Entradas

La trampa de la oveja perdida (Mt 18,1-5.10.12-14)

Hace unos años, en una oración con niños de Primaria, leímos el pasaje de la oveja perdida que comienza con la pregunta de Jesús de «suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida?«. Recuerdo que al lanzar la pregunta, uno de los niños respondió categóricamente: NO.

Un niño capta perfectamente el absoluto sinsentido que plantea Jesús. Todo el mundo sabe que un pastor que tiene 100 ovejas, no dejaría solas a las otras 99 por ir a por la oveja que se le ha perdido. Está fuera de toda lógica. Y esto es lo que hace que la propuesta de Jesús sea rematadamente maravillosa. Es el sinsentido de Dios, que se escapa a las lógicas humanas, a la evaluación de consecuencias, a los equilibrios de intereses, a la justicia equitativa, a la simetría del amor… Es la trampa de la oveja perdida.

El amor de Dios se escapa de nuestras manos. Es tan inmenso y tan maravilloso que no somos capaces de entenderlo. Sólo podemos acoger. Sólo podemos llenarnos de esperanza al saber que, en nuestra vida, Dios no nos deja nunca y que, si nos perdemos, recorrerá nuestro camino hecho para encontrarnos y devolvernos a casa.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Y nosotros qué? (Mt 19,27-29)

Uno se queda más tranquilo cuando lee que los mismos apóstoles le pidieron a Jesús algún «premio» o «beneficio» por haberlo dejado todo para seguirle. Llevamos inscrita en las venas la ecuación del mérito: si uno hace méritos, recibe recompensas. Por eso nos cuesta entender que a personas buenas, justas, llenas de amor y entregadas a los demás, les pasen cosas malas en esta vida. «No se lo merece» decimos… o «qué injusto es Dios»…

El caso es que Jesús no rehuye la pregunta y afirma que sí, que habrá recompensa. Seguramente esto es lo que nos cuesta entender porque nosotros a esa «recompensa» le ponemos forma, tiempo, color, grandeza… La traducimos a nuestro lenguaje y a nuestros intereses. Y nada de eso. Jesús nos promete que recibiremos cien veces más de lo dejado, nos promete, en el fondo, la felicidad y la participación en el Reino para la eternidad.

No es que Dios nos pague por los servicios prestados… Es que cuando apostamos por seguir a Jesucristo, vemos tesoro donde antes no lo veíamos, experimentamos amor y premio donde antes sólo veíamos arena y desierto. En el fondo, el paraíso se nos acerca y se nos permite tocarlo con los dedos y saborearlo de lleno. ¿Hay algo mejor?

Un abrazo fraterno – @scasanovam

El perdón injusto de Dios (Lc 6,36-38)

En una clase de Antropología Teológica, hablando de la gracia y del perdón, recuerdo que el profesor nos ponía un ejemplo muy visual y fácil de entender: pensemos que todos queremos entrar a una obra de teatro que es lo máximo. La entrada vale 60 euros. Cuando yo llego a la entrada, compruebo que no llevo dinero suficiente. Me faltan cinco euros. Pero a la persona de al lado le pasa lo mismo. Peor. Le faltan 40 euros. Sorprendentemente, el dueño del teatro, que baja a comprobar cuál es el problema, nos deja entrar a ambos. Aunque me siento agradecido, le comento que me parece injusto que ambos podamos ver la obra cuando a la otra persona le falta más de la mitad de la entrada por pagar. El dueño me responde: no te quejes. Ninguno teníais el importe suficiente, así que a ti también te ha sido regalada.

La misericordia de Dios no es simétrica, no va en función de nuestros méritos o de lo que nosotros hayamos conseguido. A nosotros nos parece injusta muchas veces porque tenemos metido en la sangre que hay que dar más a quién más aporta. Pero el perdón de Dios es otra cosa. Si fuéramos juzgados por nuestros méritos… ninguno, ni tú ni yo, mereceríamos levantar la cabeza. Si la levantamos es porque, siendo hijos, nos sabemos profundamente amados, profundamente perdonados. Vayamos y hagamos lo mismo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Te equivocas de Jesús (Mt 12,1-8)

Si vives la fe como sacrificio, te equivocas de Jesús.

Si para ti ser creyente es cumplir una serie de normas, te equivocas de Jesús.

Si seguir al Señor te supone un fastidio al que accedes para salvarte, te equivocas de Jesús.

