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Evangelio para jóvenes – #Cuaresma2024 – Viernes 3º Ciclo B

No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor, Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!
Los alimentaría con flor de harina,
los saciaría con miel silvestre».

Sal 80

Esta Cuaresma es tiempo para que pienses en todos esos dioses a los que adoras. ¿Qué dioses? Es dios todo aquello a lo que rindes culto, todo aquello a lo que le das las riendas de tu vida, todo aquello que te gobierna, que mueve tus decisiones y tus elecciones, todo aquello en lo que confías. ¿Tu cuerpo? ¿El bienestar físico? ¿La diversión? ¿Una religión vacía de fe? ¿Los estudios? ¿El dinero? ¿El sexo? ¿Tu aspecto? ¿El móvil? ¿La popularidad? ¿La política? Tú sabrás.

El Dios de Abrahán y Jacob, el Dios de Jesús de Nazaret, viene hoy a decirte que te equivocas adorando a todos esos falsos dioses. La prueba es que no acaban de darte la felicidad de verdad, y lo sabes. Ojalá escuchases. Ojalá te giraras hacia el el Señor. Quedarías lleno, saciado, a gusto. ¿No te lo crees? Prueba.

Evangelio para jóvenes – Domingo 25º del Tiempo Ordinario Ciclo C

Esta semana pasada he comenzado las clases con mis nuevos alumnos de Matemáticas y TIC en el cole. Presenté mis asignaturas y todavía no me metí en harina. Vamos poco a poco, que el aterrizaje es duro. Lo que sí intenté es transmitir un mensaje que me parece importantísimo: yo voy a dar lo mejor como docente y eso es exactamente lo que espero de mis alumnos, que den lo mejor de sí. Malgastar las posibilidades que uno tiene, las capacidades que le han sido dadas, es, tal vez, uno de los mayores males que podemos cometer. Leamos el evangelio de hoy [Lc 16,1-13]:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo:
“¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando».
El administrador se puso a decir para sí:
“¿Qué voy a hacer, pues mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”.
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero:
“¿Cuánto debes a mi amo?”.
Este respondió:
“Cien barriles de aceite”.
Él le dijo:
“Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”.
Luego dijo a otro:
“Y tú, ¿cuánto debes?”.
Él contestó:
“Cien fanegas de trigo”.
Le dice:
“Toma tu recibo y escribe ochenta”.
Y el amo alabó al administrador injusto, porque había actuado con astucia. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz.
Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.
Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».

Derrochar es malgastar. El propietario «llama a filas» a su administrador porque malgasta sus bienes, seguramente en beneficio propio. Como dice mi amiga Adriana en el comentario de hoy de #TuVozdelosLunes, ¿y si piensas que Dios es el propietario y tú eres su administrador? ¿No es verdad que Dios, que lo ha creado todo, que te ha creado a ti, te ha dejado libre para hacer de tu vida lo que quieras? ¿No es verdad que ha dado un paso atrás confiando en que tú sepas qué hacer con todo lo que te ha dado? La pregunta entonces es clara: ¿cómo lo estás haciendo? Te dejo tres pistas:

