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Miércoles II Adviento 2019 (Is 40,25-31)

Hay cansancios y cansancios. A veces no los distinguimos. Nos sentimos agotados, sin fuerzas. Se escapan las fuerzas y pesa la tarea del día a día. La mente se embota. Llega el estrés. Y todo se hace oscuro.

Es el cansancio que recoge las dudas. Es el cansancio que aleja de Dios. Es el cansancio que cuestiona la vida del que se entrega pensando que sus fuerzas son suficientes.

Y es en el Señor, nuestro Dios, donde encontramos reposo. Él nos sostiene y repara nuestras maltrechadas fuerzas. Cura nuestras heridas y nos insufla ánimo y energía. Él nos provee de la esperanza necesaria para seguir levantándonos un día tras otro.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Domingo II Adviento 2019 (Lc 1.26-38) #Inmaculada

María conoció una vida en plenitud.

A veces buscamos la felicidad y la plenitud en lugares donde no están. Y nos frustramos. Pensamos que en la comodidad, el bienestar, el éxito, los estudios, un buen trabajo, la holgura económica, la diversión… encontraremos eso que nos llene. Y no suele pasar.

María nos descubre que la felicidad está en responder a las grandes preguntas de la vida, en afrontar con confianza lo que viene, en estar disponible para otros, en plantear una vida en el alambre, pero llena de amor.

Otros te intentarán convencer de lo contrario: escapa de las grandes preguntas, evita consecuencias, busca la poltrona, piensa en ti mismo sobre todo y en tu paz interior, y no te quedes sin nada que experimentar o probar.

Cuando uno necesita del puenting, los deportes de riesgo, el paintball, de viajes a lugares exóticos, incluso de violencia y pequeñas revoluciones… es porque el corazón está seco y no está encontrando la fuente de la que mana el agua que sacia toda sed.

Mira a María y, desde ella, a Dios. Y ya verás.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Jueves I Adviento 2019 (Mt 7,21.24-27))

Los cimientos no suelen estar a la vista. Pero lo sostienen todo. Ya lo decía El Principito: «Lo esencial es invisible a los ojos». Y muchas veces lo olvidamos e intentamos siempre hacernos ver, practicar el postureo, propaganda engañabobos de uno mismo y de lo que hace.

¿Sobre qué se asienta mi vida? ¿Cuáles son mis certezas? ¿Y mis deseos más profundos? ¿Qué hay de la fe? ¿En qué Dios creo? ¿Cuáles son mis anhelos y expectativas? Cimientos. Para que cuando lleguen los vientos, no se me venga todo abajo.

No es tan difícil. He sido testigo de grandes proyectos, que parecían solidos, y que se han desplomado como azucarillos cuando la vida ha apretado. Por eso, ayúdame Señor, sé tú mi roca, mi muralla, mi fortaleza, mi cimiento. Y mi vida estará a salvo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Miércoles I Adviento 2019 (Is 25,6-10a)

No seamos cutres. Con el corazón, digo. Dios no lo es. Dios es sobreadundante, derrochador, espléndido cuando se trata de regalarse, de donarse, de amarnos.

Nos invita a una mesa donde no falta de nada, donde todos nuestros sentidos se sacian y donde nuestra sed y nuestro hambre quedan calmados. Una mesa bien puesta, preparada con cariño, que no con lujo.

No seamos cutres. Con el corazón, digo. Aceptemos. ¿O el orgullo nos puede? ¿O no nos sentimos merecedores? ¿O no queremos ceder protagonismo? ¿O es que te crees el anfitrión de algo?

¿La mesa? Bonita. ¿Comida? Deliciosa. Y la compañía real de los otros, y de nuestras miserias, y de nuestras pobrezas, y de nuestros pobres, y de las necesidades tuyas y mías. Todos y todo. Hasta que quedemos saciados.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Martes I Adviento 2019 (Lc 10,21-24)

¿Alguna vez has pensado todo lo que has visto y oído y aprendido a lo largo de tu vida? ¿Alguna vez has pensado en la bendición que ha supuesto para tu vida que alguien te hablara de Jesús en la infancia, en tu adolescencia, en tu juventud, en tu adultez?

¿Alguna vez has dado gracias por las personas que te han enseñado, por los retiros espirituales a los que has asistido, por las Pascuas que has celebrado, por las experiencias que otros montaron y que tú disfrustaste y que te han ido configurando?

Bendito sea yo, Padre, por todo eso, por las oportunidades que he tenido de conocerte, de verte, de escucharte, gracias a otros. Bendito sea yo, Padre, porque otros no han podido.

