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Ayudar a echar raíces (Mt 13,1-9)

¿Cómo es posible que ese joven, que había venido a tantas pascuas, convivencias y retiros, ya no esté? ¿Cómo es posible que de un día para otro haya desaparecido?

Estas preguntas nos las hacemos muchas veces aquellos que somos catequistas, responsables de pastoral, acompañantes… Son preguntas que nos atormentan en cierta medida. Por un lado, son un aguijón que nos recuerdan que no todo depende de nosotros y de nuestras propuestas. Las personas son libres y tienen su proceso. Y eligen. Por otro lado, nos dan una idea de que muchas veces venir a todo en una época no es sinónimo de encuentro con el Señor.

En la parábola que ofrece Jesús hoy dice: «Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol. se abrasó, y por falta de raíz se secó.» Es curioso. Brotó. En algún momento parecía que eso salía… pero llegó el sol y se secó. Falta de raíz. La raíz es eso que va hacia adentro, que busca en lo profundo, que anhela agua y sales, que crece.

Tal vez nuestra tarea hoy sea proponer menos cosas y ayudar a que la raíz crezca con cada una. Azuzar el deseo, enseñar a ir hacia adentro, suscitar búsquedas, animar a buscar alimento…

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Valkiria de David Lozano. #LecturaRecomendada

Acabo de terminar de leer el libro de David Lozano «Valkiria, Game over». Lo comencé ayer y no he podido parar de leer hasta que esta mañana he llegado al final. Me enganchó de una manera bruta desde el primer minuto. Me parece una lectura magnífica para cualquier edad pero ciertamente es una opción magnífica para nuestros jóvenes de Bachillerato y comienzos de Universidad.

  • La trama me parece brillante y original y excepcionalmente llevada por parte del autor, que te tiene en vilo prácticamente hasta el final. Una historia muy actual donde las redes sociales, los videojuegos, los seguidores, los estados, los muros, los ordenadores y los smartphones son parte esencial del tejido que David Lozano crea en un escenario tan sugerente como un campus universitario.
  • Me gusta la naturalidad con la que los personajes aparecen manejando sus perfiles de instagram, de facebook, de twitter, de snapchat… Pero, a la vez, hay aspectos muy buenos que permiten trabajar luego con los chavales. La privacidad, lo que supone subir fotos o datos a internet, la vocación pública de la red, la pérdida de control de lo que sube, las amistades en las redes y su veracidad y fiabilidad, etc. Creo que se puede hacer un buen análisis gracias a lo que el libro nos pone delante.
  • También la historia nos da la posibilidad de hablar de las relaciones de pareja, gracias a las relaciones que se entrecruzan entre los protagonistas. Cuáles son las bases de una relación sana, que funcione, y cuáles son los peligros que la acechan. Lo mismo sucede con la amistad y con la diferencia que existe entre nuestros amigos de verdad y aquellos que sólo lo son en el concepto distorsionado de amistad que aplican algunas redes.
  • Y muchos más temas que sugieren múltiples conversaciones: el suicidio, los límites, la libertad en la orientación sexual, la prudencia, el ocio, las normas…

Desde luego, para trabajar la competencia lectora en asignaturas como TIC me parece idóneo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Una Pascua para unirnos a todos

He tenido la suerte de celebrar los días de Pasión y Pascua en el colegio que tenemos en Oviedo. Allí, junto a mi familia y a casi 100 jóvenes y unos 25 catequistas, pude volver a sentir lo que tengo tan arraigado en mi corazón: participar y vivir desde dentro una pascua juvenil. Hacía años […]

La nube (Ex 40,16-21.34-38)

La nube de la primera lectura de hoy me trae muy buenos recuerdos; recuerdos del último retiro previo a la Confirmación del último grupo de jóvenes a los que acompañé en su camino de fe. Recuerdo trabajar esta nube con ellos y hablar de la disponibilidad de cada uno a levantar el campamento cuando la nube se mueve y a hacer vida el tiempo que haga falta cuando la nube se queda quieta.

nubeSeguir a la nube es renunciar a las seguridades absolutas, al definitivo acomodo. Seguir a la nube es estar siempre en camino, es estar dispuesto a seguir al Padre allí adonde la nube del Espíritu nos conduzca.

Realmente complicado. Yo he comprado una casa para quedarme en ella. He pensado una vida para llevarla a cabo. Pero ciertamente también estoy abierto a esta aventura de Dios. También es apasionante a la par de dura. Y hacerlo junto a mi mujer y mis hijos me llena de alegría y esperanza. Una muerte, una circunstancia imprevista, una petición de ayuda, un nuevo trabao, una nueva tarea… la nube siempre se mueve. Mejor es seguirla.

