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El deseo de estar con el amado (Jn 20,1.11-18)

Llevo unos días sin mi mujer por cuestiones laborales. Y recuerdo la entrada que escribí en Aleteia hace tiempo acerca del deseo y de echarla de menos. Y me parecen preciosas las lecturas de hoy, llenas de tanta pasión, deseo, sed, ansia por estar con el amado.

A María Magdalena le mueve el deseo de estar con aquel que la amó tanto, que la amó más que nadie. Ella, una mujer apasionada que sabe lo que es estar perdida, herida, dañada y en la fosa de la existencia, corre al sepulcro aquella mañana porque sabe que el amor no muere, que tiene algo de eterno. Ella desea volver a Jesús. Su corazón está con él. Y eso es lo que le permite ser la primera testigo de la resurrección.

A veces siento que mi amor por Dios es demasiado cerebral, calculado, intelectual. Le falta carne, le falta pasión, le falta deseo, le faltan abrazos y caricias, le falta temperatura. El amor humano es un bello camino para comprender esto. Tal vez Dios y yo debamos irnos a cenar solos algún día, hablar de nosotros, recordar lo que nos enamoró al uno del otro y volver a casa para amarnos como si se acabara el mundo. Y por la mañana, al despertar, mirarnos al comenzar el día y decirle a la cara: «Te quiero, amor».

Un abrazo fraterno – @scasanovam

La alegría de ir (Sal 121)

Hoy es uno de esos días que leo las lecturas y no me dicen nada. No sé si es que son muy difíciles o si yo estoy muy árido, o despistado, o frío, o distante. El caso es que me agarro como a un clavo ardiendo a la alegría del viaje que nos propone el salmo.

La vida es un viaje hacia Dios que hay que hacer con alegría. Está, como todo viaje de ida, lleno de deseo y de ilusión por llegar al destino. A veces se hace largo. Parece que no vamos a llegar nunca. El secreto está en disfrutar también del trayecto, en considerar al trayecto parte del destino.

Alegría quiero, Señor. Alegría para no sucumbir a mi desánimo, a mi desaliento, a mi confusión.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

La lamparita encendida… (Lc 12,35-38)

Cuando Jesús dice eso de esperar con las lámparas encendidas, hoy en día nos suena a derroche, a poco ecológico, a gasto irresponsable. Pero lo cierto es que uno de mis recuerdos más arraigados de mi juventud era llegar a casa la noche de los fines de semana y encontrarme con la lamparita del recibidor encendida. Mi madre, ya acostada, la dejaba para que cuando yo llegara, fuera la hora que fuera, no me encontrara con la oscuridad absoluta y con, lo que es peor, la sensación de que nadie me estuviera esperando.

Jesús también quiere que se le espere. Quiere que hagamos lo que hagamos, sintamos que falta algo cuando Él no está y que esperamos su aparición, su presencia. El deseo. El deseo. Ese deseo que necesita ser cultivado. La espera. La capacidad de vivir en los tiempos de Dios y no en los de uno.

El que siente que lo tiene todo, ni espera ni desea. Ojalá nuestro corazón no esté ya tan saciado como para olvidar al mejor de los amores.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

De tontos, de imbéciles (Mt 5,38-42)

Algunos dicen que lo que hoy nos propone Jesús es de tontos, de imbéciles, de auténticos majaras… Eso de no responder a los agravios, eso de no querer llevar siempre la razón, eso de no querer imponer una mirada, una visión, una idea… Verdaderamente incomprensible. Así acabaste, Jesús mío, así acabaste. Crucificado. Calladito. Maltratado. Humillado. ¿Eso quieres para tus hijos?

Reconozco que en lo personal me cuesta mucho y necesito que Dios me auxilie mucho en este punto. Porque yo siempre quiero imponer mi verdad, porque yo no respondo a los agravios, no soy vengativo, pero corto relaciones, giro la mirada y, desde luego, no ofrezco la otra mejilla. Muchas veces me digo: «vengativo no pero tonto tampoco». Quiero pasar por encima. A mí en tu lugar, Jesús, me hubiera costado no imponer toda mi fuerza y mi resistencia con tal de no morir crucificado y vilipendiado.

Lo mejor es que creo conocer la razón por la que esto es así. No sintonizamos la misma frecuencia, Jesús. Tú hablas y yo no me entero. Me resulta inconcebible lo que proponer porque no hablamos el mismo idioma, porque no ajustamos la misma frecuencia. Tú hablas desde el amor. Yo no. Me falta amor, Señor. Y sin amor, o sin amor suficiente, lo que propones es imposible. Sólo quién ha curtido su corazón de amor, sólo quién se ha dejado tocar por Ti verdaderamente, es capaz de ser tú luego. A mí aún me falta. Pero deseo conseguirlo. Deseo no me falta. A veces no pongo los medios adecuados. A veces me canso. A veces me equivoco. A veces desfallezco. Pero créeme. Quiero parecerme cada día más a Ti. Ayúdame. Y entonces todo cobrará una luz que ahora se me esconde.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Te has enterado? Esto va de amor… (Cantar de los cantares 2, 8-14)

Leo la lectura de hoy del Cantar de los Cantares e inevitablemente viene a mi la mejor escena del cine en la que los protagonistas son dos enamorados…

Deseo a la par que limpieza de corazón. Atracción. Necesidad de encontrarse, de estar juntos.

