Lejos de los primeros cristianos (Hch 4,32-37)

Cuando leo los textos de los Hechos, contando cómo vivían los primeros cristianos, siento que hemos desvirtuado mucho el Evangelio de Jesús. Lo hemos encerrado en templos y en cabezas, lo hemos racionalizado, teorizado, dogmatizado… pero lo hemos alejado de la concreción práctica del día a día.

Vivimos acomodados. Sí, hay necesitados entre nosotros y no, en general, no ponemos todo lo que tenemos al centro y lo repartimos. No funcionamos con un solo corazón y no sentimos que eso sea urgente. En fin, que hay mucho que cambiar.

Nuestras obras, colegios, hospitales, universidades, etc. se han profesionalizado. Las hemos hecho rentables y nos contentamos con trabajar «valores». Los valores no son exclusivos del cristianismo. Hay muy buena gente, generosa, humilde, comprometida y solidaria, que no tiene fe. Nos hemos diluido. No sólo no queremos que nos persigan sino que anhelamos tiempos pasados en los que la Iglesia era poder.

En fin… que el Espíritu nos empuje, mucho, y cambie nuestros corazones.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

De ciudad en ciudad, de lucha en lucha (Hch 20,17-27)

Hace no mucho que leí una biografía de San Pablo. Maravillosa. Recomendada. Y me ha dejado un profundo poso. Reconozco que eran algunos los prejuicios que, a lo largo de mi vida como cristiano, he ido formándome acerca de Pablo y, leyendo esta biografía, se me fueron cayendo todos, de uno en uno.

Hoy, en el pasaje de los Hechos de los Apóstoles nos encontramos a un Pablo en modo despedida. Y precioso e impactante es escuchar las palabras con las que él define su misión: «Y ahora me dirijo a Jerusalén, forzado por el Espíritu. No sé lo que me espera allí, sólo sé que el Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me asegura que me aguardan cárceles y luchas. Pero a mí no me importa la vida; lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios«.

Yo, que pretendo cada día seguir a Jesús, que estoy en la Fraternidad Escolapia, que vivo en una comunidad, que gasto mis días intentando hacer la voluntad de Dios… soy un pringado. Lo soy porque quiero llevar a cabo la misma misión que Pablo; eso sí, sin cárceles, sin luchas, sin saberme forzado ni llevado por el Espíritu… Quiero tenerlo todo bajo control. Quiero que se hagan las cosas a mi manera. Quiero ser valorado. Quiero ver frutos pronto. Quiero contentar a todos. Uf… lo que Pablo fue descubriendo, yo aún lo huelo muy de lejos. Pero el horizonte está claro.

No hay misión sin lucha. No hay misión sin conflicto. No hay misión sin pérdida. No hay misión sin sufrimiento. Pero ¿hay otra posibilidad para los que queremos seguir al Maestro? No la hay. Es una pena. Pero no lo hay. Así que dejémonos en manos del Espíritu, no opongamos resistencia y a caminar, que el camino es largo y la meta nos espera.

Un abrazo fraterno

No temas, sigue hablando (Hch 18,9-18)

El Espíritu habla. A Pablo le habló a través de un sueño. A mí a través del corazón. Pero escucho su voz. También me dice, como a Pablo, «no temas, sigue hablando y no te calles, pues yo estoy contigo, y nadie te pondrá la mano encima para hacerte daño». Muy fuerte. Necesitaba encontrarme con esta Palabra. Necesitaba sentirme enviado a algo.

Hablar da miedo. Miedo de que no te entiendan. Miedo de sufrir rechazo. Miedo de generar conflicto. Miedo de hacer daño. Miedo de equivocarte. Miedo de no acertar con las palabras adecuadas. Callar es una opción. A veces la vestimos de prudencia. Pero yo me siento llamado a hablar y a decir y a proponer y a animar y a criticar y a apoyar y a bendecir y a denunciar y a profetizar…

¿Miedo? Un poco. Pero seguiremos hablando.

Un abrazo fraterno

¿Es Dios un desconocido? (Hch 17,15.22–18,1)

¡Qué grande este Pablo! Es un animal evangelizador. Qué envidia. Pasearse por Atenas, ver la estatua al dios desconocido y percibir en ella la sed del pueblo ateniense, la sed espiritual. Ver la oportunidad. No hacer juicios. No comparar con otros pueblos o lugares o épocas. Y anunciar a Jesús.

Parece que esta historia es de otro tiempo, pero creo profundamente que hay sed en la sociedad de hoy. Sed de amor. Sed de compañía. Sed de seguridad. Sed de silencio. Y de trascendencia. Pero nos equivocamos de dioses. Igual que los atenienses, le estamos poniendo a velas a muchos dioses desconocidos, a dioses creados por nosotros, a los que idolatramos y veneramos y que, sin embargo, no tocan nuestro corazón. ¿Y Cristo? ¿Es un desconocido en nuestra sociedad? Pues en buena parte sí. Tal vez porque muchos hayan cerrado sus oídos. Tal vez porque otros nos hemos predicado más a nosotros mismos que a Él. El caso es que la buena noticia de Cristo es una absoluta desconocida en el «prime time» social de hoy.

