el tiempo?

Lo que es claro es que Dios lo hace todo nuevo y que de las cenizas que hoy tocamos con las manos, Él nos ayudará a sacar vida de nuevo.

Es tiempo de cantar un cántico nuevo, diferente. Se asoma una nueva oportunidad. Cada día lo es. Cada año también. Celebremos la vida. Celebremos el amor.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¡Este Reino no va de ayunos! (Mc 2,18-22)

Claro que el ayuno es una práctica recomendada, indicada y prescrita dentro de la Iglesia católica para varios momentos, incluso como práctica habitual. Muchos dicen que ayuda al crecimiento espiritual. No lo dudo. No pretendo cuestionar eso. Tras el titular de hoy se esconde, sin embargo, algo mucho más importante. Y es que el Reino de Dios que nos trae Jesús no va tanto de esfuerzos personales como de disposición a acoger su persona.

Curioso como el Evangelio nos presenta a un Jesús, que pese a ser judío y estar muy cercano a la predicación de Juan, toma distancia de las prácticas de sus discípulos y de los fariseos. No tanto para generar nuevas tendencias ni como estrategia de liderazgo político, sino porque el Reino de Dios que Él viene a anunciar es otra cosa. Y Él lo sabe con certeza, con confianza y con autoridad. Lo sabe de tal modo que no vacila cuando otros le preguntan por tal novedad.

El Reino de Dios no se asalta. No se toma con esfuerzos personales. El Reino no va de méritos, ni de medallas. El Reino de Dios no es ganado ni alcanzado por nadie por sus propias fuerzas, bondades y sacrificios. El protagonismo no está en nosotros. Nosotros no nos ganamos el cielo. No se nos da un carnet de puntos que será chequeado en el juicio final. El Reino que Jesús presenta es un Reino que se desborda, que se regala, que se ofrece. Él viene a invitar a todos al gran banquete. A todos y cada uno. Por pura iniciativa, por pura misericordia, por puro amor. Por eso no es una mesa de puros, de cumplidores, de buenos y justos. Es una mesa donde todos tenemos sitio pese a nuestras infidelidades, incoherencias, injusticias, indiferencias, egoísmos.

La novedad radical del amor de Dios no cabe en antiguos esquemas de leyes y scores. Todo eso salta por los aires.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Familias: nunca caducas, ¡siempre nuevas!

Jesús siempre trae novedad. Siempre. Aunque uno sea ya una persona de edad, aunque uno lleve siendo creyente desde hace tiempo, aunque uno sea un profesor desde hace más de 30 años, aunque el matrimonio celebre sus bodas de plata… Si se mira a Jesús, siempre estamos llamados a cambiar, a hacernos nuevos.

Las familias no podemos quedarnos al margen de esta realidad. Como familia estamos llamados a no anquilosarnos, a no caer en las rutinas que nos conducen a la comodidad espiritual, afectiva y emocional. Sí, crecemos juntos, somos los mismos, pero cada día nos presentamos como familia ante el mundo y estamos llamados a actualizar nuestro testimonio y a responder a todo lo que se presenta ante nuestros ojos. Estamos llamados a estar atentos a lo que pasa dentro y a lo que pasa fuera y siempre con la intención de cambiar aquello que no sirve para amarnos mejor dentro y que no sirve para amar mejor fuera.

«Hacerse nuevo» no está exento de dificultades. Hacerse nuevo conlleva, por lo de pronto, ser capaz de descubrir y aceptar todo aquello que ya se nos ha quedado caduco, que se llenado de sombra, de moho, todo aquello que ha perdido el sabor… No es fácil aceptarlo. Y una vez descubierto y aceptado… hay que deshacerse de ello. No se puede crear algo nuevo «sumando», «añadiendo»… sino más bien podando, limpiando, vaciando, quemando… ¡Hay que hacer sitio!

Yo estoy manos a la obra. ¿Y tú? ¿Te atreves?

Un abrazo fraterno