Aprender a rezar – Domingo XVII TO Ciclo C

Estuve acompañando a niños de entre 5 y 12 años en su oración semanal en el oratorio del colegio. Es lo que los escolapios, siguiendo a nuestro Fundador, llamamos Oración Continua. Para mí fue todo un privilegio poder estar con ellos y acompañarlos en su incipiente experiencia orante.

He de decir que lo más importante cada día que me encontraba con ellos era no estorbar. No intentar que los niños vivieran mi propia experiencia de oración, no asumieran siempre mis formas, no acabar siendo yo el camino para acceder a Dios. No hablar demasiado, no pontificar, no moralizar, no intentar convertir en adulta una primera oración de niños, muchos de los cuales sin experiencia de oración en su casa.

Y que vieran a Dios como un papá amoroso que está siempre con ellos, que los ama, que los perdona, que los escucha, que los comprende y que los acepta como son. Un papá al que hay que contarle cómo estamos, al que hay que escuchar, que nos anima a portarnos bien con nuestros hermanos. En definitiva, intentar que esa hora de oración fuera una hora de intimidad agradable, alegre y confiada.

Creo que esa es la esencia del Padrenuestro que Jesús nos enseñó. Más que una serie de palabras, una manera de relacionarse con Dios. Un manera, por cierto, profundamente tierna e infantil.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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