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Vende lo que tienes (Mt 19, 16-22)

Hoy estoy cansado. Y la oración se resiente. No somos máquinas ni en el ámbito espiritual. Lo que ocurre en el cuerpo no sólo afecta a la mente sino también al espíritu. Cuando vi que el Evangelio del día era el del joven rico me dije a mi mismo: «¡Uf! No doy yo tanto para hoy…» El joven rico era demasiado para un día como el que está terminando. Pero al final he conseguido sacarle alguna puntilla y escuchar un poquito… Y aunque alguien que vive en una clase media acomodada, en un país occidental, sin demasiadas dificultades, etc. no puede decir que este Evangelio no sea un acicate en su vida… hoy estoy contento porque sí descubro mi familia como un lugar en el que nos preocupamos de vivir la vida desde Dios, desde nuestros valores cristianos, desde nuestro ansia de ser y vivir al estilo de Jesús. Muchas veces hemos aparcado determinadas seguridades y hemos apostado por decisiones claves pero poco comunes en los tiempos que corren. La manera en la que vivimos nuestras carreras profesionales, la manera de educar y relacionarnos con nuestros hijos, el hecho de vivir la fe en una comunidad, etc. hacen que piense que estamos en camino, que luchamos por ser cada día más verdaderos y más libres. Y esto, en un día cansado como hoy, me llena de alegría.

Un abrazo fraterno

Habéis vuelto a nacer (1Pe 1, 18-25)

Esta frase de la carta de Pedro me ha recordado hoy a un texto de Borges que me encanta y que muchas veces releo. Si volviera a nacer… ¿Cómo plantearía la vida si volviera a nacer? Ufff… tendría que pensarlo. No lo tengo claro. Seguro que no cambiaría muchas cosas. Lo que sí tengo claro es que si volviera a nacer querría que fuera en la misma casa, con la misma familia, fruto del mismo amor. Y luego hay otras cosas pero… necesito pensarlas un poquito… Os dejo el texto de Borges.

Si pudiera vivir nuevamente mi vida

En la próxima trataría de cometer más errores.

No intentaría ser tan perfecto.

Me relajaría más.

Sería mas tonto de lo que he sido,

de hecho tomaría muy pocas con seriedad.

Sería menos higiénico.

Correría mas riesgos, haría mas viajes,

contemplaría más atardeceres,

subiría más montañas, nadaría más ríos.

Iría a más lugares donde nunca he ido,

Comería mas helados y menos habas,

tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que viví sensata y prolíficamente cada momento de su vida,

claro que tuve momentos de alegría.

Pero si pudiera volver atrás

Trataría de tener solo buenos momentos.

Por si no lo saben de eso está hecha la vida,

solo de momentos; no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que no iba a ninguna parte sin un termómetro,

una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas.

Si pudiera volver a vivir,

viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir,

comenzaría a andar descalzo a principios de la primavera

y seguiría así hasta concluir el otoño.

Y jugaría con más niños,

si tuviera otra vez la vida por delante.

Pero ya ven,

tengo ochenta y cinco años

y sé que me estoy muriendo.

Jorge Luis Borges

Elige la vida (Dt 30, 15-20)

No me digáis que no suena un poco raro esto de «elige la vida» justo al comienzo de la cuaresma. Suena demasiado fresco, demasiado optimista, demasiado bueno… bien podría ser el lema de un anuncio de campaña de Coca-Cola. Pero es palabra de Dios para mi, hoy. «- Santi… elige la vida». Creo que ya he descubierto mi ayuno particular para esta cuaresma. No va a ser un ayuno a base de renuncias sino más bien un ayuno de renuncias.

Quiero elegir la vida. La elijo. Renuncio a perder el tiempo delante del ordenador en lugar de vivir con los niños o con Esther. Renuncio a perder tiempo de lectura por dedicarlo a otras cosas superfluas. Renuncio a descansar pocas horas por no ser divertido. Renuncio, renuncio, renuncio… aún quedan muchos.

Elijo la vida. Elijo exprimirla. Elijo profundizar en mi. Elijo ser fiel a mi oración personal. Elijo seguir trabajando mis emociones. Elijo cuidar mi alimentación y no dejarme llevar. Elijo, elijo, elijo…

Aunque pueda parecer light… es todo un reto…

Un abrazo fraterno

Carta a una pareja amiga que se casa

Queridos amigos,

una boda siempre es una buena noticia. La vuestra también. Una buenísima noticia. Para mi y para la humanidad entera. Dos personas que han descubierto que más allá de uno mismo se encuentra lo mejor. Dos personas que han decidido arriesgar y dirigir sus vidas, conjuntamente,  hacia Ítaca.

