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Evangelio para jóvenes – Domingo 3º del Tiempo Ordinario Ciclo C

¿Cómo estás? Otro domingo más delante de nuestras narices. Omicron sigue haciendo de las suyas y, en el horizonte, tambores de guerra que nos recuerdan lo frágil que es siempre la paz, empezando por nuestro propio corazón. Y en medio de todo este ruido, en medio de este oleaje bravucón que nos sube y nos baja, en una auténtica marea de emociones, el evangelio de hoy: Lc [1, 1-4;4, 14-21].

Ilustre Teófilo:
Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo he resuelto escribírtelos por su orden, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.
Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

«El Espíritu del Señor está sobre mí,

porque él me ha ungido.
Me ha enviado a evangelizar a los pobres,
a proclamar a los cautivos la libertad,
y a los ciegos, la vista;
a poner en libertad a los oprimidos;
a proclamar el año de gracia del Señor».

Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él.

Y él comenzó a decirles:

«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

Jesús vuelve a casa. Es decisión propia. Según el evangelista Lucas, comienza su «revolución» en uno de los lugares más problemáticos de toda Palestina, Galilea, y, a la vez, un lugar bien conocido por Jesús: su casa. Galilea era una región plagada de zelotes revolucionarios, quemados por la presencia romana en su territorio y con ganas de mandarlos a paseo aunque fuera por la fuerza. Además, internamente, era una región mal vista por los judíos más ortodoxos, tal vez por ser región fronteriza y por sus relaciones con aquellos a los que los judíos tachaban de paganos. Era, por decirlo de alguna manera, la región atea y rebelde; la región ruda, a la sombra de olivos y enredada a orillas del lago de Genesaret. Te dejo tres ideas:

  • «Galilea» – Jesús toma opción desde el principio. No sólo nació en Belén, en medio de animales en un establo, a la intemperie y olvidado; sino que decidió comenzar a predicar en un lugar plagado de pobres, excluidos e «impuros». Jesús decide comenzar alejado de las esferas de poder, lejos de la poderosa capital Jerusalén. No buscaba influencia, reconocimiento, compadreo con los poderosos. Y esto es una buena noticia para ti, para mí. Porque nosotros también somos galileos. ¡Sí! ¡Hazme caso! Eres galileo, galilea. Tu vida está llena de promesas pero, también de dificultades, frustraciones, fracasos y heridas, aunque no lo quieras reconocer. Vives en medio de la lucha entre lo que te gustaría ser y lo que descubres de ti mismo todos los días. ¡La misma sensación que tenían aquellos pescadores cuando, al anochecer, salían en sus barcas con el objetivo de atiborrarlas de peces y volvían a puerto, al amanecer, con las redes vacías! Jesús te prioriza, quiere devolverte la grandeza que no sientes, la autoestima que no tienes, el amor que anhelas.
  • «El Espíritu» – No, no es un fantasma. El Espíritu es quién te mantiene vivo hoy, quién llena tu corazón cada día y te lo llena de esa alegría que lucha, contracorriente, para que la desesperanza no gane la batalla del mundo. El Espíritu es esa voz que escuchas tantas veces y que te recuerda que no estás sola, que siempre hay alguien; es quién te envía personas para que se crucen contigo, para cambiarte la vida, para que les cambies la vida. El Espíritu es el fuego que sientes cuando estás enamorado, el ardor del primer beso, y del segundo, y del tercero, el deseo de querer ser amado siempre, la felicidad de amar. El Espíritu te habla en el espejo, en la almohada, en el silencio, en la naturaleza, en tu conciencia, en aquellos que están a tu lado, en la Biblia que abres de vez en cuando, en el camino por el que transitas. El Espíritu fue quién empujó a Jesús, quién lo iluminó, quién lo acompañó, quién lo guio, quién lo sostuvo, quién lo animó. ¿No lo notas en tu vida? Mira bien. Escucha. Siente. También tiene una misión que comunicarte, un porqué para tu vida, un sentido para tus días.
  • «Hoy» – Jesús y sus ganas de salvar tu vida no asumen la «teoría del gimnasio» o el «teorema de la dieta«, por los cuales lo mejor para empezar algo es el lunes que viene. No. Jesús pronuncia un HOY rotundo, que dejó helados a todos sus vecinos que allí le escuchaban. Y HOY también te habla a ti. Y tienes que descubrirlo. ¿A qué estás esperando? ¿A que baje el arcángel S. Gabriel a poner orden en tu vida? ¿A que una paloma te hable y te comente lo que tienes que hacer? ¿A que, con los años, disciernas qué quiere Dios para ti? ¿A qué estás esperando? Jesús viene a salvarte HOY, quiere contar contigo HOY, te necesita HOY, pasa por aquí HOY. ¡Búscalo! Si está aquí HOY querrá decir que estará en la escuela, o en la universidad, o en casa, o en la iglesita del barrio… o en ti… ¡qué sé yo! Pero no puede andar muy lejos. Deja de mirar el móvil y mira arriba. Busca. Busca y lo encontrarás; porque él quiere que le encuentres. Busca.

