Microrrelato musical 110

Tarde con amigos. Con Alicia y Jose me siento vivo. Cada viernes, por la tarde, explotamos el mundo, descubrimos planetas, saboreamos las cocinas del mundo y conocemos a personajes fantásticos, con los que viajamos a rincones mágicos aún sin destrozar por el ser humano. Y todo sin salir de casa. Sentados, en mi antiguo sofá rojo de casa, que mi madre quiso tirar hace dos años y que yo conseguí conservar a base de hacerle la vida imposible unos días. Sentados, con un mando cada uno, sentimos que vale la pena escapar, aunque no tengamos ni idea de adónde.

 

Microrrelato musical 109

No sigas. Levántate. Las migajas no están hechas para ti. En realidad, todos nos merecemos otra cosa. No sigas. Déjale. No te hace bien. No te quiere. Nadie te lo dice, por eso te lo digo yo. Déjale. Plántale cara a tu mierda de autoestima. Empieza a reconstruirte. Estás a tiempo. Pero aleja el veneno de tu vida, la mirada de desprecio, la palabra amenazante, la caricia abusadora.

Es tiempo de que te quieras. De una vez por todas.

¡Abuela! ¿Cómo se ve todo desde el cielo?

Hoy a las 7:30 de la mañana, mi tío ha llamado a mi madre para contarnos que la “yayina” (así la llamaba yo) nos había dejado. A sus 90 años, después de 14 con alzheimer, y tras unos días con complicaciones varias, ha llegado el momento de hacer el viaje más importante de su vida: dejar el mundo que la vio nacer y volver a casa.

Mi yayina se llamaba María. No podía tener otro nombre mejor. Ni mejor apellido materno: Dulcet. Pareciera que hubiera cursado algún máster intensivo con María, la Virgen, y que hubiera captado a la perfección de qué iba eso de ser esclava del Señor. La yayina era una persona dulce, muy dulce; de gesto grácil y elegante, comedido; más bien tímida y de prudencia virtuosa. Tenía gran sentido del humor, de risa amplia y buena amante de la música. Comía muy despacio y fue una auténtica maestra en vivir la vida a fuego lento. Licenciada en lo pequeño y artista del detalle cotidiano, supo encontrar la felicidad tras los rincones que, como mujer y madre y tía y abuela y bisabuela, le ofrecía cada día. La cocina era uno de lugares de encuentro con Jesús de Nazaret. Entre fogones, sartenes y cacerolas, supo ponerse al servicio de todos los que llenaban un hogar donde siempre hubo sitio para uno más. Recuerdo verla llegar del mercado, con el carro hasta los topes, feliz de tener tanto que hacer para tantos. También en el lavadero, subiendo las escaleras camino de la terraza, pasaba mucho tiempo, mezclando detergentes y suavizantes. Disfrutaba con la colada y con ese aroma a limpio llenaba luego cada pasillo por el que pasaba. Despistada en grado máximo, sabía reírse de sí misma. No la recuerdo preocupada, y lo estaría, ni enfadada, y lo estaría. Supo vivir la vida que se le regaló. ¿Hay mayor respuesta al amor de Dios? ¿Hay amor más grande que saber acoger el amor que se te da?

Yo soy su nieto mayor. Supimos disfrutarnos mutuamente. De pequeño, ella y mi avi me llevaban algún domingo con ellos a misa de 9 a la Catedral de Barcelona. Y con ellos visitaba cada año el Parque de Atracciones de Montjuïc, cerrado desde hace unos años. Supo, con mi abuelo, disfrutar de sus nietos desde que éramos pequeños. Sin grandes alaracas. Sin ruido. A su lado aprendí a amar los trenes y soñé con ser jefe de estación, de esos de gorra, bandera roja y silbato. Uno de los recuerdos más sólidos en mi memoria es llegar a la estación de Barcelona Sants, en el antiguo Estrella, en el vagón de coche-cama, con mi madre y mi hermano, con medio cuerpo fuera en la ventanilla bajada para saludar a mis abuelos, que esperaban en un andén sin tantas medidas de seguridad como hoy pero con mucha más humana cercanía. Siempre me defendió en las refriegas familiares y supo conectar con lo mejor que llevo dentro. Sin exigencias, sin condiciones, sin normas, respetándome al máximo, supo quererme como abuela. La lección que deja es lapidaria: si quieres que te quieran, empieza por querer tú.

