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Retirarse (Mc 3,7-12)

Sí, Jesús se retiraba.
Sí, Jesús buscaba momentos de silencio.
Sí, Jesús buscaba y tenía momentos de oración personal.
Sí, Jesús buscaba momentos y espacios de soledad.
Sí, Jesús supo valorar el descanso.
Sí, Jesús nos enseñó que la misión sin oración se convierte en otra cosa.

Busquemos también esos momentos. Paremos. Frenemos nuestra actividad diaria. Eso no menoscaba la misión. A mayor necesidad del prójimo, a mayor muchedumbre que nos necesita; mayor es nuestra necesidad de coger fuerzas, de sabernos enviados por el Padre, de descubrir que le necesitamos, de purificar nuestras intenciones. de hacer silencio. No nos dé miedo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

La luz que brota del silencio (Lc 8,16-18)

Estoy atravesando, en palabras de mi acompañante, un momento importante de mi vida, muy bonito pero muy duro. ¿Seré capaz de estar a la altura?

Leo en el Evangelio de hoy que nadie enciende un candil y lo tapa o lo mete debajo de la cama. Yo a veces me siento así. Me siento candil tapado. Y es aquí donde estoy. En el momento de la transformación. «El silencio abre horizontes» me dijo ella, mi acompañante. Y me lo creo. Otra cosa es que me sea sencillo hacerlo vida. Porque para mí callar es vivir tapado. Es momento de descubrir que el silencio también puede ser luz radiante.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Un Reino nada espectacular (Lc 17,20-25)

Reconozco que, conociéndome, me encantaría que el Reino de Dios se hiciera presente de manera más contundente y espectacular. Hace poco compartía con mi acompañante los pros y contras de vivir la vida con un alto grado de épica. Es muy emocionante, sí, pero a la vez olvida el valor de lo pequeño, de lo invisible, del día a día.

Hemos hecho del seguimiento de Jesús, tantas veces a lo largo de la historia, algo tan grande… Hemos construido grandes catedrales, inmensos monasterios; hemos coronado a emperadores y hemos gobernados territorios; muchos se consideran príncipes de la Iglesia y, otros tantos, han utilizado el mensaje del Señor para imponer sus criterios. Hemos hecho de la liturgia muchas veces un escaparte de ornamentos valiosos. Hemos elevado hasta el infinito la humanidad de los santos y del mismo Cristo. En definitiva, nos hemos olvidado muchas veces del Evangelio de hoy.

En mi vida pasa igual. Valoro enormemente los grandes momentos, las grandes ocasiones y olvido, sin quererlo, la pequeña rutina diaria, donde el Reino se manifiesta en casa y en la maravilla de la diferencia de cada uno.

Te pido Señor gafas de cerca. De lejos veo bien. Tal vez demasiado. Necesita fijar la vista en lo que tengo más a mano. Descubrirte también en mí, pese a mis imperfecciones, fracasos y frustraciones. Necesito que las luces del escenario se apaguen y que hablemos cara a cara en la intimidad del camerino.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Oración sin muchas palabras (Mt 6,7-15)

Sin muchas palabras… pero con sentido. Esto último parece la letra pequeña de la frase que Jesús dirige a sus amigos hablándoles de la oración. Jesús sabe que la oración más usual es la de petición. Jesús sabe que cuando las cosas nos van bien no solemos rezar pero que cuando algo malo nos acecha… entonces nos acordamos de Dios.

No han cambiado muchas cosas. La gente reza cuando necesita algo. Se acuerda de Dios cuando se sabe criatura desatendida, en peligro, herida, sufriente… Y el Padre siempre está ahí. Eso es lo que viene a decirnos Jesús. Que Dios no está más o menos presente, ni cuida más o menos a sus hijos en función de si estos rezan 4 ó 5 avemarías o 4 ó 5 padrenuestros.