Si piensas que le amas más por lo mucho que te sacrificas, te equivocas de Jesús.

Si usas el rasero del cumplimiento con los demás, te equivocas de Jesús.

Si vas a misa los domingos porque es lo que manda la Iglesia, te equivocas de Jesús.

Si ante todo lo malo que nos sucede tú respondes «es la voluntad de Dios», te equivocas de Jesús.

Si vives sin opinión ni criterio y eres un cristiano marioneta, te equivocas de Jesús.

Si crees que te mereces el cielo porque eres de los que hacen lo que hay que hacer, te equivocas de Jesús.

Si miras el mundo a la defensiva y sólo ves lo malo alrededor, te equivocas de Jesús.

Si te pareces más a un tubo dentífrico, exprimido, que a una fuente, te equivocas de Jesús.

Si eres tan justo, que te olvidas de la misericordia, te equivocas de Jesús y no eres ni justo ni misericordioso.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Café para todos? ¡De ninguna manera! (Lucas 12, 39-48)

cafeparatodosMi madre me lo repetía muchas veces de pequeño: Dios no nos pide a todos lo mismo, no nos exige a todos por igual. A quién más le ha dado, más le va a pedir. Quién más oportunidades ha tenido, de más tendrá que responder. A un cardenal le pedirá más que a un campesino… decía mi madre para ilustrarme el hecho de que la vara de medir no puede ser igual para todos.

¡Cuánto cambiaría el sistema educativo español si nos dejáramos guiar por esta máxima de Dios! Este sistema que iguala, que obliga a todos a pasar por lo mismo, que valora desde el número y la puntuación en lugar de potenciar aquello que cada alumno es y trae consigo. A Dios no le gusta el café para todos.

Por eso no son buenas las comparaciones ante Dios. Es mejor ni intentarlo. El mismo hecho puede ser grave pecado en uno y pequeña falta en otro. No sirve el café para todos y en la Iglesia, muchas veces, hemos actuado como repartidores de café para todos, jueces implacables a los que poco les importan circunstancias, personas, historias, dones, heridas… Estoy llamado a no ser juez, a escuchar, a acoger, a comprender, a ponderar…

Mi oración de hoy termina con una pregunta: ¿Y a mi? ¿Dios me ha dado mucho o poco? ¿Qué se me exigirá? Yo creo que se me ha dado mucho, mucho. Así vivo yo. Muy agradecido y, a veces, abrumado por lo mucho concedido. La contrapartida exige de mi lo mejor. Hacer con todo eso que se me ha dado… lo mejor para Dios. Tarea tremenda en la que fallo una y otra vez. Seguimos intentándolo.

Un abrazo fraterno

Dios, pódiums y los JJOO (Mateo 20, 1-16a)

Los primeros, los segundos, los terceros… el pódium, las menciones honoríficas, los que se quedan sin nada y el último. Estamos tan acostumbrados a la competición deportiva, a los JJOO, a los mundiales… tan acostumbrados a que todo lo que no sea medalla, sea fracaso… que lo de Dios nos parece de locos. ¡De locos! ¿Pero qué se cree Dios? ¿Se le ha ido la cabeza? 

Nuestra vida de cristianos es una carrera, una prueba. Uno tiene que entrenarse, ejercitarse, mantenerse en forma constantemente, regular su alimentación, sus horarios, sus costumbres… No competimos contra otros sino más bien contra nosotros mismos y contra el mal que puede anidar en nuestros corazones. Combatimos contra la soberbia, contra la pereza, contra la desconfianza y la tristeza del alma, contra la tentación de alejarnos de Dios poco a poco, contra el dejarnos llevar, el todo vale, el ya da igual, el no es para tanto, el no es tan importante… Somos los deportistas de Cristo y sabemos lo que son las pruebas de fondo. No estamos llamados tanto a batir el récord de los 100 metros como a aguantar un maratón, unos 5000, unos 3000 con obstáculos…

PODIUM

Lo curioso es que Dios no entiende de pódiums ni de menciones honoríficas. Se la trae al pairo quién llega de primero y quién llega de último, quién ha empezado antes su carrera deportiva y quién la ha empezado después. El premio final es el mismo para todos. Parafraseando a mi hijo mayor: «Eso es injusto papá»… Esa es la reacción de los que llevan más tiempo. Yo me considero de estos. Esa reacción es fácil y hasta lógica, tentadoramente llena de argumentos; argumentos que Dios resquebraja al instante. He de decir que siendo padre de tres hijos estoy más cerca de entender al Padre que antes. La lógica del amor y la paternidad no se fundamenta en argumentos de justicia lógica, seca, adusta, cortante. La justicia del Padre se fundamenta en el amor y en la gracia. Nada hay por encima de eso.