El Evangelio de hoy, 18 de julio de 2018, habla muy bien de su fe. Una fe reservada a los pequeños, a los sencillos. Una fe tremendamente mariana, rumiada en el corazón, disponible sin entender mucho, volcada en amor, familiar, maternal y de gran esperanza. Fue teóloga del hogar y supo conocer a Dios y verle en cada uno de los acontecimientos que fue viviendo. En estos años de alzheimer, si de algo se acordaba, si algo decía, era su confianza total en Jesús y su esperanza en un cielo que debemos anhelar y esperar.

Por eso, yayina, hoy es un día triste pero lleno de esperanza y alegría. Ahí arriba vuelves a estar a tope. El alzheimer es cosa del pasado, tu viudedad terrena ha terminado y, junto al avi, a tus padres, a tus hermanos, a tus amigos, disfrutas ya de una merecida jubilación en el amor. ¿Cómo ha sido ese primer beso con el avi después de tantos años? ¿Hay también droguería Boter ahí arriba? ¡Conociendo a los Boter, no lo dudo! Seguro que el cielo ya huele a canelones y que te has hecho a tu nuevo hogar, lleno de gente. Seguro que vuelves a reír como antes y que ya habrás hecho migas con la Madre, tan parecida a ti. ¿Le has pasado ya tu receta del pollo asado? Y recuerda, en este Banquete te toca sentarte la primera, ¡qué cocine otro! ¿Es bonita la mesa del Banquete del Reino? Yo me la imagino como la nuestra… qué imaginación tengo… ¿Cómo se ve todo desde el cielo? ¡Ni una suite del Ritz tiene vistas mejores! La perspectiva es única. ¿Están las cosas tan mal como nos parece a los de aquí abajo? ¿A qué no? Yo creo que desde ahí es más fácil ver la luz… Aquí abajo a veces nos da la sombra y nos desorientamos. Ahora te toca cuidarnos y protegernos y guiarnos y seguir queriéndonos como hasta ahora.

Bueno yayina, me voy despidiendo. Lo hago en mi nombre y en nombre de los que están aquí conmigo. Para tus bisnietos también serás siempre la yayina. ¡Les he contado tantas cosas! Tu alzheimer te hizo perder mucha memoria pero no te preocupes. Tarea nuestra es transmitir, generación tras generación, quiénes somos, de dónde venimos y cuánto os debemos a los que nos habéis precedido. En eso, yo cumplo.

Gracias por habernos hecho mejores a todos. Molts petons yayi. Fins que ens tornem a veure.

El teu nét

Santi

 

Imagen de Dani Sigalat

MR 108

Recuerdo tu letra grande. Tus sobres decorados con cariño. Recuerdo la alegría al descubrir tus cartas en mi buzón. Lo recuerdo todo con mucho cariño. Me gustabas. Fuiste la primera chica que me hizo saber qué era eso de estar enamorado. Recuerdo algún paseo compartido, el sabor del helado frente a la piscina. Recuerdo la caricia del sol atlántico de atardecida. Recuerdo el balón de baloncesto, impulsado a canasta por tus rizos.

Ha pasado mucho pero aquí seguimos. Con hijos, trabajos, parejas, historias de idas y vueltas… buscando cada uno la felicidad en sus propios rincones. Seguimos siendo amigos. Tu letra ahora mide lo que el whatsapp decide y tus sobres se han transformado en notificaciones. La alegría al leerte es la misma. Y seguimos compartiendo paseos y helados y las caricias del sol atlántico treinta años más mayor…. Tus rizos siguen siendo mis rizos.

Qué bonito es mirarse y saberse conocido y reconocido y querido por los ojos amigos de enfrente. ¿A qué sí? Y qué bonito es regalar a nuestros hijos una amistad tan bonita como la de sus padres. Te quiero, amiga.

