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Él conoce nuestra masa (Sal 102)

Es una maravilla saber que Dios me conoce. Hay gente a la que esto le genera angustia o miedo. Parece que el Dios juez y castigador va a venir con toda su fuerza, sabiendo lo que sabe de uno. Pero yo creo que es justamente al contrario. Él sabe quién soy, cuáles son mis debilidades, mis fortalezas, mis oscuridades, mis luces, mis heridas, mis pensamientos y convicciones, mis tentaciones…

Dios me mira con misericordia, paciencia y ternura. Sabe que le quiero aunque a veces actúe como si fuera lo contrario. Es lo que tiene ser un hombre de carne y hueso que aspira a mucho y es poquita cosa.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Dudas de Pascua (Lc 24,35-48)

Que no, que no esto va de una fiesta de cumpleaños. La Pascua está impregnada de la alegría del Resucitado pero, como dice el Evangelio de hoy («como no acababan de creer por la alegría»), la alegría también puede estorbar en estos momentos.

A veces uno no sabe cómo afrontar la Pascua. Por un lado, parece que nada ha cambiado. El mundo sigue igual, mi vida sigue igual. No se han resuelto ni los problemas ni las dificultades. Por otro lado, parece que estamos obligados a creer y sentir que de repente todo se tiñe de rosa. Y también es molesta esa sensación de obligatorio jolgorio.

Descubrir a Jesús Resucitado, como bien nos muestra el Evangelio, es un proceso, un proceso en el que hay que ir acercándose a la vida de Jesús, al Reino anunciado, a la Cruz y, posteriormente, a la experiencia de la Resurrección, en la que Jesús nos regala su paz. No creo que sea algo de un día para otro. Posiblemente nos lleve media vida o la vida entera, enterarnos de cómo va esto y calmar las dudas que a veces surgen. Pues sin miedo. Ellos, los apóstoles, también lo tenían en su estupefacción. Que el Espíritu nos guíe.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Nosotros esperábamos que él… (Lc 24,13-35)

Yo esperaba que él me mostrará mejor el camino a seguir.
Yo esperaba que él me dejara más clara mi vocación.
Yo esperaba que él transformara el corazón de los dirigentes irresponsables.
Yo esperaba que él nos ahorrara sufrimiento.
Yo esperaba que él curara a mi abuela.
Yo esperaba que él salvara de la muerte al bebé de mi compañero de trabajo.
Yo esperaba que él convenciera a los jóvenes para que no se fueran.
Yo esperaba que él saliera en favor de aquellos cristianos perseguidos que se mueren cada día en el mundo.

Yo esperaba, como aquellos discípulos de Emaús, que el Cristo lo hubiera cambiado todo y no hubiera muerto en la cruz pero…

¿Y si tantas expectativas me están impidiendo reconocerlo en el camino?

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Un nombre que nos devuelve a la vida (Jn 20,11-18)

Nombrar a alguien es hacerlo existir. Por eso el nombre es tan importante. Y si no, preguntémosle a Coca-Cola por esa campaña donde las latas de refresco llevaban los nombres personales de tantos de nosotros… ¿Os acordáis?

En estos evangelios de resurrección, me llama hoy la atención ese «¡María!» que pronuncia el Señor y hace que el corazón de la Magdalena reconozca a su maestro. Un reconocimiento que, evidentemente, no es físico sino que se mueve en otro ámbito. Al escuchar su nombre, en aquel momento de muerte y dolor, María siente que se le vuelve a dar vida, que su existencia da vuelco, que vuelve a estar en el centro de la realidad, que el Espíritu aletea cerca. Es la vida que brota de aquellos labios, es el nombre pronunciado, el que permite a María reconocer al Crucificado, al Resucitado.

Cuántas personas nos llaman por el nombre a lo largo de un día… ¡Y cuántas veces nos sentimos asfixiados, perdidos, agobiados, muertos! Sólo Jesús es capaz de hacer algo nuevo con nosotros, de volver a situarnos en el centro de su amor, de cambiar nuestra vida para siempre. Es Pascua. El Señor te llama por tu nombre. Es tiempo nuevo. Volvamos a empezar. Hemos sido restaurados.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Una Pascua para unirnos a todos

He tenido la suerte de celebrar los días de Pasión y Pascua en el colegio que tenemos en Oviedo. Allí, junto a mi familia y a casi 100 jóvenes y unos 25 catequistas, pude volver a sentir lo que tengo tan arraigado en mi corazón: participar y vivir desde dentro una pascua juvenil. Hacía años […]

… se me alegra el corazón (Sal 15)

Me da mucha pena haber tenido este blog tan abandonado tanto tiempo pero no puedo perder ni un segundo en lamentaciones de algo que tampoco es tan importante. Me he dedicado a la vida y sus quehaceres y hay veces que no se puede todo.

