Entradas

El gasto genera riqueza (Lc 19,11-28)

Dicen los economistas que en época de dificultades, se gasta menos, por precaución, y la recesión aumenta. Para que la economía crezca, debe haber movimiento de dinero. El gasto es bueno para el mercado, produce riqueza.

En lo espiritual, podemos decir que la dinámica es parecida. Nos han sido regalados dones, cualidades, capacidades. ¿Qué hacemos con ellas? Sólo gastarlas garantiza que la riqueza crece. Una riqueza que no es para uno sino para todos. Riqueza de la buena. Sólo el don que se entrega sirve para el fin para el que fue creado.

No hay amor que lo sea si se guarda. El amor, o se gasta, o caduca y echa moho. Yo prefiero gastarlo. Es la manera de asegurarse una eternidad de bienestar.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Todavía… (Jr 31,1-7)

«Todavía te construiré y serás reconstruida, Doncella de Israel;
todavía te adornarás y saldrás con panderos a bailar en corros;
todavía plantarás viñas en los montes de Samaría, y los que plantan cosecharán.»

Qué fuerza tiene la palabra TODAVÍA en la boca del profeta. Qué fuerza tiene el AMOR de Dios para quién siempre estamos a tiempo. El que nunca se cansa. el que nunca desfallece. El que nunca cierra. El que nunca desespera. El que nunca rechaza. El que todavía…

Todavía hay tiempo de vivir mejor, de apostar por lo que eres y por lo que sueñas. Todavía hay tiempo para darle un giro a la vida y no vivir por defecto lo que te toca. Todavía puedes llevar mejor la realidad y ser paciente con ella y contigo. Todavía puedes dejar eso que te hace daño y buscar aquello que es bueno para ti. Todavía hay tiempo para no rendirse y darle la vuelta a la tortilla. Todavía pueden volver las sonrisas de la mañana y de la noche. Todavía los abrazos vuelan esperando que los agarres. Todavía la humanidad puede entenderse y construir un mundo más fraterno. Todavía podemos darle la vuelta al daño realizado y repararlo. Todavía se puede pedir perdón y ser perdonado. Todavía puedes decir te quiero a quien se lo has negado tanto tiempo. Todavía…

Un abrazo fraterno – @scasanovam

 

 

Un trocito de cielo (Mc 9,2-10)

De un trocito de cielo. De eso nos habla el Evangelio de hoy. De un trocito de cielo y de la posibilidad de tocarlo con la punta de los dedos. Jesús no pretendía hacer un espectáculo de ilusionismo. Jesús pretendía dejar dos cosas claras: Él era el Hijo de Dios y Dios nos promete la vida eterna, un trocito de cielo a su lado.

El cielo no es para mí algo reservado a la hora final. Podemos acceder a él, en parte, ya en nuestra vida terrena. También al infierno. Dependiendo de las apuestas que hagamos en vida, de nuestras opciones o decisiones y del dios ante el que nos postremos, estamos habilitados para empezar a saborear las mieles del cielo o el calor del infierno.

Mi familia, sus abrazos, su amor incondicional, mi vocación, mi trabajo en la escuela, los rincones de la naturaleza, la felicidad de estar con los jóvenes, etc. son pequeños grandes aperitivos de una eternidad llena de amor de Dios. Los muertos en el Mediterráneo, las guerras, la hambruna, la indiferencia ante el sufrimiento, el egoísmo, etc. son píldoras de infierno.

Yo quiero subir al Tabor contigo, Señor. Un camino cuesta arriba, de seguimiento fiel, de dificultades y, también, de muchas bondades, de profunda felicidad. Déjame ir a tu lado.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Cuando el dolor golpea fuerte (Mt 8,5-17)

Cuando el dolor golpea fuerte, cuesta ponerse en pie. Una mezcla de falta de entendimiento, de turbación, de rabia, de tristeza, de fragilidad… lo ocupa todo. Es como si el corazón se tornara negro en un momento y rezumara humo del vacío que se quema adentro. En situaciones así, cuesta dar palabras de aliento. Tal vez el silencio y la mano tendida sean más eficaces que lo que a la boca se le puede ocurrir.

Han sido horas difíciles en el entorno de las Escuelas Pías Betania. Se nos ha ido un joven, un alumno, un hijo, un hermano, un amigo, un compañero. Así, de repente, como una bomba sin piedad que explota y se lo lleva todo a su paso, sin esperarlo. Deja un vacío que no se llenará nunca. En muchos. Y en este momento, recibo el evangelio de hoy y necesito repetirme la última frase: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades». La repito una y otra vez. Tal vez para escapar de la tentación de ver en Dios al culpable del sin sentido y, en cambio, ver en Él a aquel que carga en estos momentos con un sufrimiento tan grande. Y la completo: Él habitará los vacíos que el amor nos deja.

Es la hora de la FE. Es momento de creer y de mirar a Jesús cara a cara, de acudir a Él como aquel centurión romano que sabía a quién le pedía ayuda. Es momento de dejarnos sostener, de abandonarnos, de caer. No tengamos miedo de caer. Hay alguien que nos recogerá y cargará con nosotros. Y nos acariciará. Y nos alimentará. Y nos insuflará su Espíritu hasta que seamos capaces de volver a sostenernos en pie de nuevo.

Y tú, que ya estás a su lado, cuídanos. Háblale bien de nosotros. Protégenos. Y prepara la eternidad para cuando volvamos a vernos. Y entonces la alegría no nos cabrá en el pecho.

Un abrazo fraterno – @scasanovam