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Hoy se cumple tu Palabra (Lc 4,16-30)

Hoy, 3 de septiembre de 2018, pasará a la historia de mi vida como el día en el que se cumplió tu Palabra sobre mí. Hoy, por primera vez en 41 años, comenzaré el curso como parte de un claustro de profesores de un colegio escolapio. ¡Cuánto había soñado yo con esto! ¡Cuántas lágrimas derramé esperando este momento! ¡Cuánto esperé! ¡Cuánto sufrí! ¡Cuánto recé! ¡Cuánto permanecí sin perder de vista el objetivo, el sueño!

Como dice San Pablo, en su fragmento a los Corintios, llego temblando de miedo. Tanto tiempo esperando esto, tanto tiempo preparándome y ahora tengo el vértigo de asumir una tarea demasiado importante. Miedo de no saber, miedo de no servir, miedo de no estar a la altura. Y es ahí donde me reconfortan las palabras de Pablo: será el Espíritu y no yo, será su sabiduría y no la mía, la que me acompañe en este trayecto nuevo del camino y la que consiga extraer los mejores frutos de mi labor diaria.

Sólo puedo dar hoy muchas gracias a Dios. Y a la Escuela Pía. Por contar conmigo. Por llamarme. Por empujarme. Por hacerme sitio. Y a mi familia. A mis padres, a mi hermano, a mi mujer y a mis hijos. Por ser piedra sobre la que apoyarme todo este tiempo, por sus sacrificios y sus desvelos para que lo que hoy sucederá se hiciera realidad. Y gracias a mis hermanos de comunidad y a las personas especiales, amigos y amigas, que me conocen y que me quieren y que hoy comparten conmigo esta felicidad inmensa.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

María y los escolapios (Lc 1,39-56)

María actualiza el salmo de hoy en su visita a Isabel. «Mi fuerza y mi poder es el Señor», dice el salmista, y María, desde ahí, proclama la grandeza de su Salvador.

¿Puedes tú, con el salmista, con María, decir que tu fuerza y tu poder es el Señor? ¿Puedes decir que tu fuerza y tu poder no son el dinero que tienes en el banco, ni la casa en la que vives, ni el coche en el que viajas, ni los libros que has leído, ni los títulos que tienes, ni los planes futuros? ¿Puedes plantear tu vida desde la grandeza de un Dios que se hace carne en tu pequeñez y que, desde ti, pretende llegar a todos? ¿Dónde encuentras tu fuerza? ¿Dónde la pierdes?

Hoy es también el Día de Oración por las Vocaciones Escolapias. Sin duda, tiene mucho sentido, celebrar este día junto con la Visitación. Comprobar que, al final, se trata de dar un sí, de abandonarse, de reconocer que no es en uno donde reside la fuerza. Es Dios quién me llama, es el Señor quién obra en mí, es el Espíritu que me habita el que pone la palabra en mi boca, el que me lleva aquí y allá, el que libera, cura, sana, salva.

Ojalá muchos hombres y mujeres de hoy estén dispuestos a ser buenos escolapios, siendo laicos y religiosos. Escolapios que dediquen su vida por entero a los niños y jóvenes. Escolapios que vivan con pasión la educación y que encuentren en la escuela un auténtico camino a Jerusalén, un lugar donde vaciarse y dar la vida por completo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Nueva catequesis para nuevas familias

Llevamos ya dos años de apuesta en nuestra querida Provincia Betania, donde escolapios y laicos estamos empujando hacia el horizonte marcado por nuestro nuevo proyecto marco de pastoral. El Proyecto Arjé es un intento de responder, como así nos invita el Papa Francisco, a los nuevos tiempos, a una nueva sociedad, a unos niños y jóvenes nuevos, a unas familias nuevas. El reto, sin duda, está en traducir una Buena Noticia que llega con Jesucristo hace más de 2000 años y presentarla hoy, con los lenguajes de hoy, como una invitación real a una vida mejor y más feliz.

Los grupos Belén forman una de las apuestas más potentes del proyecto. Difícil de definirlos. Vamos a decir, para entendernos, que son el primer paso, la primera etapa, de un camino de crecimiento personal y en la fe. Lugares de encuentro con niños y familias de la etapa Infantil y de los dos primeros años de Primaria, donde, en muchos casos, se produce un primer anuncio y donde, en otros casos, se experimenta una nueva manera de acercarse a Jesús y a la Iglesia.

