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¿Quiénes son alimento para mí? (Mt 14,13-21)

Más allá de la Eucaristía que, evidentemente, es el mismo Cristo, creo que es bueno que, a la luz del Evangelio de hoy, pensemos quiénes son aquellos y aquellas que han sido alimento para nosotros en nuestra vida. ¿Qué personas nos han «dado de comer» en algún momento y nos han permitido crecer, seguir caminando, saciar nuestra hambre?

No siempre en mi vida me alimento bien, Señor, Tú lo sabes. A veces busco la «fast food» espiritual y me trago lo que me proporciona placer y satisfacción inmediata, aún sabiendo que, a la larga, no es bueno para mi espíritu. A la vez, Padre, reconozco en mi vida a muchas personas que son alimento bueno para mí. Tengo amistades sólidas y valiosas, que me acompañan, me conocen y me quieren en verdad. Tengo esposa, hijos, padres… una familia magnífica que me acoge con todas mis miserias, me perdona y me ama. Tengo compañeros de misión en el camino de la fe, laicos y religiosos, una comunidad, que reza conmigo, que me aportan sus testimonio, que son ejemplo para mí… Todos ellos consiguen mantener mi alma en justa tensión y compensar la comida rápida que llena mucho y aprovecha poco.

Ojalá yo, Señor, sea también proveedor de buen alimento para muchos.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Martes I Adviento 2019 (Lc 10,21-24)

¿Alguna vez has pensado todo lo que has visto y oído y aprendido a lo largo de tu vida? ¿Alguna vez has pensado en la bendición que ha supuesto para tu vida que alguien te hablara de Jesús en la infancia, en tu adolescencia, en tu juventud, en tu adultez?

¿Alguna vez has dado gracias por las personas que te han enseñado, por los retiros espirituales a los que has asistido, por las Pascuas que has celebrado, por las experiencias que otros montaron y que tú disfrustaste y que te han ido configurando?

Bendito sea yo, Padre, por todo eso, por las oportunidades que he tenido de conocerte, de verte, de escucharte, gracias a otros. Bendito sea yo, Padre, porque otros no han podido.

Nunca dejes de enviar a mi lado a personas que sean testimonio tuyo para mi vida.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Qué quieres de nosotros, Jesús? (Mc 1, 21-28)

Es la reacción de alguien que lo oyó en la sinagoga y se revolvió. Y tuvo que gritárselo seguramente enojado, contrariado, inquieto.

A mi me surje el mismo grito y la misma inquietud cuando «le oigo» en la Palabra de muchos días, cuando «le oigo» en el testimonio de testigos del siglo XXI, cuando «le oigo» en la comunidad y en las necesidades que percibo en el mundo que me rodea. ¡¡¿QUÉ QUIERES DE MI, JESÚS NAZARENO?!!

Me cuesta un montón saberme en búsqueda. A la vez, miro atrás y descubro muchos pasos de compromiso: mi matrimonio, mis hijos, mi comunidad, mi compromiso con los jóvenes en la escuela Pía… Pero falta algo. Y muchas veces pienso que tal vez nadie me quite nunca esta sensación y que, tal vez, el secreto está en dar pasos pero quedándose siempre con  la certeza de que no es el último y de que Jesús nos espera para algo más. ¿Es ese el secreto Padre?

Mientras, intento vivir cada día mejor y más auténtico. Mañana he quedado con dos personas para plantearles algo nuevo. ¿Se abrirán nuevas puertas? Dejemos entrar al viento…

Un abrazo fraterno

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