Ojalá termines este domingo con la convicción de que Galilea es tu casa, también, de que Jesús viene a tu vida porque le importas y que, además, no es de dilatarlo todo y dejarlo para mañana. Seguirle es urgente. Tu vida está en juego. Tú mismo, tú misma. Confía y, como él, opta. Y a por ello.

Un abrazo fraterno

Santi Casanova

Evangelio para jóvenes – Domingo 2º del Tiempo Ordinario Ciclo C

Dejamos atrás ya el tiempo de Navidad y nos adentramos en el tiempo de lo cotidiano, el tiempo «ordinario» donde parece que nada especial sucede; el tiempo de la rutina, el tiempo de «lo de siempre». Ciertamente, la vuelta al cole, a la uni, al trabajo… no está siendo nada fácil. La realidad que estamos viviendo se parece poco a esa realidad «de siempre» que marcaba nuestras cuestas de enero de antaño. Pero, curiosamente, para este tiempo de rebajas la Palabra nos ofrece un evangelio potente. Una boda, unos novios, invitados que bailan y ríen, un contratiempo… Escuchemos lo que nos cuenta el evangelista Juan: Jn [2, 1-11].

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice:
«No tienen vino».
Jesús le dice:
«Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora».
Su madre dice a los sirvientes:
«Haced lo que él os diga».

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dice:
«Llenad las tinajas de agua».
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les dice:
«Sacad ahora y llevadlo al mayordomo».
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dice:
«Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».

Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

¡Una boda! Si hay algo que gusta a mucha gente es «ir de boda». Pocas cosas nos hacen tan felices como recibir la noticia de que algún amigo o amiga cercanos, o algún familiar, se casa. Pocos días recordamos con más alegría que el día de nuestra propia boda. Una boda es la fiesta que brota de un amor comprometido. Es en ese escenario, en ese lugar, en esa fiesta, donde Jesús mostrará por primera vez quién es y a qué ha venido. Te comento varias ideas:

  • «El vino» – No hace falta comentar la importancia, tal vez desmesurada, que el vino tiene en nuestra cultura mediterránea. El vino es signo de alegría compartida, de placer, de lo mejor de la vida, de la amistad compartida. Pero yo diría más: el vino simboliza justamente lo mejor que tenemos para ofrecer a los demás. Y es que hay fiesta allí donde las personas vivimos desde lo mejor de nosotras mismas. Seguro que tú habrás experimentado el buen rollo que se genera cuando ofreces lo mejor de ti mismo y los demás hacen lo propio. Pues justamente eso es lo que se había acabado en aquella boda. Porque en «la fiesta de la vida» llegan los momentos de desolación, ¿o no? Tú y yo sabemos que demasiadas veces pensamos y sentimos que nada bueno tenemos ya que ofrecer, que todo se oscurece, que los ánimos se apagan, que brotan las culpabilidades, que asoman los fracasos, que la autoestima baja y que nuestra vida pliega las alas. Cuando el «vino» se acaba sólo queremos escondernos hasta que se pueda volver a estar de fiesta. Y justamente eso es lo que Jesús viene a ofrecerte: devolverte aquello que hace de tu vida algo único, que te lanza a compartir, que te saca de ti misma, de ti mismo. Mira alrededor: no es fácil «estar de fiesta», «hacer fiesta» de tu vida, sin Jesús.
  • «Las tinajas vacías» – Jesús ordena a los criados llenar de agua seis tinajas que estaban por allí vacías. Te preguntarás por qué. ¿No hubiera sido más fácil que Jesús las hubiera llenado directamente de vino? Jesús no hace magia, no es un ilusionista, no llega a tu vida a poner y quitar, a solucionar tus mierdecillas y a complacer tus deseos. Lo que sí puede Jesús es TRANSFORMAR. ¿Y qué transforma Jesús? Con aquellas tinajas y aquel agua los judíos se lavaban y purificaban antes de entrar en el banquete. También tú tienes esas «maneras de funcionar» que te hacen sentir seguro de ti mismo, esas pequeñas cosas que te protegen, esas pequeñas «máscaras» que te ayudan a salir ahí afuera y aparentar que todo va fenomenal. Pero tú y yo sabemos que eso es «pan para hoy y hambre para mañana» porque tu corazón sigue inquieto, sediento, herido. ¡Pero es genial saber que Jesús es capaz de transformar tu vida y que no necesita que dejes de ser quién eres, no necesita que seas un fenómeno ni doña perfecta! Coge tus antiguas tinajas, tus máscaras, y pide a Jesús que las transforme, que las llene del «vino» que alegra el corazón y la vida.
  • «María» – Juan va a situar a María cerca de Jesús en dos momentos que cierran, como en un círculo perfecto, su Evangelio: en Caná y al pie de la cruz. En ambos momentos, Jesús y María hablarán; en ambos momentos, María se mostrará como madre de los creyentes, como testimonio de fe en el Hijo de Dios, al que acompañará a lo largo de su vida. María sabe reconocerLE en ambiente de boda y sabe reconocerLE en ambiente de cruz. María sabe que Jesús es el único capaz de cambiarte, de llenarte, de salvarte. Mira a María. Busca a María.