Un abrazo fraterno

Carta a quienes peregrinaron conmigo

Queridos Charlie, Villa, Sátur, Elena, Luz, MariLuz, Marco, Barrigón, Máría, Fernandito, Álex, Loreto, Pepe…

Desconozco cuántos y quiénes de vosotros todavía tenéis en vuestro poder el vídeo en el que inmortalizamos nuestro peregrinar a Santiago de Compostela allá por el año 93. Yo lo he reencontrado hoy en un armario de casa de mis padres después de haber vivido con la tristeza (sí, digo bien, tristeza) de pensar que lo había extraviado en mi época de traslado de casas. No puedo negar que según lo tuve en mi mano mi corazón dio un vuelco y me llené de alegría. Lo puse inmediatamente pese a estar trabajando. Pude saborear cada palabra, cada sonido, cada paisaje, cada detalle… como si fuera hoy mismo cuando lo estuviera viviendo. Me llené de emoción y, cuando la emoción me embarga, necesito expresarme por escrito y con música de fondo. Hoy he elegido para este momento el segundo movimiento de la séptima sinfonía de Beethoven. Los pelos como escarpias.

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En 1993 la mayoría de los que allí estábamos estábamos entre los 16 y los 17 años y cursábamos 3º BUP. El colegio, a iniciativa de Sátur, organizó la posibilidad de realizar el Camino de Santiago en fines de semana desde O Cebreiro. No era barato. Y nos animamos unos cuantos, unos cuantos que ya formáis parte de la historia de mi vida y de la memoria emocional del que os escribe. Me surje un tremendo sentimiento de agradecimiento hacia mis padres por haberme dado la oportunidad de haber participado. Era la primera actividad de ese estilo en la que yo participaba. Nunca había ido a campamentos ni a colonias ni con los scouts… Era, por decirlo de alguna manera, la primera vez que salía de casa en ese plan. Y no puedo olvidarlo. Tengo grabado en mi corazón y en mi mente muchos de los instantes vividos, de los momentos y de los lugares, de las músicas y las melodías, de las caras, de las ilusiones, de las inquietudes… que teníamos de aquella, ¿os acordáis?

Viendo el vídeo lo primero que llama la atención es volver a ver a Sátur con pelo y barba. Y a Elena embarazada de Abraham, hoy ya adolescente peligroso, je, je, je… Sátur llevaba la voz cantante. Sabía, y me consta que sigue sabiendo, organizar, mandar… y, a la vez, querer, acoger, educar… Dando normas y libertad a la vez, respetando quiénes éramos cada uno de nosotros. Cámara en mano fue inmortalizando lo que hoy pude volver a ver. Él nos enseñó mucho en aquel primer viaje y mucho nos enseñaría después. Ese Camino fue el comienzo de una amistad y un cariño que todavía pervive. Elena iba sufriendo con su barriga, dando una lección de pundonor. Elena escuchaba, se reía, se abajaba a nuestras conversaciones juveniles… Pese a ser nuestra profesora nunca mezclamos carne con pescado. Tal vez mucho de ese mérito sea suyo…

Me emocioné viéndonos tan poquita cosa, con nuestros sueños intactos y nuestras ganas de acabar el COU al año siguiente. Compartíamos cada noche en común como si fuera la última contándonos confidencias y riendo de las ocurrencias del momento. Estábamos llenos de vida. Sin achaques, sin cansancios, sin sufrimiento, sin golpes todavía. Preparados y deseosos de caminar, aceptando tanto el sol como la lluvia y dejándonos los pies por llegar. Tenéis que volver a ver el vídeo para sentir lo que os estoy diciendo… Comiendo en el prado, dando volteretas en carreteras de monte perdidas, durmiendo en iglesias antiguas, manchándonos de barro, empapándonos en fuentes y regatos…

No sé si a vosotros os pasará pero me ha dado mucho que pensar el verme con 16 años menos. Hay cosas que me reconozco y otras que descubro ya desvanecidas. Por lo de pronto ¡me vi tan delgado y con tanto pelo!  Igual os reís pero me vi guapo, je, je, je… Tenía un buen porte ehhh… Porte que ya no tengo. 16 años después me veo gordo, calvo y muy abandonado físicamente. Y no me ha gustado. No es que no lo supiera sino, más bien, que intento no ponérmelo delante tan claramente. A vosotros os veo igual de bien que ahora así que yo he sido quien más ha perdido. No me gusta. Algo debe cambiar y aunque el pelo no va a retornar a mi cabeza sí debo cuidarme más, adelgazar, etc. ¡Qué os voy a decir! Vi en mi la misma alegría que hoy, la misma risa perenne y el mismo humor fresco que sigo teniendo. Vi en mi a una persona con amigos, que se relaciona bien y que es capaz de estar con todos. Vi en mi a un chico con ganas de llamar la atención y de tener su ratito de protagonismo del sano. Vi en mi a un adolescente enamorado en plenitud de su pájara. Vi en mi a alguien con un puntito de locura que sí me gusta mantener. Pero me vi doblemente fresco y vital de lo que estoy hoy.  ¿Cómo os veis vosotros?

