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Cautivo y agradecido (Tb 13,2.3-4.6)

Ser agradecido hasta en el propio cautiverio. Reconocer a Dios en la vida aún en los momentos en los que su mano parece no alcanzarte. Sentir su compasión y su fuerza, aún cuando las piernas flaquean y se encoge el corazón.

Es la experiencia de la persona que hoy nos regala el salmo. Es la experiencia humana de todos aquellos que no dejaron de confiar cuando las cosas eran propensas para ello.

Es la hora de la confianza. Es la hora del silencio. Es la hora de la espera esperanzada. Cautiverio con olor a flor.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Mucho (Lc 12,39-48)

Puede que sea la mayor falta, el mayor pecado. Incluso alguien no creyente, clamaría al cielo si alguien desaprovechara lo mucho que se le ha dado. Porque la escasez justifica muchas cosas. Pero la abundancia nos exige responsabilidad, agradecimiento y generosidad.

Cuanto más tengo, más. Cuánto más se me ha dado, más. ¿Dinero? ¿Capacidad? ¿Inteligencia? ¿Tiempo? ¿Posición? ¿Familia? ¿Cómo tirar todo eso por la borda y vivir como miserables, como si pasáramos penurias? Pecado.

Yo miro a mi alrededor y me siento afortunado. Y ese sentimiento que me llega al corazón no es para colocar en un florero y admirarlo. Es para gastarlo, para darlo de vuelta, para producir más fortuna en otros.

Ojalá mi mirada nunca sea desagradecida, despreocupada, torpe e injusta.

Un abrazo fraterno – @scasanovam