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Y tras la Navidad… martirio (Mateo 10, 17-22)

martirioVaya baño de realidad. Entre luces, villancicos, niño, bolitas del árbol y comidas excesivas… ¡toma chasco! Si alguien estaba haciendo uso de la Navidad para vivir en un mundo happy y descansar en la ensoñación maravillosa de la ilusión y el amor universal… el día de hoy le devolverá brutalmente a la realidad más cruel y dolorosa.

Ese Niño al que adoramos es motivo de confrontación. Sus planteamientos traen problemas. Su propuesta genera incomodidad en muchos. La Verdad no es placentera en el mundo. Cuando me acerco estos días al altar, después de la misa; cuando me acerco a recibir la comunión, digo SÍ a todo esto. No voy a darle un besito al Niño para hacerle cosquillas y cantar juntos el «Dime niño de quién eres». No. Voy a ponerme a sus pies y a ofrecerle lo mejor que tengo para ayudarle a salir adelante, a llevarlo al mundo, a anunciar su salvación, a amar a los más excluidos…

Baño de realidad post-navideño. Seguramente, muy necesario.

Un abrazo fraterno

Se le cumplió el tiempo del parto (Lc 1,57-66)

Me ilumina enormemente la Palabra de hoy. Tal vez también a mi me ha llegado el tiempo del parto. Esta va a ser mi Navidad. Lo que Dios había gestado en mi, y sigue gestando, empieza a empujar con fuerza queriendo salir. No sé si ya he roto aguas o sólo estoy en los días previos, cuando las contracciones empiezan a dar buenos meneos. Lo que parece claro es que empiezo a sentir que es momento de dar a luz, de parir a la luz de Dios que llevo en mi.

Un parto es doloroso pero, a la vez, la mayor experiencia de creación que Dios ha podido regalar a los hombres. Parir es romperte, vaciarte, entregarte, es perder y ganar, es multiplicar.

Esta es mi Navidad. Atento al rumor de los vientos que llegan con el Cristo que nace. Pobre. Temeroso. A flor de piel. A la escucha. Lleno de Dios.

Un abrazo fraterno

Él es mi auxilio y mi escudo (Sal 32)

En la línea de mis sentimientos de estos días recibo hoy con gozo el salmo 32. Ese final lleno de confianza en el Padre y en sus proyectos me anima a buscar la verdad de mi vida y a no tener miedo de apostar por aquello qu discierna «de Dios para mi». Sé que toda mi fuerza radica en Él y que mi vida está en sus manos. No porque Él la manoje a su antojo sino porque la sostiene en las consecuencias de mi libertad.

Estamos ya en la semana de Navidad y la espero con ganas. El domingo ya está en el horizonte. Tengo ganas de ir a Coruña con los míos.

Un abrazo fraterno