  • «Los bienes» – Tal vez te estés preguntando qué bienes te ha tocado administrar. Pues todo lo que te ha sido dado en tu vida: la naturaleza, tu familia, tus dones y capacidades, los amigos que han aparecido en el camino, los lugares que han dejado huella en ti, las personas necesitadas que están en tu entorno, tus estudios o trabajos… Todo eso son las «riquezas» de Dios que Él ha puesto a tu servicio y que te ha confiado. ¿Qué estás haciendo con ello? ¿Lo estás usando para vivir más cómodamente, para que te «sirvan» cuando te interesa, para que los «uses» en tu propio beneficio? ¿No sería mejor que todo eso sirviera para generar más «riqueza»? ¿No sería mejor que se multiplicara? ¿No sería mejor que fuera dado y entregado a aquellos que lo necesitan, para saciar sus carencias? Piénsalo…
  • «Lo poco y lo mucho» – En la vida llegan momentos clave donde todo lo que uno es, todo lo que uno ha aprendido, toda la fe que ha crecido, todo lo que ha madurado… se pone en juego. No son muchos momentos, tal vez tres o cuatro, en los que uno debe acertar porque se juega todo el sentido de su vida. Pero es imposible acertar ahí si no has entrenado tu corazón, si no te has curtido en las batallas pequeñas, si no te has deleitado en el discernir de cada día. No puedes pretender ganar una Champions, ser un Rafa Nadal de la vida, si no eres capaz de aguantar el entrenamiento diario, si no eres disciplinado en lo cotidiano… ¿Cómo vas a apostar por el Amor si no eres capaz de amar en esos minutos tontos de cada jornada? ¿Cómo ganarlo todo si eres incapaz de empezar el día a la hora, haciendo tu cama; incapaz de estudiar lo que toca; incapaz de vivir agradecida por la oportunidad de estudiar o trabajar; incapaz de hablar con esa amiga con la que te has distanciado; incapaz de rezar 10 minutos al día; incapaz de salir y no emborracharte; incapaz de no buscar en tu pareja tu propio placer y usarla…?
  • «Dos señores» – Mira tu vida y piensa: ¿a qué dioses están sirviendo hoy? Puede ser el dinero, puedes ser tu mismo, puede ser el éxito, puede ser la comodidad, puede ser el bienestar, puede ser… el Dios de Jesús. Pueden ser incluso varios a la vez, seguro que me dirías… porque a veces nos confundimos, y nos equivocamos y queremos una cosa pero hacemos otra… ¡Sin duda! Pero hay que intentar que cada día, el porcentaje de corazón que sirve sólo a Dios sea más alto. Ese es el objetivo. Sólo falta que lo decidas y lo persigas. Y sí, notarás que lo estás consiguiendo cuando detectes que vives más en paz; más liado… pero más feliz.

Ojalá tengas una buena semana y administres bien estos siete días que vienen por delante. Ojalá que el amor se multiplique y la deuda del pecado se reduzca. ¡A por ello!

Un abrazo fraterno

Santi Casanova

Yo no soy Dios (Jn 1,19-28)

Lo que dijo el Bautista cuando le preguntaron («yo no soy») no es algo que hoy dirían muchos, más bien al contrario. Vivimos tiempos de mesianismos de pacotilla, de influencers a los que entregamos nuestro tiempo, de políticos que nos prometen el paraíso en la tierra, de deportistas convertidos en dioses del olimpo terrenal, de hombres y mujeres sexualmente icónicos, fantasías de muchos.

Yo mismo juego a ser Dios muchas veces, sin ser influencer, político, deportista de élite o icono sexual. Juego a ser Dios cuando quiero y reclamo mi lugar en la historia de los que me rodean, cuando vivo convencido de que puedo cambiar la vida de mucha gente, cuando me sitúo como ejemplo a seguir, cuando me convenzo que la vida está en mis manos, con sus éxitos y fracasos, porque todo depende de mí.

El Bautista nos marca hoy un camino diferente, el del conocimiento de sí: somos criaturas, nombres y mujeres pequeños, sencillos, que lo han recibido todo de Dios y que, con su vida, plagada de aciertos y pecado, sólo pueden señalar al que viene detrás, al que salva de verdad, al Mesías verdadero.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

No a nosotros, Señor (Sal 113)

Siempre es una tentación. Presentarnos delante del mundo como Dios mismo. Pensar que somos nosotros los que ofrecemos una palabra transformadora. Pensar que somos nosotros los que cambian la vida de las personas. Pensar que es nuestra capacidad la que acerca el cielo y salva al mundo.

Pero no somos nosotros, Señor. No es a nosotros a quiénes deben seguir. Deben conocerte a Ti, Señor. Deben seguirte a Ti, Señor. Deben creer en Ti, Señor.

Protégeme de mi soberbia. Ayúdame a no convertirme en un dios de plata y oro. Recuérdame mi pequeñez y mi pobreza para que no creca en mí el engreimiento.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Escoged a quién queréis servir (Jos 24,14-29)

La vida es una sucesión de elecciones. No son sólo las políticas las que marcan el devenir de la Historia sino las pequeñas decisiones personales que van surcando la tierra y dibujando caminos donde antes, a veces, no existían.

Hoy se nos lanza una frase que no tiene edad ni fecha de caducidad. Hoy se nos llama a elegir, una vez más. ¿A quién quieres servir? ¿A los pies de quién quieres poner tu vida? No nos engañemos. Hay personas que han decidido servir al dinero, y por dinero son capaces de venderse a sí mismos y a los que les rodean. Hay personas que han decidido servir al poder, y para alcanzarlo son capaces de traicionar sus principios más preciados. Otros han decidido servir al deporte, otros a su imagen, otros a la seguridad, otros al bienestar físico, al placer sexual… Otros han optado por servirse a sí mismos, desencantados del prójimo. ¿Y tú?

