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Dudas de Pascua (Lc 24,35-48)

Que no, que no esto va de una fiesta de cumpleaños. La Pascua está impregnada de la alegría del Resucitado pero, como dice el Evangelio de hoy («como no acababan de creer por la alegría»), la alegría también puede estorbar en estos momentos.

A veces uno no sabe cómo afrontar la Pascua. Por un lado, parece que nada ha cambiado. El mundo sigue igual, mi vida sigue igual. No se han resuelto ni los problemas ni las dificultades. Por otro lado, parece que estamos obligados a creer y sentir que de repente todo se tiñe de rosa. Y también es molesta esa sensación de obligatorio jolgorio.

Descubrir a Jesús Resucitado, como bien nos muestra el Evangelio, es un proceso, un proceso en el que hay que ir acercándose a la vida de Jesús, al Reino anunciado, a la Cruz y, posteriormente, a la experiencia de la Resurrección, en la que Jesús nos regala su paz. No creo que sea algo de un día para otro. Posiblemente nos lleve media vida o la vida entera, enterarnos de cómo va esto y calmar las dudas que a veces surgen. Pues sin miedo. Ellos, los apóstoles, también lo tenían en su estupefacción. Que el Espíritu nos guíe.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

José creyó, contra toda esperanza (Rm 4,13.16-18)

La esperanza es una de las virtudes propias de la vida cristiana. Saber esperar en Dios, saber mirar el mundo con la certeza de que el Reino de >Dios ya ha comenzado y que, algún día, Dios lo consumará. Saber que el amor de Dios hace efecto sobre nuestra vida, antes o después. Claro que sí. ¿Pero qué sucede cuando a veces la fe no es apoyada por esa esperanza tan rica?

Abrahán y luego José son modelos de dos personas que creyeron contra toda esperanza. No fueron movidos por la convicción de estar seguros de que el futuro sería más prometedor que el presente sino que, desde una fe profunda, decidieron ponerse en camino con todas las dudas razonables que se cernían sobre una llamada de Dios llena de inseguridades, incógnitas y falta de claridades. Ni sabían dónde iban, ni para qué ni con qué objetivo.

Hoy, a ti y a mí, nos costaría funcionar como José. Vivimos en un mundo donde la seguridad es casi un valor supremo y donde la razón nos empujaría a «no cometer locuras». Es más, creo que incluso llegaríamos a la conclusión de que Dios no nos pediría nunca nada irracional. Pues bien, miremos a José, hoy, en su día, y cuestionémonos ante un hombre que creyó contra toda esperanza.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

No es con nuestras fuerzas… (Mc 5,21-43)

Dos milagros nos relata hoy el Evangelio. Dos curaciones que acontecen en el día a día de dos personas enfermas. ¿Tan diferentes eran a nosotros? ¡Ni mucho menos! Yo me reconozco enfermo también. Incapaz de curar alguno de mis males: la exigencia a los demás, la falta de ternura, la falta de empatía… Enfermedades que me hacen daño a mí al ver el destrozo que causan entre los que me rodean.

¡Esfuérzate en corregirlo! Eso me dicen a veces y eso me repito yo muchas noches. Pero hoy, en la Palabra, descubro también a dos personas que, pese a intentarlo, no pudieron sanarse a sí mismos. Y es entonces cuando acuden a Jesús. Y el milagro acontece.

Porque el milagro no es magia. El milagro es el acontecimiento de la fuerza de Dios en nuestras vidas, es el resultado de poner nuestras vidas y sus carencias en manos del Señor. Es ir y decirle que no podemos solos, que hay cosas que no funcionan y que queremos sanarlas.

¡Patrañas dirán algunos! Bueno… ¿tengo fe o no? Esta es la pregunta. La gran pregunta…

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Solos en medio del lago (Mc 6,45-52)

He leído el Evangelio de hoy varias veces, para intentar captar algo más allá de lo de siempre. Cosas que le dan a uno de vez en cuando… Y me fijé en un detalle que, hasta ahora, me había pasado desapercibido.

Venimos de la multiplicación de los panes y los peces. Los discípulos tienen que estar extrañadísimos. Como diríamos hoy, «lo tienen que estar flipando». De cinco panes y dos peces, de una situación de aparente precariedad, acaban recogiéndose canastos con las sobras. Impacto total. Jesús, que conoce muy bien (porque lo ha aprendido de su madre) que las cosas de Dios deben ser pasadas por el corazón, apremia a los discípulos a adelantarse en la barca. O sea, el propio Jesús, de alguna manera, les invita a vivir una experiencia de silencio, de rumiar lo vivido, de encontrar sentido a lo que había pasado,, de situar su propia figura en sus vidas… Dios nos procura también experiencias de soledad, de desierto, de dificultad…

¿Y qué sucede en ese tiempo? Que sobreviene la tempestad y que es sólo la presencia de Jesús la que, sin intervenir directamente, nos llena el corazón de ánimo, de esperanza, de fe. Con Jesús en medio, todo es posible. Jesús calma, multiplica, sostiene, fortalece, nos lanza a la comunidad y, en ella, nos invita a asumir riesgos, sabiendo que Él siempre está ahí, aunque a veces no lo reconozcamos y lo confundamos.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Estudiantes y centuriones – I Lunes Adviento 2018 – (Mt 8,5-11)

Todo estudiante es un guerrero de la época moderna. Porque la guerra contra la ignorancia, la manipulación, el analfabetismo, la incultura y el infantilismo mental, es una de las guerras más dignas e importantes que toda persona debe luchar. Sé que estás cansado de estudiar tanto. Sé que muchas veces te preguntas, para qué necesita una chica como tú tanto tostón de datos que acabarán en la basura del olvido. Sé que, muchas veces, minusvaloras lo que esta lucha te está enseñando, más allá de exámenes, asignaturas, carreras y oposiciones.

«Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho»

Y en toda guerra hay heridas, sufrimientos, pérdidas y dolor. Lo sabía el centurión del Evangelio y lo sabes tú. A veces algo que consideras imprescindible para poder vivir, se cae, enferma, se resiente. Todos tenemos nuestros criados particulares. Son aquellas personas, aquellas circunstancias, aquellas condiciones… que nos permiten estar por encima del trabajo sucio de cada día, que nos permiten no bajar al barro y seguir en nuestras guerras, en nuestras tareas, en nuestras ocupaciones. Descubrirnos sin ellas, sin ellos, sin ello… nos hace sentir vulnerables. Porque sin criados, las cosas no funcionan. Y eso nos bloquea, nos paraliza, nos asusta; por mucho centurión que seamos, por muchos galones que llevemos, por mucha edad que tengamos, por muchos dieces que saquemos.

«No soy digno de que entres bajo mi techo»

El #Adviento es el tiempo en el que se nos invita a reconocer que necesitamos al criado, al otro, incluso a aquel que está descartado. Es tiempo de reconocer que más allá de nuestros estudios y nuestras batallas, me juego la vida con el otro y que el mundo necesita de todos. Es un tiempo para levantar la mirada de mis libros, de mis apuntes, y fijarla en aquellos que me sostienen, que se esfuerzan porque yo puedo seguir aquí. Es luchar contra la soberbia del buen estudiante, que sólo vive para su éxito; y contra la dejadez del que se piensa que sin disciplina y orden, las cosas pueden salir adelante. Esto trasciende la fe y las creencias. Desde luego, te invito a volver a descubrir en Jesús a alguien a quién acudir cuando la vida se tuerce. No nace para interrogarte ni para juzgarte. Viene a tu vida a sanar lo que ha enfermado, a poner orden en el caos, a propiciar que tú puedas ser lo que eres.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Los milagros del día a día (Mt 11,20-24)

Leo en el fragmento de Isaías de hoy: «Si no creéis, no subsistiréis» y luego leo el Evangelio, con un Jesús intentando explicar por qué en algunos sitios se percibe el milagro y el milagro les lleva a la conversión y por qué en otros no hay conversión porque no se percibe el milagro. Jesús, desde luego, no hacía un sorteo al estilo FIFA para ver en qué lugares hacía milagros y en cuáles no. Él simplemente iba, estaba, acompañaba, predicaba, quería, curaba… y las circunstancias cambiaban a su alrededor.

La fe es un presupuesto para los milagros. El que no quiere ver, no ve. El que no quiere oír, no oye. Jesús no es un mago que viene, hace cinco truquitos y se va. Para eso ya tenemos al Mago pop o a Harry Potter. Esto no se trata de truquitos que nos forzarían a creer sin más remedio. Se trata de agudizar los sentidos y el corazón y de ser capaces de comprobar que allí donde Jesús está en medio, se genera una corriente que transforma la realidad.

Los milagros suceden día a día a nuestro alrededor. Compruebo como cuando me levanto y pongo mi día en manos de Jesús, las cosas parecen salirme mejor. Compruebo como cuando en las familias alguien pone a Jesús en medio, las situaciones enquistadas se deshacen. Compruebo como cuando uno es capaz de pedir perdón y de perdonar, se abre una puerta cerrada hasta entonces. Compruebo como cuando uno confía en el Señor y apuesta su vida, no cae en el abismo. Compruebo como cuando la enfermedad acecha, con Jesús en medio, la paz y la serenidad son capaces de guiar a los enfermos en sus familias. Compruebo como cuando miro a la naturaleza y me dejo sorprender por el sol, por el mar, por las estrellas, por el viento, por los animales… me siento parte de un todo que nos ha sido regalado y llego a sentirme pleno aunque sea por unos instantes.

Vete al baño. Lávate la cara. Reza un poco. Pide ver. Pide oír. Y celebra los milagros que suceden a tu alrededor. Y que ellos te lleven a transformar tu vida.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Si miras adelante, no hay lugar para el miedo (Mt 10,24-33)

No es lo mismo afrontar el presente confiando en un futuro de salvación y plenitud que afrontarlo viendo sólo un precipicio que nos espera, altanero, al final de nuestros días. No es lo mismo. Y es que es la esperanza en que la victoria es segura y en que Cristo nos espera con los brazos abiertos para llevarnos a una felicidad plena, lo que nos da una fuerza que vence todo miedo.