  • La primera clave es la convocatoria que se realiza a toda la familia. No se trata, porque en estas edades no sería posible, de que vengan los niños y niñas a catequesis o a sus grupos de fe. Se trata de que vengan ellos y su madre, su padre o, en el mejor de los casos ambos. Esta convocatoria a todos es uno de los aspectos más valorados. No hay tantos ratos ni tantas ofertas donde las familias puedan encontrarse juntas y donde puedan tener un momento que deje contentos a todos. Y menos cuando los niños tienen entre 3 y 7 años.
  • La segunda clave es el planteamiento de las sesiones. No es una escuela de padres, aunque en el grupo los padres aprenden. No es un grupo de catequesis, aunque también se habla de Dios y se ora. No es una reunión de padres, aunque salen temas de cole. Y no es una reunión para niños, aunque tienen sus momentos y sus actividades propias. Y tampoco es un espacio sólo para adultos, ya que los niños participan y, muchas veces, lo hacen junto a sus padres. Son un lugar de encuentro, de compartir, donde siempre hay una experiencia que nos hace aprender haciendo, como diría un muy buen amigo profesor de nuestro colegio de A Coruña.
  • La tercera clave es el cuidado y el mimo con el que se preparan los detalles. Se elige el espacio adecuado en el cole. Se disponen las sillas de la forma adecuada. Se prepara todo para que esté listo cuando lleguen las familias. Se cuida la ambientación y la decoración. Y normalmente hay música que invita a entrar. Porque el cuidado y la belleza trasmiten mucho más, a veces, que grandes discursos. Porque somos seres humanos y tenemos nuestros sentidos para entrar en relación. Necesitamos ver y oír y oler y acariciar y saborear.
  • La cuarta clave es un equipo de personas volcado con el proyecto. Profesores involucrados, religiosos, laicos… personas que creen en lo que hacen, abiertas, dispuestas a abrir las puertas a las familias de sus niños, dispuestas a hablar y a compartir con ellas fuera del ámbito más académico. Y el camino nos demuestra que, a mayor trecho andado, mayor la tranquilidad y la satisfacción.

Hoy hemos tenido la última sesión del curso. Hemos evaluado. hemos compartido lo que ha significado el grupo para la vida colegial, familiar… Hemos rezado juntos, con sencillez, y hemos escuchado de boca de los participantes que esta manera de hacer escuela y de hacer Iglesia, tejiendo una auténtica red de cariño y confianza, vale la pena.

No sabemos cuáles serán los frutos a largo plazo de este trabajo. Ojalá sean muchos. Todavía tenemos que esperar unos cuantos años. Dios dirá. Pero hasta ahora, lo andado, ya ha valido la pena. Por muchos años más.

Un abrazo fraterno

Salamanca: primeras vísperas de la comunidad conjunta

Ya estamos todos, bueno, menos los niños. El día grande de Calasanz se comienza juntos, en comunidad. ¿Hay otra manera mejor que celebrar una fiesta en casa, en familia, con los hermanos que Dios te ha regalado? Probablemente no.

Mi mujer y yo ya nos hemos incorporado a nuestra nueva comunidad, una nueva aventura a la que nos llama el Señor a religiosos y laicos de esta Provincia nuestra llamada Betania. Ayer, comentando en la cena, el rector contaba las innumerables preguntas que le habían hecho durante el verano acerca de esta realidad de comunidad escolapia conjunta (religiosos y laicos) y nos reíamos intentando encontrar una respuesta que, todavía, no tenemos ninguno.

El sol ha salido ya en Salamanca y en unas horas celebraremos la Eucaristía con parte de la comunidad educativa de la presencia escolapia aquí. Miro atrás y me deleito recordando el día de ayer, cuando Esther y yo aterrizamos juntos en esta nueva realidad, en esta nueva ciudad, en esta nueva casa, con esta nueva familia. Me deleito y doy gracias por los primeros momentos, siempre importantes, de andadura juntos. Fue algo especial ver la sonrisa de Antonio y Jesús cuando bajaron del tren y nos vieron esperándoles en el andén. Fue algo especial el ratito que compartimos por la tarde viendo la tele y echándonos unas risas con el «Ahora Caigo» de Antena 3. Fue algo especial rezar las vísperas de Calasanz, juntos por primera vez, en la capilla de comunidad. Y algo especial compartir la cena, contar anécdotas, abrazar a Manel y a Lluis cuando llegaron, cargar su equipaje y meterlo en casa, acompañarles en la cena y programar un poquito el día de hoy. Y hablar de niños y jóvenes y misiones y escuelas y viajes y … y… y… ¡Y escuchar a Jesús valorando la posibilidad de que los niños le llamen «abuelito»!

La acogida no ha podido ser mejor por parte de todos. También conocimos a los que yo llamo «las fuerzas vivas» de toda obra humana. Fue un placer conocer a Jesús el de mantenimiento, a Pepín el cocinero, a Juan el de portería, a Noelia la de secretaría, a Vanesa la de administración, a Pilar la de la limpieza… Personas cada una con sus nombres y apellidos y con un trabajo fundamental para que todo salga adelante. Darnos un abrazo, estrecharnos las manos, escucharnos por primera vez y compartir brevemente, y a vuelapluma, las primeras inquietudes y preocupaciones del trabajo que desarrollan y del que se viene encima en este curso que nace. Mucho nos tendremos que escuchar y mucho nos tendremos que querer todos…

Los niños están todavía con los abuelos. Ellos todavía pueden disfrutar unos días más de sus vacaciones pero en una semana los tendremos aquí, ya, formando parte de esta casa tan bonita. Los esperamos con ganas todos. Ellos van a ser el alma de esta comunidad, como lo son de cualquier sitio en el que están. Por ellos, por los niños, nació la Escuela Pía. Por ellos, por los niños, Calasanz se acercó más a Dios sirviendo a los más pobres. A ellos les debe su santidad.