No vale engañarse. Sirves a aquello que marca tus decisiones. Sirves a aquello a lo que dedicas más tiempo. Sirves a aquello que pasa por delante de lo demás. Sirves a aquello que no estás dispuesto a dejar.

La propuesta cristiana, a la que yo intento dar respuesta, es servir al Señor. A ese Señor que hace historia conmigo, que me conoce y me ama, que me perdona, que ha traído su Reino para que vaya cambiando el mundo poco a poco. A veces me despisto. Y me doy cuenta de que le sirvo sólo de boquilla. Otras veces me descubro firme y ordenando mi vida a su alrededor. Sirvo al Señor. Y aún puedo servirle más.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Es Dios un desconocido? (Hch 17,15.22–18,1)

¡Qué grande este Pablo! Es un animal evangelizador. Qué envidia. Pasearse por Atenas, ver la estatua al dios desconocido y percibir en ella la sed del pueblo ateniense, la sed espiritual. Ver la oportunidad. No hacer juicios. No comparar con otros pueblos o lugares o épocas. Y anunciar a Jesús.

Parece que esta historia es de otro tiempo, pero creo profundamente que hay sed en la sociedad de hoy. Sed de amor. Sed de compañía. Sed de seguridad. Sed de silencio. Y de trascendencia. Pero nos equivocamos de dioses. Igual que los atenienses, le estamos poniendo a velas a muchos dioses desconocidos, a dioses creados por nosotros, a los que idolatramos y veneramos y que, sin embargo, no tocan nuestro corazón. ¿Y Cristo? ¿Es un desconocido en nuestra sociedad? Pues en buena parte sí. Tal vez porque muchos hayan cerrado sus oídos. Tal vez porque otros nos hemos predicado más a nosotros mismos que a Él. El caso es que la buena noticia de Cristo es una absoluta desconocida en el «prime time» social de hoy.

Como Pablo, debemos ver la oportunidad. Sin juicios. Sin comparaciones. Sin nostalgias de tiempos pasados y no necesariamente mejores. Es muy cansando hablar de lo poco que saben hoy los niños de Jesús, de lo poco que saben sus familias, de los pocos que van a misa, de … y así pasamos la tarde.

¿Es Cristo un Dios desconocido? ¿A qué estamos esperando pues para anunciarlo? Allí donde la gente está. En el tiempo en el que la gente mira. Con palabras que la gente entienda. Y con el testimonio de una vida que rezume a Él.

Un abrazo fraterno

¿Qué hago ante el insoportable silencio de Dios?

¿Qué hago cuándo Dios permanece en silencio? No me digas que tú no lo has notado a veces. Dios parece que duerme, que asume, que acepta, que otorga, que permite… que todas las atrocidades del mundo pasan delante de su mirada sin causar el más mínimo efecto. Hay veces que siento que Dios ya no camina con nosotros, que se ha ido. Y no me vale eso de que es el hombre el que lo rechaza… Somos muchos los que queremos que esté a nuestro lado y proteja al mundo, al pobre, al débil… pero no recibimos ninguna señal de vida al otro lado.

Israel, ante este silencio, se olvidó de Dios. No exactamente… Se buscó otros dioses, porque siempre necesitamos algo en lo que creer. Israel decidió depositar su confianza y su esperanza en un becerro de oro, hecho con sus propias manos… ¿Y yo? ¿Qué hago yo ante el silencio imperturbable, misterioso y molesto de Dios?

Intento mantener la oración, la relación y la confianza pero me cuesta mucho. A veces veo que se me apaga el optimismo y la esperanza y que Dios, efectivamente, nos ha dejado. La tentación está servida. Deposito mi confianza en mí mismo y en mi capacidad para solucionar los problemas, los míos y los del mundo. Deposito mi esperanza an los hombres y en su inteligencia, en los gobiernos, en las instituciones humanas… pequeños becerros de oro que, a la postre, tampoco son capaces de solucionar los problemas.

Me cuesta llevar el silencio de Dios pero intento no caer en la tentación de obligar a Dios a manifestarse. Su silencio es también una palabra. Su silencio es misterio, expresión verdadera de su ser Dios. Ojalá sepa esperar también en estos tiempos…

Así sea.