Estamos en Pascua. Cristo vive. Y el salmo pone palabras en mi boca que hago mías. Porque el corazón se me alegra también como al salmista. Se me alegra al ver que Jesús me sigue saliendo al encuentro y me sigue encomendando la misión de anunciar que está vivo, que el miedo es menos poderoso que la alegría de la Resurrección.

Ha sido una Pascua especial ésta. La he disfrutado en Cercedilla, con Esther y los niños, con la comunidad en pleno, con muchos jóvenes bien conocidos, con personas queridas que hacía tiempo que no veía, con nuevos amigos y hermanos en el Señor, con escolapios, con calasancias… Fue una Pascua en la que hubo de todo y en la que. día a día, nos fuimos adentrando en los misterios que año tras año la Iglesia nos anima a revisar y a revivir. Estoy muy contento, sobre todo, de haberla celebrado en familia y con mi comunidad. Como los antiguos.

Ojalá la luz de Cristo prenda fuerte de nuevo en mis entrañas. Luz para el mundo.

Un abrazo fraterno

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Paz a vosotros (Jn 20, 19-31)

Hace ya varios días que no actualizaba este blog. La falta de tiempo a veces es capaz de ensombrecer hasta los momentos en los que uno debería estar preparado para sólo impregnarse de lo que le es dicho, de lo que le es regalado. Preparar la Pascua a veces ayuda y a veces dificulta a vivirla. Por lo de pronto a mi me dificulta enormemente vivir la Cuaresma de manera consciente. Este año lo volví a experimentar… ¡tanto que hacer que no queda tiempo para ser! Luego, una vez uno ya está metido de lleno en la Semana Santa inevitablemente vive momentos llenos de sentido.

Cuando hoy escuchaba el Evangelio en la Eucaristía se me clavó como una daga la famosa y archiconocida frase de Jesús: Paz a vosotros. Es tal vez esa paz el signo más claro de la vivencia de la Resurreción, del encuentro con Jesús vivo. Jesús traspasa nuestras puertas cerradas y viene a nuestro encuentro, conociendo nuestras incapacidades y temores, nuestras ataduras y miedos. Y Tomás trae a mi mente aquella catequesis comunitaria en Cercedilla y el respeto a mis tiempos y mis racionalidades… Y la primera lectura me habla de algo que conozco: hermanos, bienes compartidos, oraciones en común…

 En definitiva, este nuevo «paso del señor» trae otra vez aroma fecundo, la alegría de estar más cerca, laz paz (aunque sea momentánea) de saberme construyendo y construyéndome junto a otros… Paz, paz, paz…

Un abrazo fraterno

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… voy a crear un cielo nuevo (Is 65, 17-21)

Hoy tocaba compartir en mi comunidad alrededor del trabajo personal con el libro de Greenberg acerca de las emociones. A mi no me dio tiempo a trabajar todo lo que había sido estipulado pero llego a la noche contento y satisfecho y muy, como decirlo, aliviado. Es una sensación curiosa. Es como si hubiera podido expresar cosas y conectar con rincones ciertamente inexplorados por mi mismo.

Al contrario que otros, llegar y explorar esos rincones me ha producido alivio, felicidad en cierta manera. Es como si un cielo nuevo estuviera sobre mi y me llenara con su luz recién creada.

Hoy he experimentado la tristeza. He llorado. Y mi cuerpo lo ha expresado también de varias maneras. Y me ha aliviado poder decir «estoy triste». Conectar con esa emoción ha sido realmente un «milagro» maravilloso. Haciendo camino hacia la Pascua.

Un abrazo fraterno

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Pintura extraida de: http://bambarostrospinturasypalabras.blogspirit.com/

Perfúmate la cabeza y lávate la cara (Mt 6, 1-6. 16-18)

Hoy empieza la Cuaresma. Reconozco que no he llegado vitalmente a vivir este tiempo con la intensidad del tiempo de Adviento. Tal vez sea un tiempo que, inconscientemente, me gusta menos. Renuncia, sacrificio, culpa, perdón, ayuno, etc. son palabras que no acaban de gustarme demasiado.

En casa de mis padres, desde pequeño, seguíamos la tradición de no comer carne los viernes. era, tal vez, el signo más evidente de que había llegado la Cuaresma. Hoy no acabo de sentirme bien por haber abandonado esa práctica. Es verdad que mi fe ha madurado y que uno descubre que los signos externos no son más que facilitadores de una experiencia más profunda, más interior. Pero bajo ese convencimiento siento que he diluido ciertas vivencias y que no he sido capaz de sustituirlas por otras más adultas o maduras… ¡o por las mismas vividas desde la adultez y la madurez!
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El camino hacia la Pascua ha comenzado a correr y es bueno pensar en vivirlo con intensidad para que la Vigilia de Resurrección llegue con todo su gozo a la vida. A ver cómo me apaño. Por lo de pronto me ha llamado la atención la matización del Señor respecto al ayuno: no es para que nos vean, no es para otros, no es sinónimo de búsqueda de compasión o reconocimiento… va mucho más por dentro… pero también por fuera. Agua y perfume.

Un abrazo fraterno