Mirar para amar (Hch 3,1-10)

Ayer estuve con Ester Palma, una misionera andaluza que lleva casi quince años en Corea del Sur y que anhela poder pasar la frontera para ir a dar testimonio de Cristo en la vecina Corea del Norte.

Hubo un momento de la conversación que le pregunté cómo se hablaba de Jesús de Nazaret a alguien que nunca había oído hablar de él. ¿Cómo comienza la evangelización? Y su respuesta me conmovió: amando. Que esa persona se siente amada, querida, acogida… hasta que se pregunte de dónde viene ese amor incondicional.

Esta conversación de ayer me recuerda al episodio que hoy nos cuentan los Hechos. Pedro y Juan miraron a aquel lisiado. Pusieron sus ojos en él. Descubrieron sus heridas. Escucharon su grito callado del corazón. Y le amaron, desearon para él lo mejor. Y en nombre de Jesús, lo devolvieron a la vida. Eso es amar. Mirar en lo profundo, acoger el corazón del otro y ofrecer la vida. Así se habla de Jesús Resucitado.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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