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Momento de cambio (Mc 1,14-20)

Hace unos días hablaba con mi acompañante personal. No quiero que pase más tiempo sin un proyecto de vida personal. Llevo años queriendo ponerme en serio con uno y creo que es el momento idóneo de mi vida para hacerlo.

Por eso leo con alegría el llamamiento que hoy nos hace a todos Jesús: hay que cambiar, hay que convertirse. Quiero mirar a Dios, situarlo bien en el centro de mi vida, dejar atrás algunos descentramientos y poner el foco en aquello que posiblemente me esté pidiendo.

Seguir a Jesús nunca deja indiferente. Nunca nos deja en el mismo sitio. O estamos dispuestos a movernos o el seguimiento no es real.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Torpes para entender (Mc 6,45-52)

Marcos no se cansa de decirlo: los discípulos eran unos torpes que no entendían nada. Así que podemos, al menos, aplicar ese refrán de «mal de muchos, consuelo de tontos». Nosotros no parece que seamos mucho más listos a la hora de enterarnos de qué va esto de seguir a Jesús y de acoger el Reino de Dios que vino a anunciarnos.

Nos cuesta entender los signos de los tiempos. Nos cuesta entender la pedagogía de Dios, sus palabras y sus silencios. Nos cuesta entender su peculiar manera de guiar la Historia. Nos cuesta entender por qué a veces parece dejarnos solos. Nos cuesta entender por qué a veces verlo y sentirlo presente se hace complicado. Nos cuesta entender su amor. Nos cuesta. Y nos da miedo.

Jesús está aquí para abolir el miedo de tu vida, de la mía. No hay razón para temer porque Él viaja con nosotros en medio de la marea. Confiemos en Él. Amemos mucho. Dejémonos querer. Y hacia adelante. Mar adentro.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Donde hay amor, está Dios (I Jn 4,7-10)

Creyentes. No creyentes. Practicantes. No practicantes. Comprometidos. No comprometidos. Laicos. Religiosos y religiosas. Curas. Casados. Solteros. Hombres. Mujeres. Abogados, profesores, científicas, médicos, ingenieras, historiadores, taxistas, panaderos, futbolistas…

Etiquetas siempre. Clasificaciones y juicios.

Y todo para que nos recuerden que donde hay amor, está Dios. Y sí, nuestro amor es imperfecto y limitado. Pero dentro del que ama, habita Dios; cuando acto de amor se produce en el mundo, en ese momento el Reino crece.

Y ya está.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Conocer y reconocer (Jn 1,43-51)

Dios me conoce. Esto, que parece irrelevante, es muy importante. Pocas personas me conocen de verdad. Incluso yo mismo no tengo la llave de todos mis rincones, mis anhelos, mis heridas, mis luces y oscuridades. Dios sí. Dios sabe lo que hay. Y lo ama. Sin condiciones. Y esto a mí me permite vivir en paz, sabiendo que no tengo que representar ningún papel, que no tengo que vivir la vida de otro, que no tengo que sentirme mal por no llegar a no sé qué nivel… Sólo tengo que responder a ese amor total.

Mi tarea es también conocer al que me ama así, a Dios. Pero con Dios es más difícil. El Misterio no se deja abordar fácilmente y pretender conocer, desde mi pequeñez, a Dios se torna imposible. Jesús es la muestra más clara de cómo es Dios y, aún así, no es fácil abordarlo tantas veces… Así que, tal vez, lo que tengo que intentar primero es saberle RECONOCER. Descubrir dónde está su palabra, dónde está su aroma, sus manos, su mirada… Él nos dio una pista irrenunciable: los pobres, los descartados, los desahuciados, los enfermos, los débiles. En ellos lo reconoceré. Da vértigo. Pero es la tarea que tengo cada día. Salir y seguirle allí donde está presente.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Testigos de la luz (Jn 1,1-18)

Eso pido hoy, Señor, para este nuevo 2021: ser testigo de la luz. Prefiero eso a perder el tiempo en batallitas vanas con las tinieblas. Es más efectivo.

Quiero ser testigo tuyo, que eres la Luz Absoluta, que ilumina nuestras vidas, les da sentido y las llena de amor.

Quiero ser testigo de la luz de mi mujer y mis hijos. Quiero hacerles brillar, sacar a la luz todo lo bueno que tienen, no afearles sus rincones oscuros.

Quiero ser testigo de la luz de mis alumnos. Quiero centrarme en sus logros, en su valentía, en su tenacidad, en su sacar fuerzas de flaqueza, en sus empeños, en la lucha contra sus propios desánimos.

Quiero ser testigo de la luz de mis compañeros, de mis amigos.

Quiero ser testigo de la luz en las redes y ser altavoz de aquellas voces que valen la pena y que hacen mejor al mundo.

No quiere perder el tiempo, Señor, enfangado en batallas inútiles, creyéndome fuerte y protagonista defendiéndote. Creo que se me pide y otra cosa y estoy dispuesto a hacerlo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Yo no soy Dios (Jn 1,19-28)

Lo que dijo el Bautista cuando le preguntaron («yo no soy») no es algo que hoy dirían muchos, más bien al contrario. Vivimos tiempos de mesianismos de pacotilla, de influencers a los que entregamos nuestro tiempo, de políticos que nos prometen el paraíso en la tierra, de deportistas convertidos en dioses del olimpo terrenal, de hombres y mujeres sexualmente icónicos, fantasías de muchos.

Yo mismo juego a ser Dios muchas veces, sin ser influencer, político, deportista de élite o icono sexual. Juego a ser Dios cuando quiero y reclamo mi lugar en la historia de los que me rodean, cuando vivo convencido de que puedo cambiar la vida de mucha gente, cuando me sitúo como ejemplo a seguir, cuando me convenzo que la vida está en mis manos, con sus éxitos y fracasos, porque todo depende de mí.

El Bautista nos marca hoy un camino diferente, el del conocimiento de sí: somos criaturas, nombres y mujeres pequeños, sencillos, que lo han recibido todo de Dios y que, con su vida, plagada de aciertos y pecado, sólo pueden señalar al que viene detrás, al que salva de verdad, al Mesías verdadero.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Un cántico nuevo (Sal 95)

Es hora de cerrar un ciclo y comenzar otro. ¿Mejor? ¿Peor? ¿Cómo se califican los años, en los que tantas cosas pasan? ¿Cómo valorar lo que este anciano 2020 nos ha quitado y nos ha aportado? ¿Habrá que dejar pasar el tiempo?

Lo que es claro es que Dios lo hace todo nuevo y que de las cenizas que hoy tocamos con las manos, Él nos ayudará a sacar vida de nuevo.

Es tiempo de cantar un cántico nuevo, diferente. Se asoma una nueva oportunidad. Cada día lo es. Cada año también. Celebremos la vida. Celebremos el amor.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Creciendo en familia (Lc 2,36-40)

Es de los pocos pasajes en el que se nos hablaba de un proceso en el tiempo durante la infancia y adolescencia de Jesús: iba creciendo, robusteciéndose y se llenaba de sabiduría. Y todo eso en su pueblo, junto a su familia.

Fueron años donde ese crecer, ese robustecerse y ese llenarse, fueron preparando a un niño, y luego a un joven, para la misión que Dios Padre le tenía reservada. No era el momento. Ni podía serlo. Jesús, Dios Hijo, tenía pocos años y mucho que aprender todavía.

Los frutos en el camino llegan después. A veces queremos verlos pronto pero el tiempo juega su papel. Jesús no pasó 30 años «esperando», escondido, su momento. Su momento llegó tras una infancia y una juventud vivida en plenitud, tras una vida familiar rica, tras una preparación seria.

Dios se encarnó y vivió todo aquello que nos es plenamente humano y sacralizó, por tanto, todo para nosotros. Dejemos que la vida siga su curso. Crezcamos, robustezcámonos, llenémonos de sabiduría. No tengas prisa en encontrar lugares en el mundo, en responder a vocaciones tempranas. Poco a poco. Todo llega. Y cuando llegue, debemos estar preparados.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Sólo ve quién espera ver (Lc 2,22-35)

Simeón vio a Jesús y así se cumplió la promesa que había recibido de Dios. Ningún ángel fue a anunciarle que aquel día, Jesús, José y María estarían en el Templo. El Evangelio nos dice que acudió impulsado por el Espíritu. Pero antes de eso dice algo que hoy se me ha quedado grabado: «Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel«.

Simeón vio porque esperaba ver. Simeón se encontró a Jesús porque anhelaba encontrárselo. Simeón reconoció al Mesías porque creyó la promesa de Dios.

Me considero una persona optimista pero muchas veces me descubro habiendo aceptado ciertas realidades. Miro el mundo, miro mi vida, miro a las personas que me rodean, a mis alumnos, a sus familias, a mi comunidad… y pienso que lo único que puedo es aceptar la realidad y no pretender cambiarla. Ciertamente Simeón no peléo por ver al Mesías, pero seguramente se acostó cada día esperando verle al día siguiente. Su deseo sostuvo su fe y su fe sostuvo su vida. Y al final vio.

Hoy te pido Señor que me ayudes a no apagar el deseo de verte en los demás, de encontrarme contigo cada día, de ver un mundo más humano, de ver familias más felices, de ver a mis alumnos creciendo y madurando y abandonando el colegio con valores y principios… Lo deseo… ¡quiero verlo Señor! ¿Cómo lo ves?

Un abrazo fraterno – @scasanovam

No tengamos miedo de ser pequeños y frágiles (Mt 2,13-18)

La luz convive con el pecado. Lo hace dentro de mí y lo hace en el mundo en el que vivo. El Reino se va abriendo paso, si le dejamos. A veces no lo percibimos. Estamos acostumbrados a la sombra, a la derrota, a la miseria y a la pobreza.

Por eso le molestó a Herodes aquel pequeño que acababa de nacer. Porque no hay nada más peligroso para la oscuridad que la semilla de la esperanza.

Me siento pequeño muchas veces, huyendo de aquello que me da miedo, como José y María. Me siento frágil y pecador, fallón, fracasado en muchos intentos. Y, a la vez, Tú siembras en mí la esperanza, Señor. Te haces fuerte en mí y me haces fuerte por Ti. Esa es mi fuerza, aunque duela muchas veces.

Un abrazo fraterno – @scasanovam