… y vuestro frute dure (Jn 15, 9-17)

Tal vez sea ésta la parte de la frase a la que menos atención he prestado siempre. Lo de que Él es quien me escoge me mola mogollón. Lo de que tengo que «ir» también lo pillo y lo interpreto. Lo de que hay que dar fruto está claro aunque ya va subiendo la dificultad y esta última puntilla es ya para usuarios avanzados. ¿Cuántos proyectillos de toma pan y moja? ¿Cuántos proyectillos «calmased»? ¿Cuántas misioncillas sin calado? ¿Cuánto tiempo, energía y dones desperdicio en cositas que no van a durar demasiado? Que no duran…

Esta faceta ya no es cosa de Jesús sino mía. Es como lo de preparar la tierra antes de sembrar. Preparar la tierra y al sembrador diría yo. Vale la pena gastar tiempo en crecer. En conocerse. En madurar. En ganar en consciencia. En ganar en fraternidad. En ganar en tejido. Ese tiempo gastado en todo eso será el que garantice que el fruto sea duradero…

Miro las petunias casi recién plantadas que tengo en mi balcón. Y creo que hay muchas que no llegarán a nada. Las sacamos al balcón demasiado pronto. Llegaron las lluvias y los vientos y las débiles raices no soportaron el fragor…

Un abrazo fraterno

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