Aquello que sucedió en Caná, sucede cada día. Porque Dios «se ha casado» contigo. No te quiere como amigo. No te quiere sólo «con derecho a roce». No quiere vivir un tiempo contigo «para probar». Dios, desde el comienzo de tu vida, se ha comprometido contigo, se ha comprometido a amarte «en la salud y en la enfermedad», todos los días de tu vida. Y aunque en algunos momentos, sientas que el vino se acaba, si cuentas con Él, Él será capaz de transformar aquello que ya no sirve en fuente de felicidad. Disfruta de tu fiesta, de este amor. Este es el banquete de la fe. No faltes.

Un abrazo fraterno

Santi Casanova

Evangelio para jóvenes – Domingo del Bautismo del Señor

Posiblemente sea este el domingo que marca el fin de la Navidad, el fin de las fiestas para muchas familias, en muchas casas. ¡Qué pereza recoger y guardar todo! ¡Cómo cuesta volver a la rutina en muchos casos: al colegio, a la universidad, a los trabajos…! Los días, sin embargo, comienzan poco a poco a hacerse más largos. Cuando nos demos cuenta, tendremos delante de nuestros ojos los primeros brotes de la primavera.

Hoy es la fiesta del Bautismo del Señor y el evangelio de Lucas nos presenta la escena: Lc [3, 15-16.21-22].

En aquel tiempo, el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos:

«Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego».

Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo:

«Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».

Te dejo tres ideas:

  • «El agua» – El agua es parte esencial del rito del Bautismo. El agua siempre lo identificamos con algo que limpia, que purifica, origen de la vida. Y no estamos desacertados. Pero para los judíos, en aquella época, el agua es también lugar de peligro, de tormenta, de inseguridad, de muerte. No sé si estás bautizado, bautizada, pero el agua en el Bautismo nos habla de un RENACER, de un tú que muere y que deja paso a un nuevo tú que nace. ¡Y qué bien cuadra esto con este comienzo de año en el que nos hacemos tantos propósitos! ¿O no? En el evangelio, se nos narra la «muerte» de un Jesús desconocido, vecino de sus vecinos, encargado de la carpintería de su padre, desconocido durante 30 años… y el «nacimiento» de un Jesús con una misión clara, por la que entregará su vida; un Jesús que ya no volverá a su casa, que recorrerá Palestina predicando y anunciando la llegada de un nuevo Reino. Comienza su «vida pública». A ti se te invita hoy a renovar tu bautismo cada día o, si es el caso, a plantearte comenzar el camino para bautizarte. Se te invita a tomar la vida en tus manos, a ser consciente de a qué te llama Dios, a afrontar la misión que se te ha encomendado, a dejar que muera toda esa parte de ti abandonada, oscura, conformista, autocomplaciente… y a dejar que nazca la mejor versión de ti mismo, de ti misma, donde tu luz brille y tus dones y tus capacidades se pongan en juego.
  • «Entre el pueblo» – Es llamativo visualizar a Jesús haciendo cola. No estamos acostumbrados a que ministros, presidentes, cantantes, celebrities, influencers, etc. pasen desapercibidos, se sientan uno más. Jesús comienza así su misión: entre la gente. Jesús es uno más y, a la vez, está llamado a cambiar la vida de todos. Tal vez vives en una sociedad que te insinúa todos los días que tú eres diferente, único, irrepetible y que, si quieres, puedes triunfar en la vida. Y triunfar, en el fondo, para este mundo, es no vivir como el resto, como la mayoría. Jesús hoy viene a ofrecerte otra perspectiva, la perspectiva de aquel que sabiéndose único, y amado en primera persona, no necesita marcar distancias con nadie. Su vocación son las personas, las relaciones; le preocupará lo que le preocupa a la gente, vivirá para los demás. Y ese será su modelo de éxito. ¡Brutal eh! Aparentemente no parece muy llamativo el modelo… pero está testado: aquellos que han decidido ponerlo en marcha han confesado que han sido muy felices. ¿Por qué no te animas a plantearte tu vida desde ahí? Gasta tiempo con los demás (presencialmente y también aprovechando los entornos digitales), siéntete único, única, entre otros que también son únicos, como tú. Aspira a una vida llena de nombres, de personas, de vidas compartidas. Cuando llegue el final, tendrás la certeza de haber vivido una vida exitosa.
  • «El diálogo» – ¿Y qué me dices del diálogo final? El evangelio nos dice que Jesús oraba mientras era bautizado y que el cielo se abrió y se oyó la voz del Padre, confirmando a su Hijo en este «comienzo de carrera». Jesús rezaba a menudo. Los evangelios nos hablan muchas veces de cómo Jesús mantenía una relación estrecha con su Padre. Y, en momentos de especial trascendencia, esa oración era, si cabe, más intensa. ¿Cómo llevas tú lo de la oración? ¿Cómo rezas? ¿Sabes rezar? ¿Piensas que no vale para nada? ¿Hay relación? ¿Hay diálogo o monólogo? Tal vez sea un buen momento para pensar cómo sacar 5-10 minutos de oración al día. Comienza con poco pero GARANTÍZALO. No hay mucho que decir. No se trata de vivir algo «extraño». Busca un lugar adecuado, haz silencio, saluda a Dios, háblale de cómo estás, de tu día, de lo que te preocupa, de tus alegrías y desvelos… y luego calla y escucha. El primer día, y el segundo, y el tercero… tendrás la sensación de estar solo, sola, pero si te mantienes… comenzarás a descubrir que son minutos en compañía. Y todo empezará a cambiar.

Buena semana. Abrígate y protégete. Y recuerda: Dios te quiere y te anima a llevar adelante cada uno de tus días desde tu mejor «yo», en compañía de otros. Suena apasionante. ¿O no?

Un abrazo fraterno

Santi Casanova

Evangelio para jóvenes – 2º Domingo después de Navidad

Comienza un nuevo año. No sabes cómo va a ser pero seguro que estás ansioso, ansiosa, de que las cosas vuelvan a la normalidad. Todos despedimos un año y recibimos al siguiente con la esperanza de que la felicidad ocupe mayor espacio en nuestras vidas, la alegría, los sueños cumplidos, el tiempo con los amigos, con los que más queremos… Y, tal vez, es buen momento para que te preguntes, también, qué pinta Dios en todo esto.

En este primer evangelio del año, la Palabra nos la sirve S. Juan: Jn [1, 1-18].

En el principio ya existía la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Por medio de él, Dios hizo todas las cosas; nada de lo que existe fue hecho sin él. En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. Esta luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no han podido apagarla. Hubo un hombre llamado Juan, a quien Dios envió como testigo, para que diera testimonio de la luz y para que todos creyesen por medio de él. Juan no era la luz, sino uno enviado a dar testimonio de la luz. La luz verdadera que alumbra a toda la humanidad venía a este mundo.
Aquel que es la Palabra estaba en el mundo, y aunque Dios había hecho el mundo por medio de él, los que son del mundo no le reconocieron. Vino a su propio mundo, pero los suyos no le recibieron. Pero a quienes le recibieron y creyeron en él les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios. Y son hijos de Dios, no por la naturaleza ni los deseos humanos, sino porque Dios los ha engendrado.
Aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros lleno de amor y de verdad. Y hemos visto su gloria, la gloria que como Hijo único recibió del Padre. Juan dio testimonio de él diciendo: “A este me refería yo cuando dije que el que viene después de mí es más importante que yo, porque existía antes que yo.” De sus grandes riquezas, todos hemos recibido bendición tras bendición. Porque la ley fue dada por medio de Moisés, pero el amor y la verdad se han hecho realidad por medio de Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, que es Dios y que vive en íntima comunión con el Padre, nos lo ha dado a conocer.