Esa es también la historia de Dios conmigo. Me desea. Le atraigo. Me necesita. Quiere estar junto a mi. ¿Yo le deseo? ¿Me atrae? ¿Necesito estar siempre con Él?

Degustemos el vídeo y el enamoramiento maravilloso que llevó a Dios a hacerse hombre.

Un abrazo fraterno

Le llevaban los enfermos (Marcos 6, 53-56)

Hay algo evidentemente distinto en sociedades anteriores y en la que nos ha tocado vivir. La necesidad, el deseo, las ganas… de algo que llenara sus vidas, de las palabras de Jesús, de la caricia de Dios que tocara los corazones. Hoy estamos demasiado llenos de cosas, de ruidos, de dinero… El llamado «estado del bienestar» ha traído mucha prosperidad pero tiene sus desventajas y es que se nos ha ido colando «la pachorra espiritual». Creo que hay la misma necesidad y la misma sed de siempre, porque los hombres y las mujeres somos seres trascendentes, pero desde luego hay mucha menos consciencia sobre ello. Vivimos de cara a la galería, desconectados de quiénes somos, de aquello que nos hace felices realmente… Estamos demasiado gordos, tenemos demasiadas vacaciones, muchos móviles, TDT’s, pantallas planas, iPod’s, músicas, cines, fútbol y cristianos ronaldos… Demasiado sordos y un tanto orgullosos de estarlos…

Ojalá sepamos más de nuestras «enfermedades» y seamos capaces de llegar o de ser llevados delante de Jesús.

Un abrazo fraterno

Que en sus días florezca la justicia (Sal 71)

El Salmo nos trae un deseo y, tal vez, el Evangelio el camino para que se haga realidad. El Salmo es la expresión del cristiano que se arrodilla a pedir al Padre paz y justicia para el mundo. En un mundo, el de hoy, en el que sigue habiendo gente abandonada, niños malnutridos, muertes por hambre y guerras y en donde los gobiernos y los poderosos siguen gastándose miles de millones en armas o en especulaciones bancarias… este mensaje y este deseo sigue siendo tremendamente actual. La crisis económica creada por unos cuantos no ha vuelto más que a machacar a los más humildes de la sociedad.

Pero expresar este deseo ante Dios no me exime de responsabilidad. La justicia social y la paz no son aspectos que dependan de los gobiernos exclusivamente. Jesús me enseña el camino: «Dadles vosotros de comer». Si tengo, estoy llamado a dar. Mientras haya, estoy llamado a compartir. Este es el secreto del milagro. Y creo sin duda que tengo. Tengo dinero, tengo bienes, tengo energía, tengo palabras, tengo sonrisas, tengo tiempo… Mientras nos encerremos a orar pidiendo y pidiendo en lugar de salir a dar… poco en este mundo cambiará.

Ojalá en este 2010 seamos más, sean más, los que se deciden a dar de comer al mundo que tiene hambre.

Un abrazo fraterno

Deseé… (Sal 118)

Deseos… vale la pena darle vueltas… ¿Qué deseo? ¿Mis deseos? Y me encuentro con este vídeo que me parece genial… Como papá que soy, me enternece. Besos

 

 

No sabéis qué día vendrá nuestro Señor (Mt 24, 42-51)

Muchas veces he interpretado esta Palabra desde el miedo a la muerte y a morir en pecado. Esta lectura, válida sin duda, es fruto de la educación recibida y de la importancia de vivir en gracia de Dios. Pero últimamente, y hoy también, la lectura me proporciona otra luz.

Dios vive en el mundo y viene a mi de continuo. Y no sólo a mi sino a todos los hombres y mujeres que poblamos la faz de la tierra. Como no se le ve, muchos no lo perciben y yo, en determinados momentos tampoco. Me como el tarro con las cosas que puedo hacer y con aquello a lo que estoy llamado y me pregunto día y noche cuál será ese sueño de Dios para mi… Pero luego, como el siervo que se queda solo en casa, me distraigo, me rodeo de ruído, me dejo llevar por cosas que no me construyen ni me acercan a Dios… Y el Señor pasa… y, tal vez, yo ni me entero.

Deseo y vela. Tal vez condiciones indispensables para tener cobertura y recibir la llamada del Señor.

Un abrazo fraterno

¿Dónde estás?

Me he enamorado de una canción. Es de hace ya varios años pero yo la acabo de descubrir. La podéis escuchar en la sección de vídeos de este blog. Cuatro rockeros magníficos con alma de románticos. Maravilloso. Pero es la cantinela del estribillo la que me sirve para la oración de hoy: ¿Dónde estás? Eso mismo se preguntaban los hermanos de Narnia en la segunda parte de la saga que hoy he visto con mis hermanas de comunidad. ¿Dónde estás?

¿Por qué no me das alguna prueba de lo que quieres, alguna señal? ¿Por qué no consigo ver el camino claro? ¿Dónde estás Padre? ¿No te deseo suficiente? ¿Tal vez no estoy mirando adecuadamente?

Quiero verte. Sigo el rastro de tu amor.

Un abrazo fraterno