 

MR 107

El sol lleva calentando unos días. Las nubes blancas viajan lentamente a través de un mar azul que, a modo de edredón, arropa nuestros sueños más sencillos. La gente corre, ansiosa, camino del trabajo. Muchos caballeros aún con americana, pese a que sus caras reflejan ya un exceso de temperatura. Las jovencitas lucen piernas y abrazan al mundo tras minifaldas ligeras y llenas de color.

Alejado de la realidad que, en este momento, se estará viviendo en los despachos de ministro, en los quirófanos de hospital, en un puesto de fruto en algún mercado, en la sala de cualquier juzgado o en la oficina para renovación del DNI de una de las comisarías de la capital. Alejado de todo en este momento y, a la vez, formando parte de una vida que fluye y lo conecta todo. En el centro. Por un momento. Feliz. Sólo ahora.

Peter Pan, la nueva aventura de Escolatrio

Una vez más, la música rompió el silencio que precedía al aplauso. Los acordes de la famosa sintonía de Los Piratas del Caribe comenzaba a inundar cada uno de los corazones de los que, durante más de una hora, compartimos escenario y butaca, alma y piel. Nuevamente, lo habíamos vuelto a hacer.

Cristina me decía por la tarde si ya manejaba mejor mi tensión… Creo que sí, que estoy aprendiendo a disfrutar. Tal vez sea la tranquilidad de comprobar que, obra tras obra, tras el trabajo, el sufrimiento, el esfuerzo, siempre somos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos y bordarlo. Es verdad, podemos sacarle detalles, mejoras… sin duda, pero eso no debe oscurecer lo que tenemos entre manos.

Peter Pan no quiso hacerse mayor y nosotros, los Escolatrios, hemos descubierto que hay maneras de hacerse mayor tremendamente bellas y hermosas. Los Escolatrios hemos decidido hacernos mayores, claro que sí, pero sin lapidar al niño que cada uno de nosotros lleva dentro. Hemos encontrado una manera preciosa de recordarnos a nosotros mismos que todavía nos queda mucho por crecer y por dar, que todavía nos queda mucho por jugar, por divertirnos, por crear, por imaginar… Hemos descubierto que hacer teatro hace felices a los pequeños y que, también nosotros, encontramos, tras el telón, un lugar privilegiado donde encontrarnos con lo mejor de nosotros.

No es un secreto lo que nos ha costado esta obra. El comienzo fue estresante, agobiante y desorganizado. Mucho del caos por culpa de un servidor que, a veces, no encuentra la manera de servir como se requiere. Y entonces se puso en marcha una maquinaria asombrosa y, sin duda, privilegiada. La maquinaria que hace que la suma de los esfuerzos de cada uno consiga asombrosos milagros. Una maquinaria que permite cubrir carencias de unos con dotes de otros, que permite llegar a hoy con el orgullo intacto.

Tener a Manel aquí es muy importante para mí. Poder compartir con un hermano como él esto… es un regalo. Y verle ahí, dándolo todo, actuando lleno de pasión… No tiene precio… ¡Y lo guapetón que estaba hoy!

Qué bien quedó reflejada la casa de los Darling. Con sus camas, con sus edredones, sus estanterías llenas, su ventana decorada al detalle, su mesita y su jarrón… con una Nana que cautivó a los niños desde el comienzo, como sólo sabe hacer Rosana, ese manojo de rizos que nos lleva a todos a Nunca Jamás cada vez que se acerca. Una pareja sencilla, con un padre frío y calculador y una madre bella y dulce a la que Susana supo cargar también del dramatismo necesario. Con una Teresa magistral en el papel de Liza, demostrándose a sí misma que la vergüenza puede ir buscando nueva casa, que con ella tiene la batalla perdida. Y con tres niños, niños. Geniales en pijama John y Michael, que supieron complementarse a la perfección. Rocío, que sabe sacar siempre una energía vital que llena allí por donde pasa, y Sarai, que supo sacar al mejor John, mezcla de sobriedad y de sonrisa pícara al verse volar.