¿Os imagináis unos JJOO con esta lógica? Serían curiosos pero también ciertamente bonitos… y ¿por qué no? justos con el esfuerzo, el ejemplo y la valentía de todos los que participan. Yo, que en el fondo nunca he sido primero en nada, me alegro de esta vara de medir del Padre…

Un abrazo fraterno

Es evidente que el mundo está lejos de Dios… (Salmo 71)

Uno lee esto hoy en el salmo…

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre. R.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar amar,
del Gran Río al confín de la tierra. R.

… y se pregunta si ese mundo es posible o es simplemente una quimera. Es el mundo donde Dios reina. Evidentemente, no es nuestro mundo. Ni hay paz, ni hay justicia, los humildes son apabullados y aplastados y el amor, como principio universal, no rige los devenires de la humanidad.

¿Cuánto queda Señor? ¿Qué hacer para conseguirlo? A Ti levnto mi grito oh Dios, a Ti, hoy…

Un abrazo fraterno

Tears-450x298

Que en sus días florezca la justicia (Sal 71)

El Salmo nos trae un deseo y, tal vez, el Evangelio el camino para que se haga realidad. El Salmo es la expresión del cristiano que se arrodilla a pedir al Padre paz y justicia para el mundo. En un mundo, el de hoy, en el que sigue habiendo gente abandonada, niños malnutridos, muertes por hambre y guerras y en donde los gobiernos y los poderosos siguen gastándose miles de millones en armas o en especulaciones bancarias… este mensaje y este deseo sigue siendo tremendamente actual. La crisis económica creada por unos cuantos no ha vuelto más que a machacar a los más humildes de la sociedad.

Pero expresar este deseo ante Dios no me exime de responsabilidad. La justicia social y la paz no son aspectos que dependan de los gobiernos exclusivamente. Jesús me enseña el camino: «Dadles vosotros de comer». Si tengo, estoy llamado a dar. Mientras haya, estoy llamado a compartir. Este es el secreto del milagro. Y creo sin duda que tengo. Tengo dinero, tengo bienes, tengo energía, tengo palabras, tengo sonrisas, tengo tiempo… Mientras nos encerremos a orar pidiendo y pidiendo en lugar de salir a dar… poco en este mundo cambiará.

Ojalá en este 2010 seamos más, sean más, los que se deciden a dar de comer al mundo que tiene hambre.

Un abrazo fraterno

¿Por qué nos ha venido encima todo esto? (Jc 6,11-24a)

Hcae poco tenía con mi madre una conversación acerca de si era lícito quejarse a Dios y decirle lo injustas que eran muchas situaciones. Mi madre sostenía que no se podía clamar a Dios de esa manera, pidiéndole cuentas por tantas y tantas injusticias; no se le dice eso a Dios. Yo le expresaba que, desde el amor que le tengo, en confianza, hay momentos en que es legítimo elevar una queja al Padre cuando las situaciones son tan… dramáticas, tan… desalentadoras para muchas personas.

En la palabra del AT de hoy vemos una conversación plena de confianza. Y hay un POR QUÉ. Porque no entiende. Porque no ve. Porque no acepta. Porque no comprende. Porque no le cuadra… por lo que sea. Pero estoy seguro que Dios también entiende nuestras quejas. Y sae responderlas.

Un abrazo fraterno

¡Filtráis el mosquito y os tragáis el camello! (Mt 23, 23-26)

Es tal vez lo más fácil para acabar con la justicia: filtrar un mosquito y tragarse un camello. Y pasados veinte siglos de esta frase de Jesús todavía seguimos teniendo casos todos los días en los que ésto está a la orden del día.

La injusticia es, tal vez, el origen de muchos de los males del mundo. Y, además, daña terriblemente a las personas. Cuando se comete algo injusto sobre uno la herida es grande y las consecuencias imprevisibles.

Yo, muchas veces, soy muy dado a filtrar mosquitos… y no me gusto. Y a veces también me trago camellos. Y tampoco me gusto. Es más, seguramente uno filtra mosquitos para no sentirse mal por los camellos que se está tragando. Así mantenemos nuestra imagen de «cumplidores del bien» y santas Pascuas…

Un abrazo fraterno