Jesús nos propone algo más de intimidad. Nos propone una oración que se parece más bien a un encuentro de pareja, juntos desde hace ya tiempo, que han visto madurar su amor. No tienen que repetirse cada 5 minutos que se quieren. Ya lo saben. Se lo han demostrado el uno al otro. Han pasado esa fase. Simplemente quieren estar juntos, descansar el uno en el otro. Saben cómo ha ido simplemente mirándose a los ojos y saben que un abrazo cura más que mil discursos.

No sé cómo es vuestra oración pero yo necesito más ratos de esos. Más ratos de parar y dedicarle cinco o diez minutos al Amor de mi vida. Simplemente para estar juntos, para sabernos cerca, para mirarnos a los ojos. Una oración sencilla, silenciosa, madura y llena de amor. Esas oraciones…

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Hay días en los que cuesta entenderte, Padre

Tremendamente complicado se me hace hoy rezar con las lecturas del día. Hay días que, bien porque la Palabra se hace más árida, bien porque uno no está igual de «sintonizado», se hace más complicado entender lo que el Padre nos quiere decir.

Hay días que amanecen grises. Hoy es uno de ellos. Así que lo único que puedo ofrecer es mi silencio, mi presencia humilde y mi decisión de ponerme en manos del Señor aún cuando no entiendo demasiado.

Así sea.

Recogido y admirado (Lucas 11, 15-26)

Hoy me postro de rodillas ante el Señor y me pongo delante de Él sin ser capaz de interiorizar adecuadamente la Palabra. El Evangelio se me hace tan difícil… misterioso… Lo acojo desde mi pequeñez y le pido a Dios que, el mero hecho de leer la Palabra, haga luz en mi oscuridad.

Desde que me levanté ronda por mi mente una persona, con la que creo haber soñado, y es como si hoy tuviera que tenerla especialmente presente. Cosas del Señor. Yo la traigo aquí conmigo, en mi oración. La cojo de la mano y la acerco. Tal vez lo necesite, tal vez sea yo quién necesite del calor de su compañía, del fragor de su fe, de su gran pequeñez.

Como ves, Padre, hoy es día de silencio, de admiración, de humildad, de mirada y no de palabra. Hoy es día de recogimiento y de gestos. Así lo siento.

Un abrazo fraterno

entretusmanos

Salgamos… y recemos. De Moisés a Francisco. (Éxodo 32, 15-24. 30-34)

La verdad es que leer la historia de esclavitud del pueblo de Israel en Egipto, la llegada de Moisés, la salida del pueblo, su deambular por el desierto, la acción protectora de Dios en el camino… y encontrarse con el pasaje de hoy… es duro. Yo me pregunto si yo también seré igual. ¿Seré igual? Posiblemente.3519216197_14b97ce71a

¿Cómo puede un pueblo al que Dios mismo se le ha manifestado, un pueblo que ha sido liberado, un pueblo que ha sido guiado y protegido, que ha visto prodigios realizados por la mano del Señor Dios… ser de memoria tan frágil? ¿Cómo puede hacer desaparecer todo eso de un plumazo y construirse nuevos ídolos a los que adorar? ¿Cómo, personas buenas y justas, pueden perder la cabeza y crear dioses paganos de oro?

La espera, el silencio de Dios, la pérdida de intensidad en su fe, su inmadurez… Moisés desaparece y el Dios al que siguen se calla. Es un momento de espera, de pausa, de estar a medio camino en terreno desconocido. Momento peligroso. Ya no hay nadie que dirija, ni que guíe, ni que ordene, ni que imponga su criterio… y el pueblo demuestra no estar maduro en su relación con Dios. Le molesta encontrarse a solas con su propio camino, con su propia llamada, con su propia respuesta. Momento peligroso. Y cae en la tentación. La tentación de buscar respuestas en otros sitios, de seguir a otros líderes, de poner las esperanzas en aquello que me cautiva los ojos, que me devuelve el fervor, que me hace sentir cuidado. Que eso sea ficticio y mentira, en el fondo, da igual.

