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Reconocer (Lc 19,41-44)

Nos atrincheramos en nuestros prejuicios.
Nos atrincheramos en nuestros complejos.
Nos atrincheramos en nuestros fracasos.
Nos atrincheramos en nuestros planes y sueños.

Nos atrincheramos en nuestras prisas y urgencias.
Nos atrincheramos en nuestras verdades a medias.
Nos atrincheramos en nuestros selfies vacíos.
Nos atrincheramos sintiendo que el otro nos asedia.

Y no reconocemos tu rostro.
Y no reconocemos la belleza que nos rodea.
Y miramos, buscando,
lo que de verdad deja huella.
Y anhelamos, y pedimos, y esperamos.
Suplicamos en la noche,
despertamos con reproches.

Reconocer, Señor. Eso nos falta.
Reconocer lo que somos. Reconocer quién eres, dónde habitas.
Reconocerte. De eso se trata.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Rico pero sediento (Lc 19,1-10)

El dinero ayuda, sí. Muchos dicen eso para no descartar lo importante que es tener cubiertas las necesidades básicas. Ayuda, sin duda. Pero el dinero no genera felicidad en sí mismo. La felicidad llega por otros caminos.

No sé si has sentido alguna vez esa sed que te revuelve por dentro. Es la sed del corazón. Puedes tenerlo todo, puedes estar rodeado de buena gente, puedes tener un magnífico trabajo. Aún así no estás bien. Es la sed que brota de dentro, del rincón de uno que aspira a la eternidad.

Zaqueo tenía esa sed. Ese algo que le recordaba cada día, al levantarse, que, pese a su vida acomodada, le faltaba algo. Buscó a Jesús. Lo encontró. Y su corazón, al fin, pudo descansar.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Cuéntales que Jesús pasa (Lc 18, 35-43)

No es fácil para alguien que no ve, enterarse de lo que pasa a su alrededor. Es así. Cuando has perdido la capacidad de afrontar la realidad, cuando te sientes perdido, cuando la oscuridad es el horizonte que percibes… sólo oyes jaleo o silencio.

Por eso son importantes las voces que se acercan y te dicen: «Pasa Jesús». Ese Jesús al que nunca reconocerías. Ese Jesús al que nunca percibirías. Ese Jesús que va haciendo camino mientras tú estás ahí, quieto, en el arcén. Esas voces pueden cambiarte la vida. Porque te ponen en movimiento, porque te sacan de tu quietud, porque disparan tu deseo de volver a ver. Son personas que saben que Jesús puede curarte.

¿Tienes de esas personas alrededor? ¿Eres guardián de los que han perdido la vista?

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Importante sí, pero a su modo (Lc 9,46-50)

Ser importante parece ser un anhelo de muchas personas. Ser alguien destacado. Ser alguien que no pase desapercibido. Ser alguien que haga alguna aportación destacada. A mí me gustaría ser importante.

En los últimos años se ha producido una lucha interna en mi persona por la importancia anhelada y la pobreza encontrada. O al menos eso pensaba yo. El Evangelio de hoy viene a reafirmarlo: ¿quién es importante a los ojos de Dios? ¿Por qué anhelar la importancia frente a los hombres en lugar de la importancia ante el Padre?

Seré importante, seguro, pero no a mi modo, sino al suyo. Ya lo soy. Sólo tengo que darme cuenta de la vida tan extraordinaria que estoy viviendo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Cautivo y agradecido (Tb 13,2.3-4.6)

Ser agradecido hasta en el propio cautiverio. Reconocer a Dios en la vida aún en los momentos en los que su mano parece no alcanzarte. Sentir su compasión y su fuerza, aún cuando las piernas flaquean y se encoge el corazón.

Es la experiencia de la persona que hoy nos regala el salmo. Es la experiencia humana de todos aquellos que no dejaron de confiar cuando las cosas eran propensas para ello.

Es la hora de la confianza. Es la hora del silencio. Es la hora de la espera esperanzada. Cautiverio con olor a flor.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Escuchar y hacer (Lc 8,19-21)

Creo que todos tenemos la experiencia de sabernos hermanos de alguien que no es hermano o hermana de sangre. Esas personas que se cruzan en tu vida en algún momento y con las que consigues un amor especial, una amistad especial. Personas a las que te une un algo inexplicable. Personas a la que llamarlas amigas se queda corto, y lo sabes.