Nunca dejes de enviar a mi lado a personas que sean testimonio tuyo para mi vida.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Lunes I Adviento 2019 (Mt 8,5-11)

Se acercó a Jesús con confianza.
Reconoció en Jesús al Señor.
Depositó en Él su confianza y su esperanza.
Y puso a sus pies la necesidad de otro.

Pidió por su criado, pequeño a su lado.
Salió de sí por él, pese a las habladurías.
Se despojó de su dignidad y autoridad.
Y conociendo sus dolencias, rogó por su curación.

Y yo hoy…

¿Me acerco a Jesús con confianza?
¿Reconozco en Él al Señor?
¿Deposito en Él mi confianza y mi esperanza?

¿Qué otros, a mi alrededor, están sufriendo? ¿Quiénes están dolidos? ¿Quiénes enfermos? ¿Quiénes necesitan a Jesús en sus vidas?

Quiero ser mediador, como el centurión, para acercar a Jesús a la vida de tantos que le necesitan.

Un abrazo fraterno – @scasanovam



Lo que no me sobra (Lc 21,1-4)

No me sobra el tiempo.
No me sobran fuerzas al final del día de trabajo.
No me sobra el dinero.
No me sobra la fe en mí mismo.
No me sobra la autocrítica.

Y eso es lo que debo dar. Tiempo. Fuerzas. Dinero. Descentramiento de mí mismo.

Tiempo para dedicar a mis hijos, a mi mujer, a mi comunidad, a los compañeros que necesitan mi aliento, mi compañía, a los alumnos y alumnas que necesitan escucha.

Fuerzas para empujar al que está en un momento de debilidad, de indefensión, para cargar con el que no puede dar un paso más en su camino.

Dinero para que otros puedan aspirar a una vida como la mía, para los que han tenido la mala suerte de nacer en un lugar sin oportunidades, para los que han sufrido y se han quedado sin nada.

Y salida de mí mismo. Arriesgarme. Salir. Y jugarme la vida sin miedo, aún cuando no hay seguridades.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Reconocer (Lc 19,41-44)

Nos atrincheramos en nuestros prejuicios.
Nos atrincheramos en nuestros complejos.
Nos atrincheramos en nuestros fracasos.
Nos atrincheramos en nuestros planes y sueños.

Nos atrincheramos en nuestras prisas y urgencias.
Nos atrincheramos en nuestras verdades a medias.
Nos atrincheramos en nuestros selfies vacíos.
Nos atrincheramos sintiendo que el otro nos asedia.

Y no reconocemos tu rostro.
Y no reconocemos la belleza que nos rodea.
Y miramos, buscando,
lo que de verdad deja huella.
Y anhelamos, y pedimos, y esperamos.
Suplicamos en la noche,
despertamos con reproches.

Reconocer, Señor. Eso nos falta.
Reconocer lo que somos. Reconocer quién eres, dónde habitas.
Reconocerte. De eso se trata.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Rico pero sediento (Lc 19,1-10)

El dinero ayuda, sí. Muchos dicen eso para no descartar lo importante que es tener cubiertas las necesidades básicas. Ayuda, sin duda. Pero el dinero no genera felicidad en sí mismo. La felicidad llega por otros caminos.

No sé si has sentido alguna vez esa sed que te revuelve por dentro. Es la sed del corazón. Puedes tenerlo todo, puedes estar rodeado de buena gente, puedes tener un magnífico trabajo. Aún así no estás bien. Es la sed que brota de dentro, del rincón de uno que aspira a la eternidad.

Zaqueo tenía esa sed. Ese algo que le recordaba cada día, al levantarse, que, pese a su vida acomodada, le faltaba algo. Buscó a Jesús. Lo encontró. Y su corazón, al fin, pudo descansar.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Cuéntales que Jesús pasa (Lc 18, 35-43)

No es fácil para alguien que no ve, enterarse de lo que pasa a su alrededor. Es así. Cuando has perdido la capacidad de afrontar la realidad, cuando te sientes perdido, cuando la oscuridad es el horizonte que percibes… sólo oyes jaleo o silencio.

Por eso son importantes las voces que se acercan y te dicen: «Pasa Jesús». Ese Jesús al que nunca reconocerías. Ese Jesús al que nunca percibirías. Ese Jesús que va haciendo camino mientras tú estás ahí, quieto, en el arcén. Esas voces pueden cambiarte la vida. Porque te ponen en movimiento, porque te sacan de tu quietud, porque disparan tu deseo de volver a ver. Son personas que saben que Jesús puede curarte.

¿Tienes de esas personas alrededor? ¿Eres guardián de los que han perdido la vista?

Un abrazo fraterno – @scasanovam