Los Niños Perdidos, enfundados en sus pieles, supieron encarnar muy bien esas infancias perdidas, esos “huérfanos” con padres de los que tanto hay por el mundo. Con un Poquito al que Javi dotó de una capacidad brutal para seguirse queriendo y salir adelante. Con un Lelo lleno de dulzura, con una Estíbaliz con más voz que nunca; con un Plumífero que me robó varias sonrisas a lo largo de la obra, con una Begoña desatada por el escenario, suelta, libre y con un desparpajo que ha ido creciendo obra tras obra; unos Gemelos sencillos y que en su sencillez no cometieron fallo, con una Elena que es capaz de sacar adelante lo que le echen y con Sandra, comedida, sensible y llena de ternura. Y Rizos… al que Belén supo sacar adelante con una serenidad envidiable, teniendo en cuenta que el humo pendía de la misma mano…

Que a Casandra le pegaba Tigridia estaba claro pero era difícil imaginarse una interpretación tan genial como la de hoy. India y jefa. Rebelde. Peleona. Hermosa y misteriosa a la par. Y a su lado Pantera. ¡Qué maquillaje Jenny! ¡Me encantó! Poco papel, poco texto, pero una presencia impactante. Los niños, como siempre, a gran altura. Creo que están viviendo una experiencia fantástica que ya se llevan en su diario vital. La experiencia de participar junto a personas maravillosas, padres incluidos, de un proyecto que les está ayudando a soltarse, a interpretar, a trabajar en equipo, a asumir compromisos, a darse a los demás…

Pero nadie llenó el escenario de estar tarde como el grupo de piratas. Sus apariciones garantizaron momentos trepidantes, simpáticos, llenos de detalles y guiños auténticos. ¿Seguro que estabais interpretando? Yo creo que algo de vosotros salió ahí a pasear… Cris Mullins sobrada, desatada, en su salsa, con piercing incluido. Qué grande eres. Sonsoles, Rosa, Vicky y Dori… a lo Iniesta… haciendo que pareciera fácil lo que no lo es: llenar el escenario de vida, de naturalidad, de piratas de verdad, con una imagen absolutamente brutal. Cris y Mª Ángeles… magistrales, con el loro Manolo incluido. Qué bien llevasteis los textos y los tiempos y qué bien os compenetrasteis con el jefe… ¡Y el cocodrilo! ¡Cuánto esperamos para ver ese cocodrilo! ¡Cuánto esperamos…. y cómo mereció la pena! ¡Genial Laura!

Andrés… me mola ese caminar de Garfio. Al final te lo creíste y salió un auténtico Garfio, mezcla de autoridad, de maldad y de ridícula torpeza. Con un papel muy bien aprendido tras haberlo ido haciendo mejor ensayo tras ensayo. Y qué quieres que te diga… con ese cuerpo y ese traje… imponente.

Lucía… qué miedo teníamos eh… qué miedo y qué bien al final. ¡Cuánto creciste del primer ensayo, de la primera lectura, a hoy! ¡Hasta te permitiste el lujo de hacer cosas que no te habían salido en ningún ensayo! Enhorabuena por el trabajo y el esfuerzo. Fuiste la mamá de todos los niños del escenario y de las butacas por un buen rato… y el orgullo de tu hija no tiene precio.

Y qué voy a decir de Peter… Peter… difícil el Peter que queríamos, difícil el Peter original… difícil pero conseguido. Un Peter bribón, chulito, desafiante, desagradable, juguetón, héroe, valiente y cobarde a la vez… ¡Qué difícil y qué bien lo hiciste! Se te veía el brillo en los ojos. El brillo de saber que había magia… el brillo de quien es un hada en sí misma….

No todos estábamos en escenario. Porque hay historias que se quedan de este lado del telón. Una iluminación espectacular la conseguida por Luis. Gracias maestro. Una música ejecutada a la perfección por Mario, nuevo fichaje Escolatrio. Esther dando a vida a Campanilla. Loreto poniendo la imagen y su creatividad al servicio. Noe, Raúl, Ángeles… apoyando en primera fila… ¡Cómo os echamos de menos! ¡Qué bonito es echaros de menos! Y Cou siempre a pie de palco, y Quique y el resto de parejas que ponen mucho de su parte para que nosotros podamos llegar aquí…

Orgulloso. Feliz. Contento. Agradecido. Y con ganas de irme a cenar con vosotros. Así termino el día. Y con ganas de seguir caminando a vuestro lado. Dejando que los años se caigan del calendario mientras nosotros, sencillamente, ponemos nuestro granito de arena para dejar a nuestros hijos un horizonte que valga la pena. Lo estamos consiguiendo.