Como Pablo, debemos ver la oportunidad. Sin juicios. Sin comparaciones. Sin nostalgias de tiempos pasados y no necesariamente mejores. Es muy cansando hablar de lo poco que saben hoy los niños de Jesús, de lo poco que saben sus familias, de los pocos que van a misa, de … y así pasamos la tarde.

¿Es Cristo un Dios desconocido? ¿A qué estamos esperando pues para anunciarlo? Allí donde la gente está. En el tiempo en el que la gente mira. Con palabras que la gente entienda. Y con el testimonio de una vida que rezume a Él.

Un abrazo fraterno

Hablar con libertad #yoquiero

Es precioso leer en el pasaje de Hechos de hoy, como Pablo hablaba con libertad del Reino de Dios en la sinagoga. Precioso en lo que respecta a Pablo y a su libertad de hablar, y precioso en lo que respecta a aquellos judíos y a su libertad de escuchar.

Hay gente que cierra puertas y ventanas, oídos, sentidos y lo que haga falta con tal de que nadie le hable de Dios o de la Iglesia. Creo, sencillamente, que están presos de sus prejuicios y de sus miedos. Alguien libre, escucha.

Ojalá yo sea también libre para hablar y para escuchar, para dar y para recibir. Las dos cosas son necesarias en el Reino.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

No temas, sigue hablando… #nocalles

«No temas, sigue hablando y no te calles, pues yo estoy contigo»

Eso le dijo el Señor a Pablo cuando las cosas no iban bien en Corinto. Y eso me dice a mí hoy. Santi, no temas, sigue hablando, no calles, yo estoy contigo.

El Reino no es compatible con cualquier tipo de relaciones humanas. Hay que apostar por otra manera. Y hay que decirlo y afrontarlo. Y ponerse del lado de las víctimas en todos los ámbitos de la vida, de los dolientes, de los excluidos.

Santi… no calles… Tomo nota, Señor…

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Predicar en un mundo hostil #nocambia

No es un mundo tan distinto al actual el que nos presenta la lectura de Hechos de hoy. Judíos expulsados de Roma sólo por ser judíos y discusiones religiosas que enfrentan y que unen a las personas.

El Reino está entre nosotros pero nunca ha sido fácil predicarlo ni hacerlo crecer. Intereses personales, luchas de poder e influencia, miedos, prejuicios… Ser comunicador del Evangelio en los tiempos que corren se asemeja mucho a serlo en aquellos primeros años tras la muerte y resurrección del Señor.

Estar atentos al Espíritu y orar mucho, poniendo la confianza en el Señor, marca la diferencia. Ser menos yo y dejarle a Él ser más Él…

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Veo que sois extremadamente religiosos #Pablo

Pablo supo ver, supo mirar, supo conocer a aquellos a quienes tenía delante. Supo ver lo bueno de ellos, y supo también descubrir su sed, su hambre, sus anhelos. Y ahí, a su manera, les habló de Jesús.

¿Cómo hacemos nosotros esto? ¿No es verdad que a veces vamos con la Biblia por delante sin pararnos a contemplar a aquellos que son destinatarios de nuestra Buena Noticia? Porque se trata de que ellos la acojan, de que ellos la entiendan, de que ellos la quieran… ¿O no se trata de eso?

El mensaje no cambia, claro que no. Dios no cambia. Sin duda. Pero Jesús fue el que nos enseñó a acercarnos a cada uno y a propiciar la experiencia de Dios de maneras distintas con cada uno. Que el Espíritu nos ilumine…

Un abrazo fraterno – @scasanovam

El Espíritu olvidado #Paráclito

Ya no tenemos a Jesús. Igual alguno no se ha dado cuenta todavía. Nos encantaría, pero no es así. Tenemos al Espíritu, que no se ve, que no se toca, que no se oye… ¿Qué hace pues? Pues lo que le hizo a Lidia en la primera lectura de hoy: abrir el corazón.

Yo sólo tengo que dejarme, estar en sintonía, prepararme para que el Espíritu haga su trabajo: disponer mi corazón para que el Espíritu lo abra de par en par. Sin el corazón abierto, es difícil acoger al Cristo, al Reino de Dios. Sin el corazón abierto, el Padre no encuentra lugar para entrar en nuestra vida.

Espíritu del Señor, abre nuestro corazón.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

La Iglesia de los puros #tentación

Tantos años han pasado… pero las grandes tentaciones siguen estando presentes en la Iglesia. Una de ellas, una de las más poderosas, es la de creernos los puros, los escogidos, los «de Dios»… y mirar alrededor como si el resto fuera una pandilla de perdidos pecadores camino del infierno más absoluto.

Es también la tentación de aquellos que dentro de la Iglesia se consideran más puros que otros, de los garantes de la doctrina, de los guardaespaldas de la Verdad; frente a los que experimentan el camino de salvación, a Jesucristo, de manera distinta.

Es, en definitiva, mi tentación, la de creerme mejor que otros, más merecedor que otros. Cuando caigo en ella… estoy a años luz del Evangelio.

Un abrazo fraterno – @scasanovam