Te dejo tres ideas:

  • «El principio» – ¿Alguna vez te paras a pensar en que hubo un tiempo en el que el mundo existía y tú no? ¿Nunca te ha llamado la atención cuando, en casa, revisáis fotografías de un tiempo anterior a tu llegada? ¿Has experimentado ya la ausencia de alguna persona cercana que ya ha fallecido? Este comienzo de año es buen momento para hacerte alguna pregunta interesante sobre tu existencia, sobre el tiempo que se te ha dado, sobre la inseguridad acerca del tiempo que tienes, sobre qué había antes y qué habrá después de tu paso por la vida. ¿Por qué estás aquí? ¿Qué quiere Dios de ti? ¿Hacia dónde quieres que vaya tu vida? Es momento para la trascendencia, para mirar más allá.
  • «Juan, el testigo» – El Evangelio te habla de Juan Bautista, el «testimonio de la luz». ¡Qué bonito apodo». Si alguien escribiera hoy sobre ti, ¿cómo te llamaría? ¿De qué habla tu vida? ¿De qué hablan tus perfiles en las redes sociales? ¿De qué hablas tú? ¿Qué se lleva la gente que está contigo? ¿Eres testigo de algo? Seguro que has vivido cerca de personas que sí te han hablado de «algo» o de «alguien»: testigos de Dios que te enseñaron a rezar o te hablaron de Él, testigos del amor cotidiano, callado y poco agradecido, testigos de vida entregada a los demás, testigos de una vocación descubierta y respondida… Y también, sin duda, testigos del dinero, del poder, «influencers» de lo superficial, profetas de la oscuridad, del miedo, de la negatividad. ¡No pierdas el tiempo con «los tóxicos»!
  • «Gracia y verdad» – ¿También usas máscaras? ¿Te da miedo ser quién eres delante de los demás? ¿A veces te sientes solo, sola, incompleto, falta de ganas, apagado, asqueada? La Buena Noticia llega entonces para ti este año. Jesús viene a ofrecerte una vida de verdad, llena de gracia, de plenitud o, para que lo entiendas mejor, de felicidad de la buena. Tendrás mil ofertas que te prometan lo mismo. El mundo está lleno de «Mr. Wonderfuls» para subirte el ánimo y prometerte el cielo… pero creo que ya te has dado cuenta de que muchas de las promesas que te han hecho no te han dado buen resultado. Jesús es garantía: no garantía de bienestar, no garantía de éxito, no garantía de poder… pero sí garantía de plenitud, de compañía, de pasión, de amor.

¡Pues venga! Toca empezar el 2022: dale trascendencia a tu vida construyendo una vida intensa que valga la pena, sé testigo de lo mejor y aprende de los testigos que tienes cerca y acércate a Jesús, en Él encontrarás aquello que buscas.

Un abrazo fraterno

Santi Casanova

Ayudar a echar raíces (Mt 13,1-9)

¿Cómo es posible que ese joven, que había venido a tantas pascuas, convivencias y retiros, ya no esté? ¿Cómo es posible que de un día para otro haya desaparecido?

Estas preguntas nos las hacemos muchas veces aquellos que somos catequistas, responsables de pastoral, acompañantes… Son preguntas que nos atormentan en cierta medida. Por un lado, son un aguijón que nos recuerdan que no todo depende de nosotros y de nuestras propuestas. Las personas son libres y tienen su proceso. Y eligen. Por otro lado, nos dan una idea de que muchas veces venir a todo en una época no es sinónimo de encuentro con el Señor.

En la parábola que ofrece Jesús hoy dice: «Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol. se abrasó, y por falta de raíz se secó.» Es curioso. Brotó. En algún momento parecía que eso salía… pero llegó el sol y se secó. Falta de raíz. La raíz es eso que va hacia adentro, que busca en lo profundo, que anhela agua y sales, que crece.

