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El Señor guarda a los peregrinos (Sal 145)

El Señor guarda a los peregrinos.

El Señor guarda y protege a aquellos que buscan y no se conforman.
El Señor guarda y protege a aquellos que se ponen en camino, que salen a los senderos de la vida.

El Señor guarda y protege a aquellos que quieren mirar hacia adentro, que saben que el viaje más difícil es al Misterio que los habita.
El Señor guarda y protege a aquellos que paladean el silencio, el sol en la cara, la caricia del viento… y también el bramido de la tormenta.

El Señor guarda y protege a los que no se acomodan espiritualmente, a los inquietos que se dejan zarandear por el Espíritu.
El Señor guarda y protege a los que se cansan y llegan al final del día satisfechos de sus botas gastadas.

El Señor guarda y protege a aquellos que encuentran su hogar en Él y que se sienten en casa, estén donde estén, si están a su lado.
El Señor guarda y protege a los que aceptan la hospitalidad del otro y se dejan curar las ampollas que la vida ha deparado.

El Señor guarda y protege a los que se saben en misión, a los que bordean precipicios sin todas las respuestas.
El Señor guarda y protege a los que le responden y buscan su voluntad, a tientas muchas veces, pero con pasión.

El Señor guarda y protege a los que no giran la cara ni niegan saludo a aquellos que aparecen en su camino.
El Señor guarda y protege a aquellos que le descubren en rostros ajenos, en fuentes, curvas, senderos y barrizales.

El Señor guarda y protege a los que le aman porque le conocen.
El Señor guarda y protege a los que le conocen porque aman mucho.

El Señor guarda a los peregrinos.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Por qué buscar? (Jn 6,22-29)

¿Por qué buscar? ¿Qué es lo que mueve a algunas personas a no contentarse con lo que tienen, con lo que les dicen, con lo que viven? Hay personas que no se quedan en su sofá, en sus esquemas, en sus costumbres, en lo que han aprendido. Se levantan y salen a los caminos a buscar. Buscan respuestas a antiguas preguntas, aunque también buscan preguntas nuevas. Buscan límites de su ser inexplorados y desconocidos, capacidades escondidas. Buscan personas que les impacten, de las que aprender, a las que seguir. Buscan sentido, y amor, y justicia. Todo buscador busca la cara verdadera de la felicidad. Pero, ¿por qué buscar?

Jesús también hizo esa pregunta a muchos de los que le seguían y hoy nos la hace a nosotros. «¿Me buscáis? ¿Por qué? ¿Por qué me buscáis?»

Muchos encontramos en Jesucristo mucho de lo que buscamos en la vida. Jesús de Nazaret nos trae preguntas constantemente, preguntas de siempre para todo tiempo, para todo hombre y mujer. Jesús de Nazaret nos trae respuestas a muchas de nuestras inquietudes. Él es la respuesta, dijo. Jesús de Nazaret es el camino mismo de búsqueda, el sendero por el que transitar con nuestra sed infinita de eternidad. Jesús da sentido al dolor, a la muerte, a la vida, a la comunidad, a la persona, al encuentro, a la palabra.

«Santi, ¿por qué me buscas?» me pregunta hoy. Porque creo que Tú eres el Señor. Porque creo que a tu lado soy mejor. Porque todavía no te he encontrado del todo. Porque a veces me pierdo. Porque anhelo ser el mejor yo que estoy llamado a ser. Porque busco a Dios.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

El versículo que marca una vida (Mt 6,24-34)

«Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia;
lo demás se os dará por añadidura.»

Este versículo del Evangelio de hoy es la máxima de mi vida. Es el versículo que todos elegimos de la Biblia. Lo que me tatuaría en un brazo. La Palabra que llevo grabada en mi corazón. El viento que me empuja, el bastón que me sostiene. Me lo creo. Me lo creo. Y desde aquí, muevo mi existencia.

Es una maravilla vivir sabiendo que Dios te sostiene si tú le buscas y acoges el Reino que el vino a traer. Todo es de repente más sencillo. Las preocupaciones bajan. Acoger el don del Resucitado sólo pide fe. Y yo me lo creo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

 

 

Tesoros (Mt 6,19-23)

Mira bien cuáles son tus tesoros. Mira bien a qué le das valor. Mira bien qué no estás dispuesto a perder. Mira bien por qué o quién te estás jugando la vida. Mira bien si tu corazón tiene precio.

Los tesoros siempre han sido los grandes protagonistas de las películas de aventuras. Tesoros escondidos en una playa, en la cámara secreta de una pirámide, en las tumbas templarias bajo el altar de alguna antigua iglesia… Un tesoro siempre ha sido algo valioso por lo que muchos recorrieron mares, océanos, desiertos… Algo que valía la pena encontrar y por lo que muchos leyeron, lo dejaron todo e hipotecaron su vida. Un tesoro es aquello que justifica una existencia única.

Miro a mi vida y me hago exactamente estas preguntas: ¿por qué o quién estoy dejando todo lo demás e hipotecando una vida? ¿Qué es tan valioso para mí, por lo que vale la pena dar tiempo, energías y sueños? ¿Qué es tan importante que cambio todo por ello?