Los que tenemos fe y seguimos a Jesús nos sabemos hermanos. Pero ¿nos reconocemos como tales? A veces uno diría que se nos olvida eso de la fraternidad y que gastamos más tiempo en lanzarnos chinitas que en querernos en nuestras diferencias de hermanos.

Es una fraternidad que nace en la Palabra de un mismo Padre, una Palabra que al ser escuchada provoca en nosotros movimiento. Y si no lo hace es que no hemos escuchado bien.

Sois muchos y muchas a las que considero hermanos. Sigamos empujando. Sigamos detrás del Señor. Sigamos alentándonos y sosteniéndonos. Y que nuestro amor hable del Amor.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

La luz que brota del silencio (Lc 8,16-18)

Estoy atravesando, en palabras de mi acompañante, un momento importante de mi vida, muy bonito pero muy duro. ¿Seré capaz de estar a la altura?

Leo en el Evangelio de hoy que nadie enciende un candil y lo tapa o lo mete debajo de la cama. Yo a veces me siento así. Me siento candil tapado. Y es aquí donde estoy. En el momento de la transformación. «El silencio abre horizontes» me dijo ella, mi acompañante. Y me lo creo. Otra cosa es que me sea sencillo hacerlo vida. Porque para mí callar es vivir tapado. Es momento de descubrir que el silencio también puede ser luz radiante.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Mi fuerza y mi escudo (Sal 27)

Hoy llegan los chicos al cole. Empiezo el curso con muchas ganas de compartirlo ya con ellos. Nuevos alumnos, nuevas alumnas, nuevas familias. Y con la novedad de ser tutor. Todo un reto.

Quiero poner mi confianza en ti, Señor, que me conoces y me amas. Guíame con tu sabiduría para ayudarles a crecer. Dame fuerzas para resistir cuando el cansancio aparezca. Protégeme del desaliento si hay momentos en los que pienso que no vale la pena continuar.

Pongo en tus manos cada una de sus vidas. Son preciosas. Sé, también para ellos, su fuerza y su escudo. Y ojalá que te descubran ahí, luchando por su felicidad.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Volver a casa – Domingo XXIV TO Ciclo C

Siempre hay alguien deseando que volvamos a casa. Y esto cambia la vida por completo. No damos igual. Importamos.

Dios no nos quiere perdidos. Dios no nos quiere infelices. Dios no nos quiere viviendo una vida de mierda. Él sale a nuestro encuentro: personas, acontecimientos, pensamientos… Él quiere vernos de nuevo sentados a su mesa.

Algunos no entienden que Dios nos haya regalado la libertad para perdernos. Pero ¿hay amor sin libertad?

Un abrazo fraterno – @scasanovam

La fe crece en comunidad (Lc 6, 12-19)

Me costó mucho entender la necesidad de la vida comunitaria en mi vida. Lo percibía más como una amenaza que como un regalo. Tenía miedo de que otras personas entraran en mi vida a opinar y, además, con el aura de ser, la suya, voz de Dios. Tuve muchas preguntas. Y no había muchas respuestas.

Ahora miro atrás y compruebo que no es posible crecer en la fe ni hacer el camino de Jesús sin la comunidad. Unos la concretaremos más y otros la concretarán menos. Pero el mismo Jesús eligió un grupito de doce para poder llevar adelante su misión. ¿Los necesitaba técnicamente? No. ¿O sí? ¿No es Dios-Trinidad comunidad en sí mismo? ¿No nos está dejando claro que su amor sólo puede ser vivido en comunión?

La comunidad ha sido y es pilar de mi vida de fe. Concretar en unos hermanos y hermanas la vivencia del Evangelio. Poner rostro a la gran comunidad eclesial que, tantas veces, se nos diluye en su grandeza y en su universalidad. Jugarme la vida con personas concretas, con almas concretas, con brazos concretos con lo que sostenerme y a los que sostener.

La fe necesita de una comunidad para crecer, igual que toda persona necesita de una familia. De lo contrario, su futuro es complejo y oscuro.

Un abrazo fraterno – @scasanovam