Tal vez nuestra tarea hoy sea proponer menos cosas y ayudar a que la raíz crezca con cada una. Azuzar el deseo, enseñar a ir hacia adentro, suscitar búsquedas, animar a buscar alimento…

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Valkiria de David Lozano. #LecturaRecomendada

Acabo de terminar de leer el libro de David Lozano «Valkiria, Game over». Lo comencé ayer y no he podido parar de leer hasta que esta mañana he llegado al final. Me enganchó de una manera bruta desde el primer minuto. Me parece una lectura magnífica para cualquier edad pero ciertamente es una opción magnífica para nuestros jóvenes de Bachillerato y comienzos de Universidad.

  • La trama me parece brillante y original y excepcionalmente llevada por parte del autor, que te tiene en vilo prácticamente hasta el final. Una historia muy actual donde las redes sociales, los videojuegos, los seguidores, los estados, los muros, los ordenadores y los smartphones son parte esencial del tejido que David Lozano crea en un escenario tan sugerente como un campus universitario.
  • Me gusta la naturalidad con la que los personajes aparecen manejando sus perfiles de instagram, de facebook, de twitter, de snapchat… Pero, a la vez, hay aspectos muy buenos que permiten trabajar luego con los chavales. La privacidad, lo que supone subir fotos o datos a internet, la vocación pública de la red, la pérdida de control de lo que sube, las amistades en las redes y su veracidad y fiabilidad, etc. Creo que se puede hacer un buen análisis gracias a lo que el libro nos pone delante.
  • También la historia nos da la posibilidad de hablar de las relaciones de pareja, gracias a las relaciones que se entrecruzan entre los protagonistas. Cuáles son las bases de una relación sana, que funcione, y cuáles son los peligros que la acechan. Lo mismo sucede con la amistad y con la diferencia que existe entre nuestros amigos de verdad y aquellos que sólo lo son en el concepto distorsionado de amistad que aplican algunas redes.
  • Y muchos más temas que sugieren múltiples conversaciones: el suicidio, los límites, la libertad en la orientación sexual, la prudencia, el ocio, las normas…

Desde luego, para trabajar la competencia lectora en asignaturas como TIC me parece idóneo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Una Pascua para unirnos a todos

He tenido la suerte de celebrar los días de Pasión y Pascua en el colegio que tenemos en Oviedo. Allí, junto a mi familia y a casi 100 jóvenes y unos 25 catequistas, pude volver a sentir lo que tengo tan arraigado en mi corazón: participar y vivir desde dentro una pascua juvenil. Hacía años […]

La nube (Ex 40,16-21.34-38)

La nube de la primera lectura de hoy me trae muy buenos recuerdos; recuerdos del último retiro previo a la Confirmación del último grupo de jóvenes a los que acompañé en su camino de fe. Recuerdo trabajar esta nube con ellos y hablar de la disponibilidad de cada uno a levantar el campamento cuando la nube se mueve y a hacer vida el tiempo que haga falta cuando la nube se queda quieta.

nubeSeguir a la nube es renunciar a las seguridades absolutas, al definitivo acomodo. Seguir a la nube es estar siempre en camino, es estar dispuesto a seguir al Padre allí adonde la nube del Espíritu nos conduzca.

Realmente complicado. Yo he comprado una casa para quedarme en ella. He pensado una vida para llevarla a cabo. Pero ciertamente también estoy abierto a esta aventura de Dios. También es apasionante a la par de dura. Y hacerlo junto a mi mujer y mis hijos me llena de alegría y esperanza. Una muerte, una circunstancia imprevista, una petición de ayuda, un nuevo trabao, una nueva tarea… la nube siempre se mueve. Mejor es seguirla.

Un abrazo fraterno

Carta a quienes peregrinaron conmigo

Queridos Charlie, Villa, Sátur, Elena, Luz, MariLuz, Marco, Barrigón, Máría, Fernandito, Álex, Loreto, Pepe…

Desconozco cuántos y quiénes de vosotros todavía tenéis en vuestro poder el vídeo en el que inmortalizamos nuestro peregrinar a Santiago de Compostela allá por el año 93. Yo lo he reencontrado hoy en un armario de casa de mis padres después de haber vivido con la tristeza (sí, digo bien, tristeza) de pensar que lo había extraviado en mi época de traslado de casas. No puedo negar que según lo tuve en mi mano mi corazón dio un vuelco y me llené de alegría. Lo puse inmediatamente pese a estar trabajando. Pude saborear cada palabra, cada sonido, cada paisaje, cada detalle… como si fuera hoy mismo cuando lo estuviera viviendo. Me llené de emoción y, cuando la emoción me embarga, necesito expresarme por escrito y con música de fondo. Hoy he elegido para este momento el segundo movimiento de la séptima sinfonía de Beethoven. Los pelos como escarpias.

