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Acércate a Jesús (Mc 9,30-37)

La fe es un don, sí, pero un don que se parece más a una historia de amor que a un regalo bien envuelto. Un regalo viene de alguien y es para alguien. Uno lo da sin esperar nada a cambio y espera que al otro le guste y lo use con cariño, sin más. Pero una historia de amor es un regalo que se construye entre dos, es una llama que crece si dos personas la cuidan. Por eso, hay muchas personas alejadas de la Iglesia y de Dios que no dejarán de ver a Dios así, lejano y fantasioso, incluso cruel, a menos de que decidan dar un paso adelante para conocerle mejor. La carta de Santiago de hoy es una joya y lo deja claro: «Acercaos a Dios, y Dios se acercará a vosotros.»

¿Cómo acercarte a Dios? A través de Jesús de Nazaret, No hay otro camino. Esta ha sido una de las causas por las que Jesús acabó en la cruz. No es que se limitara a hablar de Dios, a predicar en su nombre, a hacer buenas acciones… es que él mismo se identificó como el único camino hacia el Padre. Jesús exige aceptación personal, seguimiento personal, adhesión total. No hay más. Por eso conocerle a él, es conocer a Dios. Sin Jesucristo, uno no llega a Dios en su plenitud.

Lee el Evangelio, conoce a Jesús a través de los sacramentos, acércate a u persona a través de alguna comunidad, reza a tu manera de vez en cuando… en definitiva, alimenta vuestra historia de amor. Acércate y él se acercará. Es hora de romper los muros. Su debilidad conecta con la tuya, su fracaso con el tuyo, su humanidad con la tuya… y su resurrección con tu salvación y felicidad. Ya sabes.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

El Señor es mi pastor (Sal 22)

Hace unos días descubrí los salmos musicales de Atenas, una de las cantantes más actuales en el panorama de la música católico. Sus notas acompañan a los salmos con cierto toque monástico. Me gusta. Os lo dejo aquí para que podáis rezar hoy el salmo 22. El Señor nos acompaña, el Señor nos cuida, El Señor nos lleva, nos prepara una mesa y unge nuestra cabeza con perfume. ¿Qué más se puede pedir?

Hacerse nada (Mc 8,34–9,1)

Hac eunos días tenía una conversación con una buena amiga sobre esto de anonadarse. Hacerse nada me cuesta. Y cuando leo el Evangelio de hoy y me vuelvo a encontrar con ese «negarse a uno mismo», se me revuelve todo.

Esta amiga me recomendó rezar de vez en cuando las Letanías de la Humildad, del cardenal Rafael Merry del Val . Cuando las descubrí, y las recé por primera vez, me encantaron aunque me parecieron fuertísimas para mí. Mi ego se pone en posición de batalla y se resiste a desaparecer.

Son años de guerra interna a este respecto. El Señor no me la está evitando, así que entiendo que debe ser así para crecer como testigo. Que el Señor me ayude.

Aquí os dejo un enlace a las letanías.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Salvar de qué? (Mc 8,27-33)

«¿De qué tiene que salvarnos hoy Jesús?». Eso me preguntó hoy un alumno en mi tutoría. El concepto de «salvador» ha perdido significación para los jóvenes de hoy, al menos en el rico Occidente. Viven bien, tienen de todo, disfrutan de la vida, cobertura médica adecuada, sin grandes apreturas, etc.

Esto me hace pensar en qué tipo de mesianismo esperan los jóvenes de hoy. Realmente, ¿qué aceptarían ellos como Mesías? Interesante pregunta para una tarde lluviosa de domingo. Lo que tengo claro es que en algo sí coincidirían con aquellos discípulos y aquellos judíos de hace más de 200 años: Jesús, en ningún caso, cumple las expectativas de Mesías. ¿Derrota? ¿Fracaso? ¿Cruz? ¿Sufrimiento? ¿Amar a los enemigos? ¿Poner la otra mejilla? ¿Bienaventurados los pobres? Nada. Al pilón con Él. Ayer, hoy y siempre.

La propuesta de Jesús sigue siendo arrebatadoramente radical, rompedora, transgresora. Es la propuesta del amor sin límites, hasta el final. Un amor que es el amor de Dios Padre hacia cada uno de nosotros. ¿Cómo lo ves?

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Mírate en el espejo (Mc 8,22-26)

Ven a Jesús, Ponte delante de Él. Mírate. Como si te miraras al espejo.

¿Ves algo? ¿Qué ves?

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Se multiplican las preocupaciones (Sal 93)

Cuando me parece que voy a tropezar,
tu misericordia, Señor, me sostiene;
cuando se multiplican mis preocupaciones,
tus consuelos son mi delicia.

Vivir no es sencillo. Perdón. Vivir con coherencia, digo, con profundidad. Vivir con hondura no es fácil. Vivir a lo loco, sí. Pero yo quiero ir hacia adentro. Y ser fiel. Y responder a lo que se me ha llamado. Y ser seguidor de Jesús. Y un buen marido. Y un padre. Y un buen hijo. Y un buen maestro. Y un buen escolapio. Y un buen ciudadano. Tremendo.

