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Dejar a Dios entrar en casa – Domingo XVI TO Ciclo C

Recuerdo muchos momentos en los que mi casa se convirtió en auténtico lugar de encuentro y reunión. No hay nada como abrir las puertas del hogar de uno, y ofrecer un sitio a la mesa, para que las personas se sepan parte de tu vida. Dejar entrar a otro en nuestra vida, en lo más íntimo que tenemos, allí donde somos plenamente, es uno de los gestos de mayor amor y complicidad.

¿Y qué pasa con Dios? ¿Lo dejamos entrar? ¿Estamos dispuestos a que pase, mire, descubra…? ¿O preferimos dejarlo en el dintel de la puerta, sólo para hablar con él un ratito y despedirlo, como a cualquier vecina curiosa, poniéndole alguna excusa?

Cuando Dios entra en casa, cuando encuentra acomodo en nuestro día a día, cuando es uno más de la familia, acontece lo impredecible. Que Dios esté, que tome parte, no es lo mismo que que no esté. Algunos piensan que sí, porque creen que todo dependen de ellos. Pero no. No es así. Deja entrar a Dios, hazle un sitio a tu mesa. Y verás que has elegido la mejor parte. Y tu vida cambiará por completo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Más difícil en casa que fuera (Lc 4,14-22a)

Jesús vuelve a casa, a Nazaret. Me ha llamado hoy muchísimo la atención este detalle. Cuando su misión ya había comenzado, cuando se había ya instalado en Cafarnaum, cuando había comenzado ya a predicar por aquí y por allá, cuando su fama comenzaba a extenderse… vuelve a casa. ¿Por qué? Ni idea. El caso es que vuelve y es capaz de proclamar la llegada del Reino también entre los suyos.

En Nazaret le conocían bien. Allí sabían que era hijo de María y José, que era carpintero. Lo habían visto crecer. Sabían de él. Y su familia más. ¡Qué difícil ir ahí a decir lo mismo que ya había dicho ante multitudes! En Nazaret, con los suyos, el aura desaparece.

¡Cuántas veces yo siento lo fácil que es predicar y actuar fuera y lo difícil que es actuar y predicar y evangelizar en casa! Precisamente porque nos conocemos, porque nos tratamos con confianza inusitada, porque nos hemos visto meter la pata, porque sabemos de nuestros defectos y virtudes, de nuestras manías, de nuestros dones y nuestras incongruencias… Pero es ahí, también en nuestras «Nazaret» donde hay que volver y proclamar también la Buena Noticia.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Y tú de quién eres? – III Lunes Adviento 2018 – (Mt 1,1-17)

Mateo escribía fundamentalmente para los judíos y por eso esa necesidad de comenzar vinculando a Jesús de Nazaret con la saga del Rey David y, previamente, con el patriarca Abrahán. No es baladí este comienzo del evangelio de Mateo. Había que ser claro ante los destinatarios: Jesús era un judío, uno de los más grandes, el que cumplía la profecía mesiánica.

El árbol genealógico es una ejercicio o actividad típica en algún momento de la Primaria, en la escuela. La profesora o el profesor nos pidieron a todos, en algún momento, que dibujáramos o construyéramos nuestra genealogía, sin ir muy lejos. Y nosotros, orgullosos, así lo hacíamos. Porque la historia familiar es la historia de uno. Porque importa de dónde vienes. Porque importa quién eres, cómo te llamas y cómo te apellidas. A veces para bien, y uno lo lleva con orgullo. A veces para mal, y uno lo lleva como carga. El caso en que mi historia no comienza conmigo. La historia de Dios conmigo es como un árbol frondoso, lleno de ramas, hojas y brotes. Y es que en el fondo, y en esto lo tuvieron muy claro los judíos, la historia de mi familia, la historia de un pueblo, la historia comunitaria… es más importante que la mía propia. Desvincular mi historia de los otros es, sencillamente, imposible.