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En 1993 la mayoría de los que allí estábamos estábamos entre los 16 y los 17 años y cursábamos 3º BUP. El colegio, a iniciativa de Sátur, organizó la posibilidad de realizar el Camino de Santiago en fines de semana desde O Cebreiro. No era barato. Y nos animamos unos cuantos, unos cuantos que ya formáis parte de la historia de mi vida y de la memoria emocional del que os escribe. Me surje un tremendo sentimiento de agradecimiento hacia mis padres por haberme dado la oportunidad de haber participado. Era la primera actividad de ese estilo en la que yo participaba. Nunca había ido a campamentos ni a colonias ni con los scouts… Era, por decirlo de alguna manera, la primera vez que salía de casa en ese plan. Y no puedo olvidarlo. Tengo grabado en mi corazón y en mi mente muchos de los instantes vividos, de los momentos y de los lugares, de las músicas y las melodías, de las caras, de las ilusiones, de las inquietudes… que teníamos de aquella, ¿os acordáis?

Viendo el vídeo lo primero que llama la atención es volver a ver a Sátur con pelo y barba. Y a Elena embarazada de Abraham, hoy ya adolescente peligroso, je, je, je… Sátur llevaba la voz cantante. Sabía, y me consta que sigue sabiendo, organizar, mandar… y, a la vez, querer, acoger, educar… Dando normas y libertad a la vez, respetando quiénes éramos cada uno de nosotros. Cámara en mano fue inmortalizando lo que hoy pude volver a ver. Él nos enseñó mucho en aquel primer viaje y mucho nos enseñaría después. Ese Camino fue el comienzo de una amistad y un cariño que todavía pervive. Elena iba sufriendo con su barriga, dando una lección de pundonor. Elena escuchaba, se reía, se abajaba a nuestras conversaciones juveniles… Pese a ser nuestra profesora nunca mezclamos carne con pescado. Tal vez mucho de ese mérito sea suyo…

Me emocioné viéndonos tan poquita cosa, con nuestros sueños intactos y nuestras ganas de acabar el COU al año siguiente. Compartíamos cada noche en común como si fuera la última contándonos confidencias y riendo de las ocurrencias del momento. Estábamos llenos de vida. Sin achaques, sin cansancios, sin sufrimiento, sin golpes todavía. Preparados y deseosos de caminar, aceptando tanto el sol como la lluvia y dejándonos los pies por llegar. Tenéis que volver a ver el vídeo para sentir lo que os estoy diciendo… Comiendo en el prado, dando volteretas en carreteras de monte perdidas, durmiendo en iglesias antiguas, manchándonos de barro, empapándonos en fuentes y regatos…

No sé si a vosotros os pasará pero me ha dado mucho que pensar el verme con 16 años menos. Hay cosas que me reconozco y otras que descubro ya desvanecidas. Por lo de pronto ¡me vi tan delgado y con tanto pelo!  Igual os reís pero me vi guapo, je, je, je… Tenía un buen porte ehhh… Porte que ya no tengo. 16 años después me veo gordo, calvo y muy abandonado físicamente. Y no me ha gustado. No es que no lo supiera sino, más bien, que intento no ponérmelo delante tan claramente. A vosotros os veo igual de bien que ahora así que yo he sido quien más ha perdido. No me gusta. Algo debe cambiar y aunque el pelo no va a retornar a mi cabeza sí debo cuidarme más, adelgazar, etc. ¡Qué os voy a decir! Vi en mi la misma alegría que hoy, la misma risa perenne y el mismo humor fresco que sigo teniendo. Vi en mi a una persona con amigos, que se relaciona bien y que es capaz de estar con todos. Vi en mi a un chico con ganas de llamar la atención y de tener su ratito de protagonismo del sano. Vi en mi a un adolescente enamorado en plenitud de su pájara. Vi en mi a alguien con un puntito de locura que sí me gusta mantener. Pero me vi doblemente fresco y vital de lo que estoy hoy.  ¿Cómo os veis vosotros?