Es más fácil pasar de todo eso y simplemente hacer lo que me apetece. Y pensar en mí. Y a la mierda lo demás. Vivir son dos días, qué coño. ¡Cómo para desperdiciarlos!

Pero yo aspiro a otra cosa. Qué difícil, Señor. Se multiplican las preocupaciones, como dice el salmista. Y cuántas veces siento que tropiezo y que algo se va a ir por la borda… Cuántos fracasos, cuántas equivocaciones, cuántas meteduras de pata, cuánta debilidad, Señor…

Y ahí, cuando todo se acumula, tú me consuelas y me envías tu caricia a través de otras manos y tu aliento a través de otro abrazo. Y me sostienes. Y me dices: ánimo, estoy contigo, hasta el final.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Te ponen a prueba? (Stg 1,1-11)

No nos gusta que nos pongan a prueba. Hay personas que les gusta ponerse a prueba ellos mismos. Les van los retos de superación. Y se meten a Iroman, a marathones, a correr largas distancias, a batir récords… Pero eso es una cosa y otra es sentir que la vida te pone al límite.

Yo me siento puesto a prueba cuando las cosas no van como yo quiero. Me siento puesto a prueba cuando me siento poco escuchado y poco valorado. Me siento puesto a prueba cuando mis hijos me muestran mis errores y mis finitudes. Me siento puesto a prueba cuando no entiendo a mi mujer y me siento dolido por algo que me hace o me dice. Me siento puesto a prueba cuando en el cole no llego a todo lo que me gustaría. Me siento puesto a prueba cuando me siento empequeñecido, humillado, despreciado por otros. Y así podía seguir.

Y me revuelvo. Me inquieto. ¿Acudo al Señor? Pocas veces. Por eso la Palabra de hoy, en la carta del apóstol Santiago, quiero hacerla mía. Quiero dar gracias por las pruebas porque me recuerdan que no soy más que una criatura, limitada y pobre, que necesita a su Creador. Necesito pedir. Necesito levantar los brazos. Necesito resistir, sabiéndome sostenido por mi Padre.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Qué ley llevas en el corazón? (Mc 7,1-13)

Fariseos. Nunca se extinguen. Duros en su juicio y débiles en su corazón. Aferrados a la ley, para no perderse. Ligeros en su autojustificación y extenuantes para su prójimo. Conocedores de la letra pero analfabetos de la misericordia. Son esos que se tragan mosquitos y cuelan camellos.

Yo también puedo serlo a veces. Porque la Ley me ofrece seguridad. Me permite decir esto sí y esto no. Es más fácil aplicar la ley que amar. Es más fácil dictar sentencia que arriesgarse en el perdón. Es más sencillo aplicar penas que escuchar, sentir las miserias del otro, hacerlas propias y exhortar a vivir según el Evangelio. ¡Justicia! Clamo a veces, como los fariseos. ¡Justicia, Señor!

Pero Jesús me invita a otra cosa. Me invita a algo más difícil pero, a la postre, más pleno, más verdadero, más radicalmente decisivo para que el Reino se vaya fraguando. ¿Lo conseguiremos? ¿Nos atreveremos?

Un abrazo fraterno – @scasanovam

El Señor habita las tinieblas (I Re 8,1-7.9-13)

Siempre decimos que el Señor habita el templo. Cuando entramos en alguna catedral o en algún oratorio, nos sentimos sobrecogidos. El Misterio nos encoge el corazón. Y el Señor habita en los sagrarios del mundo también. Y por eso, por ser lugares dignos, son lugares bellos y cubiertos de esplendor.

Pero el Señor habita también en la tiniebla de la humanidad, en la oscuridad del mundo. El Señor habita lo oscuro porque quiere ahí estás tú y estoy yo. El Señor sabe que tiene que ir ahí a buscarnos. Y va. Y nos toma de la mano. Pese a nuestra debilidad, nuestra traición, nuestra parálisis, nuestro pecado. El Señor viene y se queda con nosotros para sacarnos en el momento propicio.

El Señor habita las tinieblas y las llena de luz. Por cada uno de nosotros.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Las pasiones vs. la fe (Mc 6,14-29)

Herodes, Herodías, Juan Bautista y su cabeza en bandeja de plata… Realmente el evangelio de hoy parece el guión de una película medieval llena de pasiones, traiciones, deslealtades… y podemos quedarnos ahí: ser espectadores de una realidad que, sin embargo, anida en nuestro corazón muchas veces.

Hoy me he sentido un poco Herodes. Leyendo la Palabra, también me he dado cuenta de que tengo, a priori, principios y de que valoro determinadas cosas, las palabras de determinadas personas… Me ayuda escuchar porque me centra y me corrige. Pero las pasiones van por otro lado. Las herodías desatadas en el alma a veces se hacen con el control y quieren gobernarlo todo. Son caprichosas, no quieren voces críticas, no quieren espejos que devuelvan la realidad ligera y vacía en la que se mueven. Esas pasiones proporcionan placer, comodidad, diversión, paz ficticia… ¿Cuántas veces dejo que sean ellas las que gobiernan, las que ME gobiernan?

¿Cuántas veces yo también entrego en bandeja de plata la voz de Dios que viene a mi vida para convertir mi corazón?

Un abrazo fraterno – @scasanovam