Ahí está MariLuz. Con su pantalón gris y su chubasquero rojo, con su sudadera rosa. Con su pelo rizado y su cara de niña. Con su suficiencia y su desparpajo. Con sus saltos y su liderazgo. Y Charlie, con su gracia y su encanto sobrio y su capacidad de estar siempre ahí. Y Barrigón con sus protestas. Y Marco con su personal estilo con olor a Galicia de par en par. Y Villa y su don de hacer reir. Y Luz, la pequeña luciérnaga del grupo. Vosotros también habéis cambiado en parte.

¡Y qué decir de la noche no Monte do Gozo! ¡Con la melodía de Perales en el vídeo! Difícil de sobrevivir para un sentimental y nostálgico como yo. Fue una noche mágica. Totalmente inolvidable. Una noche que ha configurado parte de lo que somos, parte de lo mejor que llevamos dentro, parte de mucho de lo que daremos a nuestros hijos. A la luz de la luna compostelana. Aprediendo a bailar. Con el traje milenario de peregrinos. Con la alegría del que sabe que ha llegado. Con la tristeza de quien no quiere que el sueño se acabe. Con la claridad blanca de la farolas iluminando toda la emoción que pusimos en juego. flecha_amarilla_en_el_camino_de_santiago_de_la_via_de_la_plata

Ese Camino que un día empezamos juntos sigue su curso y todos nosotros seguimos caminándolo. Ya no tenemos la frescura de aquellos días y la vida ha empezado a hacer mella en muchos de nosotros. Hemos ido descubriendo el dolor y el sufrimiento. Y también el amor verdadero. Seguimos al pie del cañón luchando por ser mejores y hacer de este mundo algo mejor de lo que un día nos encontramos. Y no vamos a defraudar a nadie. Ni a Dios. Ni a nosotros. ¿Sabéis? No hemos cambiado tanto. Seguimos siendo los mismos. Con los sueños intactos. Con el corazón más maduro y la mente más clara. Pero los mismos. Con las mismas ganas de comer en un prado verde y la misma necesidad los unos de los otros. Con las mismas ganas de seguir dando un paso más y de hablar y compartirnos en la marcha. Deseosos de seguir durmiendo juntos en la misma habitación para hablar de nosotros. Sintiéndonos especiales. Cuidándonos. Con necesidad de que alguien más mayor nos ayude y nos acompañe en la dureza del recorrido. Con la misma necesidad de llorar de rabia cuando las inclemencias nos superan y la misma alegría de sabernos fuertes.

No sé qué más decir. Podría estaros hablando toda la noche. Pese a mi felicidad hay una parte de mi que os echa de menos, una parte de mi que querría volver 16 años atrás y volver a vivir aquello. Cuando queráis hacemos una nueva versión. Con hijos. Sin pelo. Con canas. Con kilos. Sin alguno de los que allí estuvimos.

Siempre a vuestro lado.

Santi

El Reino de Dios está dentro de vosotros… (Lc 17-20-25)

«… si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás».

 Esta lectura toca lo profundo de mi «ser catequista». Cuando uno se pone delante de los chicos y chicas que vienen a catequesis por la sed y el ansia de búsqueda de Dios, tiene que pensar, sentir y saber que lo que tiene enfrente es terreno sagrado. Hay que descalzarse para no pisar allí donde la semilla es capaz de germinar.

Los catequistas no tenemos que decir dónde está Dios. Ni siquiera podemos decir dónde lo hemos encontrado nosotros. Porque no sirve. Deberíamos ser lo suficientemente francos para el primer día de catequesis decir: «si alguna vez os digo lo que tenéis que hacer, creer, pensar o dónde tenéis que buscar… no me hagáis ni caso». A veces me descubro enseñándoles el camino a seguir en lugar de ayudarles a caminar por el suyo, el único que les llevará al Padre. ¡Y me saltan las alarmas!

Sólo el que sea capaz de hacer el camino hacia dentro, será capaz de abrir sus manos hacia afuera. Sólo el que sienta y descubra a Jesús resucitado en cada poro de su piel será capaz de dar testimonio de una buena noticia capaz de hacer milagros.

Como dice Amparanoia en una de sus canciones: «mira p’adentro, mira p’adentro, mira p’adentro p’a sentirte contento».

Un abrazo fraterno