Ahí está MariLuz. Con su pantalón gris y su chubasquero rojo, con su sudadera rosa. Con su pelo rizado y su cara de niña. Con su suficiencia y su desparpajo. Con sus saltos y su liderazgo. Y Charlie, con su gracia y su encanto sobrio y su capacidad de estar siempre ahí. Y Barrigón con sus protestas. Y Marco con su personal estilo con olor a Galicia de par en par. Y Villa y su don de hacer reir. Y Luz, la pequeña luciérnaga del grupo. Vosotros también habéis cambiado en parte.

¡Y qué decir de la noche no Monte do Gozo! ¡Con la melodía de Perales en el vídeo! Difícil de sobrevivir para un sentimental y nostálgico como yo. Fue una noche mágica. Totalmente inolvidable. Una noche que ha configurado parte de lo que somos, parte de lo mejor que llevamos dentro, parte de mucho de lo que daremos a nuestros hijos. A la luz de la luna compostelana. Aprediendo a bailar. Con el traje milenario de peregrinos. Con la alegría del que sabe que ha llegado. Con la tristeza de quien no quiere que el sueño se acabe. Con la claridad blanca de la farolas iluminando toda la emoción que pusimos en juego. flecha_amarilla_en_el_camino_de_santiago_de_la_via_de_la_plata

Ese Camino que un día empezamos juntos sigue su curso y todos nosotros seguimos caminándolo. Ya no tenemos la frescura de aquellos días y la vida ha empezado a hacer mella en muchos de nosotros. Hemos ido descubriendo el dolor y el sufrimiento. Y también el amor verdadero. Seguimos al pie del cañón luchando por ser mejores y hacer de este mundo algo mejor de lo que un día nos encontramos. Y no vamos a defraudar a nadie. Ni a Dios. Ni a nosotros. ¿Sabéis? No hemos cambiado tanto. Seguimos siendo los mismos. Con los sueños intactos. Con el corazón más maduro y la mente más clara. Pero los mismos. Con las mismas ganas de comer en un prado verde y la misma necesidad los unos de los otros. Con las mismas ganas de seguir dando un paso más y de hablar y compartirnos en la marcha. Deseosos de seguir durmiendo juntos en la misma habitación para hablar de nosotros. Sintiéndonos especiales. Cuidándonos. Con necesidad de que alguien más mayor nos ayude y nos acompañe en la dureza del recorrido. Con la misma necesidad de llorar de rabia cuando las inclemencias nos superan y la misma alegría de sabernos fuertes.

No sé qué más decir. Podría estaros hablando toda la noche. Pese a mi felicidad hay una parte de mi que os echa de menos, una parte de mi que querría volver 16 años atrás y volver a vivir aquello. Cuando queráis hacemos una nueva versión. Con hijos. Sin pelo. Con canas. Con kilos. Sin alguno de los que allí estuvimos.

Siempre a vuestro lado.

Santi

El Reino de Dios está dentro de vosotros… (Lc 17-20-25)

«… si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás».

 Esta lectura toca lo profundo de mi «ser catequista». Cuando uno se pone delante de los chicos y chicas que vienen a catequesis por la sed y el ansia de búsqueda de Dios, tiene que pensar, sentir y saber que lo que tiene enfrente es terreno sagrado. Hay que descalzarse para no pisar allí donde la semilla es capaz de germinar.

Los catequistas no tenemos que decir dónde está Dios. Ni siquiera podemos decir dónde lo hemos encontrado nosotros. Porque no sirve. Deberíamos ser lo suficientemente francos para el primer día de catequesis decir: «si alguna vez os digo lo que tenéis que hacer, creer, pensar o dónde tenéis que buscar… no me hagáis ni caso». A veces me descubro enseñándoles el camino a seguir en lugar de ayudarles a caminar por el suyo, el único que les llevará al Padre. ¡Y me saltan las alarmas!

Sólo el que sea capaz de hacer el camino hacia dentro, será capaz de abrir sus manos hacia afuera. Sólo el que sienta y descubra a Jesús resucitado en cada poro de su piel será capaz de dar testimonio de una buena noticia capaz de hacer milagros.

Como dice Amparanoia en una de sus canciones: «mira p’adentro, mira p’adentro, mira p’adentro p’a sentirte contento».

Un abrazo fraterno