La esperanza en que esta vida no es el final nos anima a vivir nuestros días sin la pesada carga de lo definitivo. Sin miedo. Nos anima a aprovechar cada instante y a afrontar el dolor, el sufrimiento y la muerte con la certeza de que algo mejor nos espera, de que estas realidades son pasajeras.

Por eso vivir la vida siendo fiel a nosotros mismos y a nuestros principios y a nuestra fe, se convierte en algo irrenunciable. ¡Que el miedo no nos haga flaquear y vendernos al mejor postor o a aquellos que nos agobian, nos cercan, nos presionan y, a la postre, nos destruyen! El Señor nos da la energía suficiente y necesaria. No nos abandona nunca ni en la prueba ni en la dificultad. No nos deja. Seamos valientes. Practiquemos el maravilloso y placentero de vivir caminando ligero de equipaje. Libres. Ágiles. Sencillos.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Es posible la relación personal con Dios sin la comunidad? (Jn 20,24-29)

Es difícil tener experiencia de Jesús Resucitado apartado de la comunidad creyente. Eso es lo que le pasó a Tomás y lo que, hoy, le pasa a tantos que, alejados de la Iglesia, pretenden mantener su fe firme y sus convicciones inquebrantables. Pues no es posible. Cuanto más te alejas de la Iglesia, más fácil es que dejes de tener al Señor en tu vida, más difícil sostener una relación.

En una época como la que vivimos, caracterizada por la dictadura del individualismo y del «yo puedo» por encima de todo, conviene recalcar la idea de que detrás de todo ello hay una trampa ciertamente sutil. Claro que Dios establece una relación personal con cada uno de nosotros. En el Evangelio de hoy también se ve: Jesús hace proceso con Tomás y la manera en la que se tratan es diferente al resto, porque Jesús sabe que Tomás es único y que necesita de una relación diferente a la que tiene con Pedro o con Santiago o con Juan. Pero esa relación personal no debe llevarnos a pensar que es posible vivir al Resucitado al margen de la comunidad.

Es en la comunidad donde somos capaces de «ver» y «oír» al Maestro. Es en la comunidad donde le reconocemos en medio de nuestra vida. Es en la comunidad donde encontramos respuestas que calman nuestra sed, donde encontramos la paz que nos regala Cristo.

No son tiempos para francotiradores creyentes. Son tiempos de Iglesia, con sus defectos y sus carencias. Construyamos auténticas comunidades eclesiales de fe y el Señor iluminará nuestra existencia.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Cuando el dolor golpea fuerte (Mt 8,5-17)

Cuando el dolor golpea fuerte, cuesta ponerse en pie. Una mezcla de falta de entendimiento, de turbación, de rabia, de tristeza, de fragilidad… lo ocupa todo. Es como si el corazón se tornara negro en un momento y rezumara humo del vacío que se quema adentro. En situaciones así, cuesta dar palabras de aliento. Tal vez el silencio y la mano tendida sean más eficaces que lo que a la boca se le puede ocurrir.

Han sido horas difíciles en el entorno de las Escuelas Pías Betania. Se nos ha ido un joven, un alumno, un hijo, un hermano, un amigo, un compañero. Así, de repente, como una bomba sin piedad que explota y se lo lleva todo a su paso, sin esperarlo. Deja un vacío que no se llenará nunca. En muchos. Y en este momento, recibo el evangelio de hoy y necesito repetirme la última frase: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades». La repito una y otra vez. Tal vez para escapar de la tentación de ver en Dios al culpable del sin sentido y, en cambio, ver en Él a aquel que carga en estos momentos con un sufrimiento tan grande. Y la completo: Él habitará los vacíos que el amor nos deja.

Es la hora de la FE. Es momento de creer y de mirar a Jesús cara a cara, de acudir a Él como aquel centurión romano que sabía a quién le pedía ayuda. Es momento de dejarnos sostener, de abandonarnos, de caer. No tengamos miedo de caer. Hay alguien que nos recogerá y cargará con nosotros. Y nos acariciará. Y nos alimentará. Y nos insuflará su Espíritu hasta que seamos capaces de volver a sostenernos en pie de nuevo.

Y tú, que ya estás a su lado, cuídanos. Háblale bien de nosotros. Protégenos. Y prepara la eternidad para cuando volvamos a vernos. Y entonces la alegría no nos cabrá en el pecho.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

El versículo que marca una vida (Mt 6,24-34)

«Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia;
lo demás se os dará por añadidura.»

Este versículo del Evangelio de hoy es la máxima de mi vida. Es el versículo que todos elegimos de la Biblia. Lo que me tatuaría en un brazo. La Palabra que llevo grabada en mi corazón. El viento que me empuja, el bastón que me sostiene. Me lo creo. Me lo creo. Y desde aquí, muevo mi existencia.

Es una maravilla vivir sabiendo que Dios te sostiene si tú le buscas y acoges el Reino que el vino a traer. Todo es de repente más sencillo. Las preocupaciones bajan. Acoger el don del Resucitado sólo pide fe. Y yo me lo creo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam