Las mates se me dan mal

Cuando comenzó el curso, el primer día de clase de Matemáticas de 1º ESO, les pedí a mis nuevos alumnos que me escribieran en un papel varias cosas. Entre ellas, les pedí que me contaran sus sentimientos hacia la asignatura y cómo se veían ellos en la misma. Ciertamente no me sorprendí: me aburre, la odio, no me gusta, soy malo, no se me da bien, me cuesta mucho… 

Es digno de reflexión el profundizar en las causas de esta «mala fama» de las Mates, una asignatura que puede ser, sin duda lo digo, de las más gratificantes, divertidas y apasionantes del espectro de asignaturas de cada curso. Creo que el peso psicológico sobre la misma es muy alto y que hay un buen número de alumnos y alumnas que, en algún momento de su vida decidieron que las mates se les dan mal, y ya arrastran la maldición hasta el final de sus estudios.

Una de mis tareas en este primer mes de clase ha sido crear ambiente en el aula, un ambiente de respeto entre nosotros pero, a la vez, un ambiente distendido. Las mates se trabajan mejor si lo hacemos relajados. Concentrados pero relajados. Relajados pero concentrados. Les he dicho en clase ya muchas veces, en estos primeros días, que es necesario que estén enchufados. No quiero a nadie fuera del aula y con la mente en otro sitio. Intento preguntar mucho, hacer participar a todos, procurar que descubran errores, que hagan ejercicios, que ayuden a sus compañeros, que me corrijan a mí si cometo errores, etc. Hay que estar plenamente metidos pero eso, a la vez, es lo que te permite disfrutar.

Los resultados del examen del primer tema, de números naturales, han sido muy buenos. Vamos a ver si lo conseguimos. No sólo que aprueben todos sino que nadie repita ya la frase que activa todas las maldiciones: «las mates se me dan mal».

Un abrazo

Mi primera semana de clase

Ya ha pasado. Mi primera semana de clase de este curso terminó hace unos minutos. Sólo puedo decir que estoy tremendamente feliz. Creo que ya no sabría volver a una vida sin aulas, sin alumnos, sin trabajos, pruebas, rejillas, programaciones, confidencias y expectativas de unos y otros. Ha sido una semana muy intensa. Ayer lo noté especialmente, con un bajón de energía terrible, como si hubiera corrido la maratón de Nueva York.

Creo que mis primera clases ante cada aula han sido reflejo de lo que soy. Las preparé con cuidado y mimo. Elegí la ropa, las formas, las palabras y los objetivos que pretendía. Me presenté personalmente y compartí con todos mis alumnos lo más importante de mis historia personal. Pude presentar las asignaturas que imparto este curso y pude, con alegría, llegar a un acuerdo con ellos acerca de los criterios de evaluación. Fui dispuesto a escucharles y les escuché. Ellos también me escucharon a mí. Y llegamos a un acuerdo en todas las clases con las que me voy a encontrar este año. Incidía en el trabajo en equipo, en el mejorarnos juntos, en el ayudarnos mutuamente, en el hacernos preguntas y en el derecho y el deber de equivocarnos. El error no es sinónimo de fracaso. Al menos no en las clases que yo quiero. Les pedí que me escribieran y que me contaran y he empezado a descubrir las diferencias y las particularidades de unos y otros. Auténticos tesoros, todos, que espero saber cuidar y ayudar a crecer.

Con mis compañeros de claustro todo han sido buenos momentos también. Me estoy sintiendo muy acogido, acompañado, guiado y sostenido. Todos han procurado quitarme presión y sólo he recibido ánimos. He preguntado a los que van por delante mía y he buscado opinión y consejo en muchos. Creo que tengo la suerte de tener un gran equipo alrededor, que se desvive también por sus alumnos y que me marcan un camino de entrega absolutamente innegable. Y es que la gran revolución del maestro es querer a sus alumnos. Quererlos. Y luego viene lo demás.

Conscientemente he enviado por la plataforma de comunicación con las familias varios mensajes positivos. porque también soy padre y compruebo cada día cómo se motiva mejor a un alumno y a un hijo: reconociéndole lo positivo y animándole a seguir por esa senda. He vivido la semana con la sonrisa puesta y con una mirada llena de cariño hacia aquellos a los que voy a ver todos los días de aquí a junio.

Mañana comenzamos de nuevo. Y yo estoy con ganas de volver a oler a tiza.

Sólo puedo estar agradecido. Y seguir exprimiendo cada momento dando lo mejor de mí. Sembrar, para que algún día alguien recoja los frutos.

Un abrazo fraterno

25 de agosto, ¡qué Calasanz tan especial!

Oficialmente para mí, desde hace unos años, el curso propiamente dicho comienza el 25 de agosto, festividad de San José de Calasanz y día en el que la comunidad nos reunimos de nuevo tras el verano y abrimos las puertas del colegio para que todo el que quiera pueda acercarse a celebrar la fiesta con nosotros.

Este curso que comienza tiene unas connotaciones muy especiales. Viene precedido, además, de un verano trabajoso y cansado en el que nos hemos vuelto a mudar al colegio, tras dos cursos de obra en el edificio donde estábamos. Tercera mudanza en tres años. ¿Quién ha dicho «miedo»? Miedo no, pero cansancio mucho. Pero el objetivo parece que se va cumpliendo: tener el hogar a punto para cuando el 3 de septiembre, lunes, se enciendan las luces.

El 2018 pasará a mi historia personal como lo hizo en su momento el 2015. Cumpliré mis 42 años y podré decir que he llegado. La meta definitiva sólo es el final, la vida eterna junto a Dios, para los que creemos en Él. Pero hay metas volantes, a lo largo del camino, muy importantes. Fue meta mi matrimonio. Fue meta el nacimiento de cada uno de mis hijos. Fue meta mi primer día de trabajo remunerado en General Electric Healthcare allá por el 2000. Fue meta mi primer viaje al otro lado del charco. Fue meta superar a su lado la enfermedad de mi madre. Y será meta en breve el hecho de comenzar mi labor docente en un colegio escolapio. Sí, he llegado.

No hay camino importante exento de sufrimiento. Yo he caminado por el desierto mucho tiempo. Hubo días en que me arrastré, días en los que desfallecí, días en los que quise dejar de andar. Hubo días de luz y días de oscuridad. Hoy miro hacia atrás y veo la mano del Señor en cada curva, en cada recodo, en cada cruce, en cada nube, en el sol abrasador, en la fina lluvia, en las etapas en soledad y en los ratos acompañado. Y sé que su promesa, por fin, va a tener cumplimiento.

Nuevas puertas se abrirán y nuevas sendas aparecerán ante mis ojos. No tengo ni idea de qué va a suceder a partir de ahora. Está la tentación de dejar de buscar, de dejar de caminar, de complacerme en lo conseguido. No puedo caer. Por eso quiero seguir despierto, atento, en vela, vigilante. Quiero responder, alegre, como María, «aquí estoy, hágase en mí según tu Palabra» para luego vivir únicamente para traer a Dios al mundo, a cada chico, a cada familia.

Que el Espíritu me acompañe y que su sabiduría guíe mis pasos. Y que Calasanz, que llena cada uno de estos muros y vive en cada uno de sus seguidores, me enseñe con paciencia a ser fiel hijo suyo.

Es tiempo de gozo. Es tiempo de alegría. Es tiempo de cumplimiento. Es tiempo de don.

Un abrazo fraterno

Valkiria de David Lozano. #LecturaRecomendada

Acabo de terminar de leer el libro de David Lozano «Valkiria, Game over». Lo comencé ayer y no he podido parar de leer hasta que esta mañana he llegado al final. Me enganchó de una manera bruta desde el primer minuto. Me parece una lectura magnífica para cualquier edad pero ciertamente es una opción magnífica para nuestros jóvenes de Bachillerato y comienzos de Universidad.

  • La trama me parece brillante y original y excepcionalmente llevada por parte del autor, que te tiene en vilo prácticamente hasta el final. Una historia muy actual donde las redes sociales, los videojuegos, los seguidores, los estados, los muros, los ordenadores y los smartphones son parte esencial del tejido que David Lozano crea en un escenario tan sugerente como un campus universitario.
  • Me gusta la naturalidad con la que los personajes aparecen manejando sus perfiles de instagram, de facebook, de twitter, de snapchat… Pero, a la vez, hay aspectos muy buenos que permiten trabajar luego con los chavales. La privacidad, lo que supone subir fotos o datos a internet, la vocación pública de la red, la pérdida de control de lo que sube, las amistades en las redes y su veracidad y fiabilidad, etc. Creo que se puede hacer un buen análisis gracias a lo que el libro nos pone delante.
  • También la historia nos da la posibilidad de hablar de las relaciones de pareja, gracias a las relaciones que se entrecruzan entre los protagonistas. Cuáles son las bases de una relación sana, que funcione, y cuáles son los peligros que la acechan. Lo mismo sucede con la amistad y con la diferencia que existe entre nuestros amigos de verdad y aquellos que sólo lo son en el concepto distorsionado de amistad que aplican algunas redes.
  • Y muchos más temas que sugieren múltiples conversaciones: el suicidio, los límites, la libertad en la orientación sexual, la prudencia, el ocio, las normas…

Desde luego, para trabajar la competencia lectora en asignaturas como TIC me parece idóneo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Diez cosas a recordar cuando termina el curso

  1. Es bueno recordar las expectativas que tenía para este curso y comprobar, un año más, cómo la vida nos sorprende y nos respeta los planes lo justo. Una gran enseñanza para aquellos que piensan que un profe puede ser esclavo de una programación.
  2. Las ideas que tengo sobre mí mismo, sobre lo que soy y no soy capaz de hacer, a menudo son equivocadas. Mi experiencia con los pequeños ha confirmado que cuando uno da lo mejor de sí y lo prepara con gusto, las cosas suelen salir bien y los niños y niñas te lo agradecen.
  3. Es bueno hacer el tonto y tomarse la vida en la escuela con humor. Ir con una sonrisa puesta todo el día desactiva tensiones y cautiva corazones.
  4. Las familias son imprescindibles en la tarea de cualquier escuela. Trabajar con los padres y madres, es trabajar para los niños. ¡Hay tanto que pueden ofrecer! Romper barreras y buscar espacios de encuentro se presenta como una de las grandes innovaciones educativas.
  5. A las personas nos gusta que nos pregunten cómo estamos y que se interesen y valoren nuestro trabajo y nuestra vida. Un claustro que respira familia es un grupo humano que educa, evangeliza y transmite sin más. Dime cómo se trata un claustro y te diré cómo es la educación impartida.
  6. Todos tenemos algo en lo que destacamos. Descubrirlo y potenciarlo en los niños es tarea de todo docente y descubrirlo y potenciarlo en cada maestro es tarea de todo equipo directivo. No podemos permitirnos el lujo de ir tirando.
  7. En la escuela se asumen riesgos y cuando uno arriesga, a veces se equivoca. Está bien arriesgar. Y está bien corregir. Y está bien repensar para hacer las cosas mejor. Está mal no dar espacio a asumir riesgos. Está mal no corregir los errores. Y está mal la soberbia de que quién no acepta ser corregido.
  8. El centro de la escuela son los alumnos y su aprendizaje. Todo debe ir en función de lo que es mejor para ellos. Hacerles protagonistas no es algo que sólo se escribe en el papel, sino que lo más difícil es hacerlo vida. Es contar con el alumnado para mucho más de lo que lo hacemos ahora.
  9. Una escuela tiene vocación de puertas abiertas, de ser núcleo de cambio, espacio de encuentro, parque de juegos, fortín de la sabiduría. No tengamos miedo a multiplicar la escuela y a convertirla en auténtico centro neurálgico del barrio. Una escuela que no transforma la realidad no sirve para casi nada.
  10. Para los que somos creyentes, es posible vivir en la escuela la Buena Noticia del Evangelio. La escuela es lugar privilegiado para el amor y el amor es Jesús mismo. Si Jesús está en medio del patio, si vive en cada aula, si asiste a cada claustro, si llena el corazón de los que hacemos vida en la escuela… habremos sembrado la semilla correcta.

Una oración para terminar el curso

Hoy hemos terminado la Oración Continua de este curso con Infantil y con 1º de Primaria. Ha sido una oración bonita donde hemos intentado poner delante de Jesús lo mejor del año y los sentimientos de alegría que hemos ido compartiendo todos estos meses a su lado.