El individualismo de hoy, también se ha hecho notar en nuestros ámbitos religiosos y espirituales. Mucha gente ha abandonado la Iglesia, mucha gente afirma creer solo, mucha gente confirma que no necesita ser perdonado por nadie para saberse perdonado, mucha gente cree que su vida nada tiene que ver con la de los vecinos, los amigos, los pobres… que le rodean. 

Llega Navidad. Y no es tanto tiempo de la familia como tiempo de sentirme parte de una historia común; una historia que se vio atravesada por la llegada de un Niño que lo cambiaría todo; un Niño que necesitó de otros para nacer, para crecer, para creer, para aprender. Piénsalo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Una madre es una madre (Mt 12,46-50)

Jesús tenía madre. Y por mucha María que fuera y por mucho Jesús que fuera él, era madre e hijo. Y supongo que muchas dinámicas entre ellos serían las propias de las madres con sus hijos. Las madres no saben no serlo y hay épocas en las que se establece un tira y afloja entre ambos para intentar comprobar quién puede llevar las cosas a su terreno.

En el ámbito de la fe, como en el personal, la familia ejerce una gran influencia. La familia es la comunidad donde nacemos, donde crecemos, donde aprendemos y donde se gesta lo que somos. La familia tira. Por eso cuando, de mayor, percibimos que hay decisiones que van en contra del sentir familiar… cuesta. Estudiar eso que no ven tus padres, estar con esa persona a la que tu madre no traga,tener esos amigos que no le gustan a tu padre, irte a trabajar, de intercambio, de vacaciones en contra de la opinión familiar, no participar en algún encuentro «de los de siempre» por tener otros compromisos propios, participar en esa convivencia o comprometerse en la parroquia, etc. Tensión.

Hacerse adulto incluye «independizarse», no sólo físicamente sino también afectiva a intelectualmente. Esto no quiere decir perder afectos sino simplemente ser capaz de ser uno mismo, tomar decisiones propias, hacer elecciones personales. La familia nos quiere y, muchas veces, intentará protegernos en contra de nuestra voluntad. Jesús hoy nos deja una escena familiar tensa en la que él muestra ya su adultez y su capacidad de ser él mismo. Y es que Dios está por encima de la familia y porque la sangre no es el único de los vínculos familiares posibles. Tomemos nota.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Ni Batman ni el joven rico… ¿Qué es tu familia y qué haces con ella?

Viajo en el AVE y apuesto, pese a la hora temprana, por leer y pensar en lugar de por ver la película del día, que es hoy «Batman». ¡Qué necesidad volvemos a tener de superhéroes! Se nota que el mundo va regular y que las personas necesitamos creer que hay personas buenas y fuertes capaces de quitarnos a todos la capa de tiniebla que nos cubre… Oportunidad para el Evangelio, sin duda…

Me encuentro en la oración de la mañana con el fragmento del joven rico y, influido por la lectura que tengo entre manos, me da por pensar cómo las familias podemos, como el joven, contentarnos con cumplir pero ser incapaces de dejarlo todo y seguirLE.

Parece que una pareja de esposos, con o sin hijos, una familia, sólo puede mirar ya hacia adentro de sus muros familiares el resto de su existencia. Han encontrado una vocación, en el mejor de los casos, han optado por ella y GAME OVER, a esperar ya el final de los tiempos esperando que haya suerte con los hijos, que el matrimonio capee las dificultades y que podamos disfrutar de una merecida jubilación, también en el ámbito de la fe. Le presentamos al Señor nuestras credenciales, convencidos que ya nada más nos puede pedir. Pero… ¿Y si nos llama a vender lo que tenemos, dárselo a los pobres y seguirle? ¿O esto no se le puede pedir a una familia?

Una familia es igual de rica que el joven, con una casa, un lugar, unas relaciones, unos trabajos, unas seguridades… Todo son cosas por las que dar gracias a Dios, costosas de conseguir… ¿Dejarlo? ¿Empezar de nuevo? ¿Y el futuro? ¿Y los niños? ¿Y si sale mal? 