Es un claro aviso a todos. ¡Qué fácil es caminar y dar respuesta cuando hay alguien que dice por dónde ir, cómo responder! ¡Qué emocionante es ver y sentir que Dios me llama, que me sale al encuentro, que me protege, que realiza «milagros» por mi! ¡Qué fácil es dejarlo todo y ponerse en camino de una tierra prometida cuando uno vive esclavo, asediado, agotado, cansado, machacado! Pero… ¿qué pasa cuando dejan de pasar cosas? ¿Qué pasa cuando llega el silencio, la quietud, la impertinente calma? ¿Qué pasa cuando desaparece el apasionado enamoramiento y llegan los momentos más áridos del amor? ¿Qué pasa cuando la tierra prometida no llega y uno no sabe muy bien ni dónde se encuentra ni qué se pide de Él? ¿Qué pasa cuando nadie guía? ¡¡Atención aquí!! ¡¡STOP!! ¡¡Peligro!!

El Papa nos ha reiterado una y otra vez que salgamos, que no tengamos miedo. Pongámonos en manos del Señor y cultivemos nuestra relación con Él. El peligro llegará, como le llegó a Israel, y, entonces, habrá que estar a la altura del Dios que nos salva. Tal vez Israel se dejó llevar sin acabar de dejarse traspasar por la llamada liberadora. No nos puede pasar igual.

Un abrazo fraterno

Si quieres puedes limpiarme (Lucas 5, 12-16)

hands-clasped-in-prayer7Un hombre, que se sabía enfermo, suplicó a Jesús su curación. Era, tal vez, su última baza, su oportunidad. Y aún así, reconoció la autoridad de Jesús y le colocó el «si quieres» en la súplica.

¿Es que podía no haberlo curado? ¿Había esa posibilidad? Posiblemente sí.

El día a día está lleno de personas que sufren y que, con seguridad, suplican al Padre el cese de sus sufrimientos. Y el silencio de Dios en esa parte de sus vidas es desolador. Sus designios son, a veces, misteriosos e incomprensibles. Por eso no voy a ser tan ingenuo de pensar en mi oración que todo lo que le pido al Señor, va a suceder. No siempre es así.

Estas son las dos cosas que guardo en mi corazón en la oración de esta mañana: saberme necesitado de la acción de Jesús en mi vida y saber, al menos de cabeza, que mis súplicas pueden no encontrar una respuesta aparente en el misterio de Dios. Que el Señor me ayude a crecer en todo esto.

Un abrazo fraterno

¿Por qué nos escondes tu rostro y olvidas nuestra desgracia ? (Sal 43)

La primera lectura de hoy nos habla de un pueblo derrotado, machacado incluso tras parapetarse tras el arca sagrada. Un pueblo que clama antes el silencio del Señor.

Hoy veo las imágenes del terrible terremoto de Haití y también descubro un silencio de Dios duro de tragar. ¿Por qué? ¿Por qué a los más pobres? ¿Por qué esa desgracia? ¿Por qué esa brutalidad? Los aviones de ayuda no pueden aterrizar, el caos es total, las epidemias empiezan a campar a sus anchas, los cadáveres se amontonan y la ciudad se ha venido literalmente abajo. Padre… ¿por qué? ¿Por qué ese sufrimiento tan terrible? ¿Por qué siempre a los mismos?

Hoy toca tragar saliva y confiar, aunque no se entienda nada.

Un abrazo fraterno

Se me conmueven las entrañas (Os 11, 1-4.8c-9)

Mi oración de hoy, inspirada por estas impresionantes palabras de Dios, clama al Padre ante los dramas humanos que cada día inundan nuestras televisiones. Las historias de las pateras, de los inmigrantes muertos en el mar, no cesan. Se siente ese silencio de Dios tan inquietante ante estas catástrofes.

Pero Dios no calla. Habla. Y hoy lo hace de manera clara. A Dios se le rompe el corazón. Él mismo lo dice. Dios se inclina ante el hombre, ante el sufriente, y le da de comer. Encolerizado responde con amor. Dios no calla. Su tristeza es su gran grito.

Me parece cojonudo que en el Congreso se aprueben los derechos de los primates. Seguro que a partir de ahora a ningún mono se le toca el pelo. Han tenido más suerte que algunos…

Un abrazo fraterno