Muchos besos y abrazos

 

 

Terminando el #1-O #catalanreferendum

Mi conclusión es la misma que hace días. Nunca deberíamos haber llegado aquí. Terrible la deslealtad y el engaño y la burla a la ley del Govern. Terrible la incapacidad política del Gobierno. Terrible la venda en los ojos de ambos y la lectura ideológica de una realidad que han ido complicando con el paso de las semanas, de los meses. Terrible la simplificación de lo complejo de todos los que conformamos la ciudadanía y la superficialidad de nuestras convicciones. Terrible que nos sigamos visibilizando en bandos, cayendo en la tentación de ver al otro cada vez más lejos.

Pero aquí estamos. Y toca mirar hacia adelante. La de hoy ha sido una jornada muy triste. Era de esperar. Me sorprenden los sorprendidos. Guión previsible en el que las altas esferas políticas decidieron convertir en protagonistas a aquellos que no debían serlo, no así, no ahora: ciudadanía y cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. No son ellos los incapaces, los desleales, los manipuladores, los violentos. En un escenario de tensión, llegan las equivocaciones, los errores, la desmesura, la agresión. Un juego perverso que desacredita a aquellos que lo han orquestado.

Hay que curar heridas, sanar corazones y restaurar puentes dinamitados. Cuanto antes. Y no lo deben hacer sólo ellos, los de Moncloa y los de Sant Jaume, que también. Empecemos cada uno. Paremos. Paremos. Siempre es más lo que nos une que lo que nos separa. Siempre. Porque todos tenemos una historia. Porque todos aspiramos a la felicidad. Porque todos tenemos familia. Porque todos queremos y somos queridos y vivimos aquí y ahora. Todos queremos a la tierra que nos vio nacer. O a la que nos acoge. O en la que vivimos. Todos sabemos lo que es la amistad. Y los sueños. Todos vibramos y nos entristecemos. Todos nos caemos y los levantamos. Y todos, un día, morimos y nos vamos. Nos costará. Habrá cosas que cambiar. Y algún que otro día de sufrimiento queda. Pero mantengamos la esperanza alta. Y el amor. Nada tiene de romántico esto. Ni de happy. Posiblemente nada hay más trasgresor y revolucionario.

No hay ideología ni partido político ni modelo de Estado ni de organización ciudadana que sea perfecto. Por eso Cristo los trascendió todos.

7 – La noche es suave

La noche es suave
y huele a amapolas.
No es oscura ni desafiante,
no da miedo.
La noche es tierna y vergonzosa.
Guarda secretos y tesoros,
esconde verdades.

Cuando te acuestas con ella,
sientes sus pies fríos
y sus manos temblorosas.
Entonces, si la miras,
si la abrazas,
si le permites que entre en calor
y le ofreces el poco calor
que a ti te queda;
entonces, y sólo entonces,
se duerme inocente
hasta la llegada del alba.

MR 106

Abrí la puerta. La oscuridad dentro era menor que la que yo albergaba en mi corazón, engañado, avergonzado por tu insolencia y por esa necesidad tuya de creerte mejor que yo.

No quise encender la luz. Sabía de memoria el camino hacia la tumba de mi dormitorio. Todo estaba demasiado vacío. La desnudez de mi alma había enfriado cada centímetro de la alegría con la que, horas antes, había salido de esa misma casa; luminosa y llena de vida entonces.

Y entonces grité, grité como nunca lo había hecho. Grité porque era lo único que me quedaba: el grito.

6 – Miro mi rostro

Miro mi rostro
en el charco de mi existencia.
Me reconozco.
Respiro aliviado.
No hay peor castigo,
ni precio más alto
a pagar
que aquel que sufre
el que, mirándose en un espejo,
no se encuentra.

Claro que existe el infierno,
y quema.
Abrasa.
Consume.
Llega poco a poco,
decisión a decisión,
opción a opción.
Y cuando te das cuenta de que has llegado…
ya no hay marcha atrás.

Claro que existe el infierno.