Cualquier boda, y más la vuestra, trae a mi intercambiador emocional mi propia decisión hace ya unos cuantos años. Cada boda es capaz de renovar en mi los votos que, en un anochecer al pie del Retiro, decidí asumir por Esther, para Esther, con Esther. Mañana, cuando me levante, volveré a renovarlos porque hay compromisos que vale la pena tener frescos cada amanecer, en la primera inspiración del día.

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Poco os puedo decir que no sepáis ya. Hoy hay multitud de información, libros de autoayuda, excelentes tratados matrimoniales y una ingente cantidad de webs donde explican qué es el matrimonio y con qué peligros os vais a enfrentar y cómo debéis superarlos. Así que la teoría es abundante y diversa. De todas formas os aconsejo que no os obsesionéis con las dificultades y que potenciéis aquello que os ha llevado a cogeros de la mano para afrontar este viaje.

Cualquier viaje es complicado y hermoso a la vez. Cualquier proyecto es ilusionante e inquietante a la vez. El sabio arco iris ha enseñado ya a nuestros antepasados que la gama de colores es grande y variada y que existen los oscuros, los insípidos, los alegres, los sosos, los chillones… Y todos se van a dar. Y debéis estar preparados para ello. ¿Qué quiere decir «estar preparados»? ¿Saber cómo afrontar cada situación? Ni mucho menos. ¿Actúar sin herir al otro? Ni mucho menos. «Estar preparados» es ser conscientes de lo que hoy decidís, de lo que hoy os trae hasta aquí, de lo que queréis construir juntos, de lo que os enamora del otro… y tener claro que habrá momentos en los que sólo existirá eso para agarrarse. Y que las tormentas pasan si la barca es fuerte. ¡Construid una embarcación poderosa! ¡No os conforméis con una bonita y pintoresca barquita de paseo!

«El amor no es suficiente» le decía Meryl Streep a su hijo en «Secretos compartidos». El amor es condición necesaria pero no suficiente. La vida en pareja es más complicada y enrevesada. La familia tiene más tela que cortar. Es necesario que os améis y que os lo demostréis también esos días en los que no tengáis ganas; también aunque os parezca forzado y falto de espontáneo romanticismo. Cuidaos y respetaos. Discutid cuando haga falta. Hablad mucho. Sed cada uno uno mismo pero dejaos transformar. Tu pareja te va a descubrir rincones absolutamente escondidos de tu paisaje interior. Déjate sorprender. Acoplaos para formar un buen equipo para que la casa funcione. Hay lavadoras que poner, ropa que guardar, facturas que archivar, trabajo que atender, cenas que preparar, camas que hacer, chapuzas que chapuzear… incluso en los días en los que te apetecería tirarte en el sillón de la casa de tu madre.

El gran milagro del matrimonio es que dos personas se unen para formar una unidad que, lejos de anular a cada miembro, revertirá en vuestro crecimiento personal. No os equivoquéis. Cada uno seguís siendo únicos e irrepetibles. Cada uno seguiréis teniendo vuestras propias aficiones, vuestra música favorita, vuestro sueño personal, vuestros amigos, vuestras emociones tan particulares, vuestras heridas, vuestro pasado… No debéis hipotecar todo eso sino trabajar juntos para intentar que todo quepa y, a la vez, desprenderse de aquello que no quepa cuando ambos lo veáis. Dejaos espacio vital, no os asfixiéis y tened un ratito para vosotros mismos. De lo sanos que estéis por separado dependerá la salud de la pareja.

Y cuando las cosas se tuerzan y las nubes sean grises, no os asustéis pero tampoco adormezcais el miedo. Dejad que las alertas suenen pero no os precipitéis a la salida. Miraos a los ojos y descubríos. No siempre es culpa de alguien. Otras veces sí. Os haréis daño porque quien ama está demasiado expuesto. Ponedle remedio pero no os regodeéis en vuestro dolor. De nada sirve pensar que nunca haréis daño a aquel a quien amáis y os ama. Descubrid juntos dónde está el agujero del barco y disponeos a reparar la chapa cuanto antes. No lo dejéis. No lo calléis pensando que las flores silvestres llegarán con la primavera.

El viaje a Ítaca es maravilloso. ¡Viajad! ¡Disfrutad! ¡Sed! ¡Construid! Y no dejéis de arriesgar. De poco valen las seguridades. Y tened un niño antes de comprar un perro. No queráis ser quinceañeros compulsivos como algunos que conozco.

Me despido tras las notas de «Anónimo veneciano» esperando y deseando que descubráis la felicidad en las pequeñeces de vuestra vida en común. Ahí os jugáis llegar a buen puerto. Yo estoy seguro de que lo conseguiréis.