  • Como cada día, los niños entraron al oratorio de uno en uno e hicieron un saludo delante del sagrario, antes de sentarse. La música estaba sonando y, en este caso, tras la festividad de Pentecostés, la letra de la canción nos invitaba a ello. Podéis encontrarla en este enlace. Entrar con alegría al lugar donde se van a encontrar con Jesús y con el Espíritu me parece fundamental.
  • Les di la bienvenida y, como siempre, dedicamos unos minutos a compartir la vida de la última semana. Algunos tuvieron Primeras Comuniones, otros hicieron planes con sus planes, otro se hizo una herida. Poner la vida delante de Jesús y compartirla es parte ya de un hacer presente a Jesús en la vida de cada uno. En la comunidad que comparte y escucha, que acoge y cuida al otro, se hace presente Jesús.
  • Luego les pedí que nos pusiéramos los espejos retrovisores. Hicimos un pequeño juego para ello. La idea era mirar atrás y recordar lo vivido en la Oración Continua este pasado curso. Sesiones, momentos, aprendizajes, sentimientos… Les dejé unos minutos en silencio para recordar y luego les repartí papel y lápiz para que cada uno escribiera o dibujara lo que más le había gustado del año. Con eso, daríamos luego gracias al Señor. Y ahí estuvieron unos minutos.
  • Cuando todos lo tuvieron listo, hicimos silencio y nos dispusimos a escuchar la acción de gracias de cada uno. Unos dieron gracias por lo que habían aprendido de Jesús, otros por las canciones que habíamos cantado, otros por el día que usamos PlayMobil para rezar, otros por la ofrenda floral a María en este mes de mayo, otros por el día que utilizamos el agua como símbolo… y así fueron pasando de uno en uno.
  • Yo di gracias también por ellos. Por haber podido compartir esos meses con ellos la oración de cada semana. Y quise despedirme dándoles un abrazo a cada uno. Un abrazo que significa mucho, entre otras cosas la acogida de un Dios que les quiere y les mima.
  • Terminamos con el canto del río que tanto les gusta y rezando el «A tu amparo» a María.

Ojalá el Señor haga crecer en ellos los frutos que este año se han plantado en sus corazones, para que sean felices y buenos con el mundo que les rodea.

Un abrazo fraterno

La paternidad populista, los papás referéndum

Existen. Son los «papás referéndum». Los que le preguntan todo al niño y además aceptan la respuesta como vinculante. «Que opine el pueblo» dicen de paredes adentro y afuera de sus casas. El pueblo puede ser un niño, o dos, generalmente pequeños, que cursan Infantil o Primaria. En Secundaria, sencillamente, los «papás referéndum» se han convertido en los «papás pyongyang», viven bajo los efectos de una auténtica dictadura.

Lo mejor de los «papá referéndum» es que se creen auténticos educadores, defensores de los niños. Ni Don Bosco, ni Calasanz, ni los payasos de la tele, ni la Patrulla Canina han hecho tanto por ellos. «El niño nos ha pedido ir al Burguer para su cumpleaños» te cuentan para justificar la macrofiesta cumpleañera de su hijo o hija de 6 años. Y ellos, que acatan el mandato popular, obedecen. Te dirán que no, que no es por eso, que el plan tiene innumerables ventajas… pero no te convencerán, porque en ese momento su hijo, mientras habláis de lo del cumple, le tirará el plátano a la cabeza porque quería Nocilla para merendar.

Los «papá referéndum» han decidido desaparecer como educadores. Han decidido que el centro sea su hijo, para que este crezca feliz y querido. El deseo es bonito y romántico. Pero parte de una premisa errónea. El niño, si quiere aprender y crecer y ser persona, necesita situarse en la periferia para mirar a un centro donde están sus padres, sus profesores y todo aquel del que deba aprender. Los niños que son el centro sólo saben mirarse el ombligo. Y, como es natural, el ombligo crece tanto que cuando tienen 13, 14 o 15 años… se han convertido en auténticos ególatras, sin tener ellos la culpa.

Los «papá referéndum» llevan muy mal que su hijo tenga un disgusto. Por eso le hacen los deberes, si faltan a clase son ellos los que se encargan de que los amiguitos se los manden, cuestionan a todo aquel que hace pasar a su hijo un mal rato, le preguntan dónde ir de vacaciones e incluso aceptan que sea él, el mico de cuatro años, el que elija el nombre que su hermana va a llevar el resto de sus días. Muchos son «followers» de muchas cuentas educativas, son innovadores y técnicamente capaces… pero no tienen claro ni cuándo pegar un grito. Ellos nunca gritan, aunque permiten que su hijo les grite a ellos o a los abuelos. Son los que dejan que el niño elija el sitio de la mesa de Navidad donde sentarse, los abuelos ya se adaptarán… «ay mamá, qué más dará, si el niño quiere sentarse ahí, déjale»… Son los que son incapaces de castigar, porque son muy comprensivos, benévolos y misericordiosos. No ponen límites, aunque viven limitados cada día más. Sus hijos, muchas veces, sacan dieces pero son insoportables porque no tienen ni idea de respetar a los demás. Hablan idiomas pero no enseñan a escuchar.

Los «papá referéndum» son hijos de la democracia aunque están acabando con ella a base de practicar el populismo casero. El «niño pueblo» manda, aunque sus decisiones los lleven a la catástrofe.