El joven rico se volvió, entristecido e incapaz. El mundo no puede permitirse familias tristes e incapaces… sino ¡todo lo contrario! El mundo necesita de la alegre y contagiosa frescura de un corazón familiar libre, de un proyecto de amor común abierto, peregrino, inacabado y entregado.

#esNavidad – Hoy #iNavidadIrak

El Estado Islámico la persigue por ser cristiana. Ahora hace deberes en un campo de refugiados en Irak. #iNavidadIrak. Recemos hoy por nuestros hermanos perseguidos de Irak. Gracias a Pablo H. Breijo por la foto.

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#esNavidad : Ver para creer

Nos dicen que la fe es la capacidad de creer en algo que no podemos ver. Es una definición que tiene mucho de acertado, aunque no sé si es completa o suficientemente elaborada. La pregunta que me surge, no obstante, al leer las lecturas de hoy es: ¿Es verdad que no podemos ver hoy a la Palabra de la vida, como dice el apóstol Juan en su carta? ¿No es posible ver hoy a Cristo, nacido en Belén y resucitado en Jerusalén?

¿No es verdad que necesitamos VER?

Vieron, los que caminaron hacia Belén; vieron, los que fueron al sepulcro. ¿Ven los que se mueven? ¿Ven los que buscan? ¿Ven los que quieren ver al Señor?

La fe, más que creer pese a no ver, es ver allí donde otros no ven nada.

Un abrazo fraterno

#EsNavidad: Disney vs. S. Esteban

Disney nos trae a todos buenísimos recuerdos y, desde luego, lo prefiero a otras opciones de entretenimiento infantil. Pero Disney es también el paradigma del mundo de fantasía, de la factoría de sueños. Disney ha impregnado la realidad hasta afectar incluso a la Navidad.

Son preciosos los belenes, los pesebres, la decoración, los villancicos y los actos de generosidad y solidaridad que impregnan estos días pero hay quien no sale de ahí. Se piensa que la vida, la fe, y la Navidad, se circunscribe a eso y que lo de recibir a Dios hecho niño es como cuidar a un sobrino, al hijo de un amigo, con el que disfrutas pero que luego llora en casa de otro por las noches.

Celebrar S. Esteban justo el día después de Navidad es una bofetada de realismo. Porque ese Niño que nos ha nacido no ha llegado para eliminar el sufrimiento del mundo. Es más, si en lugar de como a un «niño de otro» lo consideremos realmente nuestro, viene a aportar una dosis más de dolor. Porque si esto va de amor, no existe el amor sin su dosis de sufrimiento.

Ese Niño ha llegado para salvarnos y para querernos, de acuerdo. Pero por Él seremos perseguidos y vilipendiados. El final de su historia no es precisamente un final de Disney…

Un abrazo fraterno

¡El Adviento ha muerto! ¡Viva la Navidad!

Esta noche es Nochebuena.

En las afueras del mundo, cerca de la pobreza, envuelto e humildad y pequeñez, Dios es carne entre nosotros.

Jesús viene a ti, sin exigencias ni imposiciones. Jesús viene a darse. Jesús se te regala. Da igual que seas creyente o ateo, hombre o mujer, blanco o negro, occidental o asiático, niño o anciano. Jesús viene a ti sí o sí. No espera nada de ti ni viene a pedirte nada. Viene sólo a quererte.

Yo, pecador y pobre, necesito de Él y grito en mi noche «¡Ven Señor Jesús! ¡Ven y sálvame!».

Camino hacia el Niño, entre bruma y negrura, sin saber muy bien qué pensará de mí ni qué puedo ofrecerle. No camino solo y en ese andar veo la refulgente luz de la estrella en la mirada de tantos y tantas que, como yo, corren hacia el Salvador.

Esta noche es Nochebuena. Para todos. ¡Alégrate!