Las mañanas ya son frías en la capital charra y, aunque el sol luego calienta con fuerza, empezamos a acostumbrarnos a esta tierra, ya nuestra, que tan bien nos ha recibido. Pedimos a nuestros hermanos religiosos y a todos nuestros hermanos fraternos que se acuerden de nosotros en sus oraciones y nos encomienden en este día del Fundador. Que sepamos, con nuestras debilidades y pobrezas, dar continuidad a su obra y dar mayor gloria a Dios con nuestras vidas.

Un abrazo fraterno

P.D.: La comunidad escolapia de Salamanca la forman el P. Jesús, el P. Manel, el P. Antonio, el P. Eloy, el P. Lluís y la familia Casanova-Morales (Santi, Esther, Álvaro, Inés y Juan). Para servirles… 🙂

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor (Dn 3,57-61)

El cántico de Daniel me trae inevitablemente a la mente y al corazón la pequeña capilla de la casa de los Escolapios en Cercedilla. Allí rezábamos catequistas y monitores cada mañana en las semanas de campamentos, colonias, convivencias… Allí compartíamos la lectura del diurnal y poníamos el día en manos del Padre. Y el canto de Daniel era rezado un día a la semana, normalmente a dos coros. El cántico es una preciosidad.

Uno no tiene más que mirar a su alrededor y comprobar que todo forma parte de lo creado y que el creador merece alabanza. En medio de nuestras ceremonias de entrega de los Óscars, los premios MTV, los Goya, los Pulitzer, etc. qué menos que alabar al Padre por su magnífica obra. Que cada uno lo haga como quiera. Unos más consciente y otros más inconscientemente pero… demos alabanza. Cuidando lo creado. Amando todo lo creado. Protegiéndolo. Valorándolo. Disfrutándolo. Completándolo.

Un abrazo fraterno

… se me alegra el corazón (Sal 15)

Me da mucha pena haber tenido este blog tan abandonado tanto tiempo pero no puedo perder ni un segundo en lamentaciones de algo que tampoco es tan importante. Me he dedicado a la vida y sus quehaceres y hay veces que no se puede todo.

Estamos en Pascua. Cristo vive. Y el salmo pone palabras en mi boca que hago mías. Porque el corazón se me alegra también como al salmista. Se me alegra al ver que Jesús me sigue saliendo al encuentro y me sigue encomendando la misión de anunciar que está vivo, que el miedo es menos poderoso que la alegría de la Resurrección.

Ha sido una Pascua especial ésta. La he disfrutado en Cercedilla, con Esther y los niños, con la comunidad en pleno, con muchos jóvenes bien conocidos, con personas queridas que hacía tiempo que no veía, con nuevos amigos y hermanos en el Señor, con escolapios, con calasancias… Fue una Pascua en la que hubo de todo y en la que. día a día, nos fuimos adentrando en los misterios que año tras año la Iglesia nos anima a revisar y a revivir. Estoy muy contento, sobre todo, de haberla celebrado en familia y con mi comunidad. Como los antiguos.

Ojalá la luz de Cristo prenda fuerte de nuevo en mis entrañas. Luz para el mundo.

Un abrazo fraterno

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A vino nuevo, odres nuevos (Mc 2, 18-22)

Esta es una de las primeras citas que uno lee cuando entra a los foros del Ágora Marianista, uno de los mejores portales católicos de la red de redes. Hoy quiero dar gracias en mi oración por ellos.

Para alguien que toda su vida ha estado rodeado, trabajando y compartiendo misión con los escolapios, como yo, ha sido agua fresca meter la cabeza en otro hogar y olisquear el olor que produce otra leña en el mismo fuego de Cristo. Llegué a los foros buscando algo y encontré otra cosa. Encontré, ante todo, personas. Si internet no es capaz de trascender lo virtual vale para poco. Y eso está en la mano de los navegantes, no de la tecnología: ésta tiende el puente, uno decide cruzarlo. Yo decidí hacerlo y descubrí seguidores de Jesús y hermanos en la fe. Personas distintas y únicas y, a la vez, muy parecidas a mi, a mi comunidad, a lo que conocía.

Hoy mi oración es una profunda acción de gracias. Gracias por seguir creyendo en las personas. Gracias por seguir apostando por los encuentros, por lo desconocido, por lo arriesgado. Gracias por seguir buscando y encontrando. Gracias por el progreso y sus buenos frutos. Gracias por cada uno de los que Ágora ha traído también a mi vida. Gracias por los escolapios, por los marianistas y por todos aquellos que han decidido apostar por un seguimiento radical a Cristo. Gracias por las pequeñeces, por las imágenes, por las canciones, por los debates, por las dudas, por el enriquecimiento mutuo…

Un abrazo fraterno

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