Y ahí descubro mi vocación de maestro. Y ahí descubro a mi familia. Y ahí descubro a las Escuelas Pías. Y ahí descubro a Jesús. Y poco más. Abro el cofre y veo sus caras, palpo sus rostros y huelo el inconfundible aroma a eternidad que destila todo lo que vale la pena para un corazón.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Un hombre pregunta… ¿Dónde está Dios? (Lucas 17, 20-25)

UN HOMBRE PREGUNTA…
¿Dónde está Dios? Se ve, o no se ve.
Si te tienen que decir donde está Dios, Dios se marcha.
De nada vale que te diga que vive en tu garganta.
Que Dios está en las flores y en los granos, en los pájaros y en las llagas,
en lo feo, en lo triste, en el aire, en el agua;
Dios está en el mar y a veces en el templo,
Dios está en el dolor que queda y en el viejo que pasa
en la madre que pare y en la garrapata,
en la mujer pública y en la torre de la mezquita blanca.
Dios está en la mina y en la plaza,
es verdad que está en todas partes, pero hay que verle,
sin preguntar que dónde está como si fuera mineral o planta.
Quédate en silencio,
mírate la cara.
el misterio de que veas y sientas,
¿no basta?
Pasa un niño cantando,
tú le amas,
ahí está Dios.
Le tienes en la lengua cuando cantas
en la voz cuando blasfemas,
y cuando preguntas que dónde está,
esa curiosidad es Dios, que camina por tu sangre amarga,
en los ojos le tienes cuando ríes,
en las venas cuando amas,
ahí está Dios, en ti,
pero tienes que verle tú,
de nada vale quién te le señale,
quién te diga que está en la ermita, de nada,
has de sentirle tú,
trepando, arañando, limpiando,
las paredes de tu casa:
de nada vale que te diga que está en las manos de todo el que trabaja,
que se va de las manos del guerrero,
aunque éste comulgue, practique cualquier religión, dogma o rama;
huye de las manos del que reza y no ama,
del que va a misa y no enciende a los pobres velas de esperanza;
suele estar en el suburbio a altas horas de la madrugada,
en el hospital, y en la casa enrejada.
Dios está en eso tan sin nombre
que te sucede cuando algo te encanta,
pero de nada vale que te diga que Dios está en cada ser que pasa.
Si te angustia ese hombre que compra alpargatas,
si te inquieta la vida del que sube y no baja,
si te olvidas de ti y de aquéllos, y te empeñas en nada,
si sin por qué una angustia se te enquista en la entraña,
si amaneces un día silbando a la mañana
y sonríes a todos y a todos das las gracias,
Dios está en ti, debajo mismo de tu corbata.
      (Gloria Fuertesde Antología, incluida en  Obras completas, editorial Cátedra, 1984)
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¿Soy yo de los que buscan al señor? (Salmo 104)

Buscar al Señor. Hoy va de eso la Palabra: el Salmo y el Evangelio hacen mucho hincapié y me ha hecho pararme a pensar. ¿Soy yo de los que buscan al Señor?

Uno busca algo cuando le falta. Lo busca porque lo desea. Porque quiero tenerlo, verlo, saborearlo, disfrutar de él. Porque quiere amarlo o sentirse cuidado por él. Uno busca algo porque lo necesita, porque no puede vivir sin él.

De mis dos hijos mayores, Álvaro e Inés, él no encuentra nunca nada cuando lo busca. Ella siempre. Él es despistado y puede tener algo delante de sus narices y no verlo. No centra su atención en aquello que quiere buscar. Incluso pasados unos minutos, ni siquiera se acuerda que lo está buscando. Ella no. Ella empieza y remueve y va a los rincones y no para hasta tenerlo entre sus manos.

¿Y yo? Cuánto tengo que aprender de mis hijos hoy… ¿Yo cómo busco?

Un abrazo fraterno

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Lo busqué y no lo encontré (Cantar de los cantares 3, 1-4)

ScreenShot110Cuando a uno le arde el alma se lanza al infinito a buscar la felicidad. Sabe que algo le dice que está ahí fuera y, mochila al hombro, quiere descubrir qué es. Comienza una búsqueda ilusionante. A la vez también se va fraguando en uno cierto inconformismo, cierta impaciencia… ¡hay prisa por descubrir dónde se encuentra la felicidad definitiva, el lugar del mundo para uno, aquello que Dios ha soñado para uno!

Se recorren plazas, calles, caminos… se pregunta a todo aquel que puede aportar una pista pero… ¡nada! Es como si Dios disfrutara viéndonos buscarle ansiosos. Nos encantaría que un arcángel bajara y nos hablara, o encontrar la respuesta nítida en las lecturas del día… Pero el tiempo pasa y nada sucede… Y la búsqueda empieza a pesar.

Pero al final uno siempre encuentra al amor de su alma. Mantengámonos despiertos y esperanzados.

Un abrazo fraterno

¿Qué quieres de nosotros, Jesús? (Mc 1, 21-28)

Es la reacción de alguien que lo oyó en la sinagoga y se revolvió. Y tuvo que gritárselo seguramente enojado, contrariado, inquieto.

A mi me surje el mismo grito y la misma inquietud cuando «le oigo» en la Palabra de muchos días, cuando «le oigo» en el testimonio de testigos del siglo XXI, cuando «le oigo» en la comunidad y en las necesidades que percibo en el mundo que me rodea. ¡¡¿QUÉ QUIERES DE MI, JESÚS NAZARENO?!!

Me cuesta un montón saberme en búsqueda. A la vez, miro atrás y descubro muchos pasos de compromiso: mi matrimonio, mis hijos, mi comunidad, mi compromiso con los jóvenes en la escuela Pía… Pero falta algo. Y muchas veces pienso que tal vez nadie me quite nunca esta sensación y que, tal vez, el secreto está en dar pasos pero quedándose siempre con  la certeza de que no es el último y de que Jesús nos espera para algo más. ¿Es ese el secreto Padre?

Mientras, intento vivir cada día mejor y más auténtico. Mañana he quedado con dos personas para plantearles algo nuevo. ¿Se abrirán nuevas puertas? Dejemos entrar al viento…

Un abrazo fraterno

velero