Un fuerte abrazo

Vuestro amigo, Santi.

¿Dónde vives? (Jn 1, 35-42)

venidyvereis.jpgCómo somos las personas. Siempre preocupados por cosas materiales, por seguridades, por las espaldas cubiertas. Lo que pasa es que hay determinadas apuestas, determinadas misiones, determinados actos que son tremendamente difíciles de explicar, de cuantificar…

Cantidad de veces nos preocupamos los cristianos en mejorar la manera de explicar a otros qué es esto de ser cristiano, por qué deberían comprometerse, quién es este Jesús, dónde vive… Caemos en el juego de las preguntas y de las respuestas como si se tratara de un concurso de la tele o de un Trivial… No nos damos cuenta de que lo importante es la vida. «Venid y veréis» responde Cristo a esos dos que se le acercan interesados. No les da respuestas, les ofrece vivir algo, vivirlo de una manera. Ellos debieron quedar mínimamente convencidos porque se quedan a su lado.

Es nuestra vida la que testimonia, la que convence. Dejemos de hablar de comunidad e invitemos a la gente a ellas sin complejos. Dejemos de hablar de Pascuas e invitemos a la gente a ellas. Dejemos de hablar de la paternidad y animemos con nuestra vida a ser padres y matrimonio. Dejemos de hablar de familia y hagamos de las nuestras germen de paz, lugares abiertos, espacios donde se vive de otra manera… Así, aún tenemos alguna oportunidad…

 Un abrazo fraterno

Caminemos a la luz del Señor (Is 2, 1-5)

Hoy en mi reunión de comunidad ya había una Corona de Adviento presidiendo la mesa. A nivel de familia tenemos una desde el sábado noche. A mi me parece un símbolo muy rico y muy hermoso a la vez. Y una excusa muy buena para disponerse alrededor de una luz para esperar juntos, para estar juntos, para compartir juntos.
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Intentar vivir el Adviento a nivel de familia no es algo sencillo. Querer que los niños tomen parte pero a la vez sin pretender hacer cosas raras ni meter cosas extrañas en la cabeza no es sencillo. Y ni siquiera sé si saldrá bien pero algo me empuja a intentarlo, a intentar vivir juntos todo aquello que sea importante para cada uno. Y de ese ratito, que no pasa de 5 minutos, frente a la Corona encendida se desprenden cosas que los niños sacan a la luz (nunca mejor dicho) y que a veces nosotros despreciamos o bloqueamos. Una de ellas es el ansia por llegar al final, por ver resultados, por encontrar rápido. El niño, cada día, propone encender todas las velas. Normal. Le cuesta esperar. Y educar la espera es uno de los puntos a trabajar en estas edades tempranas. Nosotros a veces lo hemos olvidado. Nosotros, los que educamos en la espera a los pequeños, nos hemos olvidado de que las cosas llevan su tiempo, de que hay procesos y momentos, de que la meta a veces no es lo importante, de que en la espera tengo la oportunidad de crecer… Primera lección. La segunda es la espontaneidad, la sinceridad, la maravillosa sencillez. Ponen lo mejor que tienen a jugar. Apuestan fuerte siempre.

El Adviento ha comenzado muy bien. Trabajando las emociones propias y ajenas… Y esperando… Contemplando… Poniendo la vida a la luz…

Un abrazo fraterno

… los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica (Lc 8, 19-21)

La vida me ha enseñado que las relaciones de sangre no tienen por qué ser las mejores. Un padre, una madre, unos hermanos, unos abuelos y tíos… la familia es tremendamente importante y siempre lo he vivido y sentido así. Pero la sangre no garantiza por derecho lo que no se cuide con esmero. Y la vivencia de la es tan importante… ¡la vida partida y compartida con otros que se han puesto a construir Reino mano familia2.JPGa mano conmigo! Eso también lo sintió Jesús que, no creo que queriendo hacer un feo a los suyos, resalta el papel de los que viven con Él la misión encomendada.

También es curioso y me llama la atención la cópula «y». ES DE VITAL IMPORTANCIA. No llega con escuchar la Palabra, con leerla, con meditarla, con ir a misa, con reflexionar en grupos, con asistir a retiros espirituales, con debatir cómo mejorar el mundo… ¡NO LLEGA! ¡HAY QUE PONER EN PRÁCTICA! Hay que asumir compromisos, gastar tiempo, dar vida, asumir misión, responder a la vocación, asumir riesgos, jugársela, romper lazos, barrenar puentes, hacer vida lo escuchado… Menos mal que, en comunidad, ésto se vive más fácilmente porque es más difícil engañarse…

Un abrazo fraterno