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Evangelio hecho vida (Sal 18)

No hay mejor para evangelizar que una vida entregada que huela a Jesús de Nazaret. No hay palabras, ni homilías, ni discursos… no hay charlas TED suficientes ni canciones enrolladas… para llevar a la gente a Cristo, nada como una vida llena de Dios.

Siendo realistas, es difícil tener una vida 100% de Cristo. Esa plenitud posiblemente sólo la encontraremos en la eternidad. Pero si es posible mostrar gratis lo que uno ha recibido gratis. Tú también puedes hacerlo. Es posible mostrar que se puede vivir desde el amor. Es posible mostrar que el amor, si es de verdad, es para siempre. Es posible mostrar una comunidad de hermanos donde se vive cada día la fraternidad y donde lo de uno, es de todos. Es posible ser joven y vivir la amistad, los estudios, la pareja… desde la entrega, la generosidad y la verdad. Es posible estar atento a las heridas del prójimo que tenemos cerca. Es posible dar el poco pan que me queda para que otro coma. Es posible dedicar tiempo y esfuerzos a que otros vivan mejor. Es posible ser más pobre. Es posible pedir perdón y ser perdonado. Es posible caer una y otra vez y seguir con la sonrisa del que nunca desfallece. Es posible dar sentido a la enfermedad, a la pérdida, al sufrimiento.

Hay tantos y tantos testimonios diarios de eso que uno se pregunta por qué seguimos dando la chapa tantas veces, intentando convencer cabeza-a-cabeza en lugar de corazón-a-corazón.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Testigos de la luz (Jn 1,1-18)

Eso pido hoy, Señor, para este nuevo 2021: ser testigo de la luz. Prefiero eso a perder el tiempo en batallitas vanas con las tinieblas. Es más efectivo.

Quiero ser testigo tuyo, que eres la Luz Absoluta, que ilumina nuestras vidas, les da sentido y las llena de amor.

Quiero ser testigo de la luz de mi mujer y mis hijos. Quiero hacerles brillar, sacar a la luz todo lo bueno que tienen, no afearles sus rincones oscuros.

Quiero ser testigo de la luz de mis alumnos. Quiero centrarme en sus logros, en su valentía, en su tenacidad, en su sacar fuerzas de flaqueza, en sus empeños, en la lucha contra sus propios desánimos.

Quiero ser testigo de la luz de mis compañeros, de mis amigos.

Quiero ser testigo de la luz en las redes y ser altavoz de aquellas voces que valen la pena y que hacen mejor al mundo.

No quiere perder el tiempo, Señor, enfangado en batallas inútiles, creyéndome fuerte y protagonista defendiéndote. Creo que se me pide y otra cosa y estoy dispuesto a hacerlo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Mi fragilidad, tu grandeza (1Cor 2,1-5)

Miedo, debilidad, preocupación, limitaciones, defectos… Así soy yo. De eso estoy lleno. No sé si paso el test de calidad de evangelizador. Demasiadas «taras».

Leer hoy a S. Pablo me llena de esperanza. Porque veo que él también se descubrió así, pequeño, frágil e imperfecto. Tras su conversión, su desierto, sus dificultades con el grupo de los 12, sus meteduras de pata… entiende que así debe ser. Es Dios quién tiene que hacerse grande, que mostrarse grande, que ser protagonista en su vida y en su predicación. Cuánto más empequeñezca él, más resaltará Dios.

Reconozco que es algo que me cuesta. Por eso le voy a pedir al Señor que me ayude a ser más humilde, que me ayude a abajarme, que me enseñe a postrarme a sus pies.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Cuando no se conoce a Dios (Jn 15,26–16,4a)

Recuerdo que, de pequeño, mi madre me decía muchas veces que Dios nos juzgará en función de nuestra responsabilidad ante Él. Decía que Dios no le pide lo mismo a una persona que ha nacido en un barrio desfavorecido de una metrópolis cualquiera, con poca cultura, pocos medios y escasas oportunidades, que a un obispo, por ejemplo, culto, preparado y conocedor de Dios. Algo así.

Sin querer entrar en disecciones teológicas, detrás del pensamiento de mi madre hay algo parecido a lo que Jesús afirma hoy en el evangelio de S. Juan: quién no conoce a Dios a veces actúa de manera inexplicable para los que somos creyentes. Pero si le damos la vuelta, debemos pensar: ¿Cómo actuamos aquellos a los que sí se nos ha dado Dios a conocer? ¿Cómo actuamos los que sí participamos en los sacramentos, los que hemos ido a catequesis, los que hemos participado en retiros espirituales, los que hemos escuchado a referentes y testigos del Evangelio, los que oramos o decimos que lo hacemos? Porque… si conocemos a Dios y nuestra vida no lo refleja… tenemos una responsabilidad mayor que los otros.

Un abrazo fuerte – @scasanovam

Hablar de Cristo (Rm 10,9-18)

Hablar de Cristo. De eso se trata y no de otra cosa. Hablar de Él. Y lo hacemos a medias. Hablamos de muchas cosas. Y se nos puede pasar hablar de lo más importante. Porque es Jesucristo quién enamora, quién atrae, quién cambia la vida… No es la Iglesia, ni sus principios morales, ni su visión ética, ni su liturgia, ni sus comunidades… ES Cristo.

Si vaciamos de Cristo el mensaje o si lo nublamos tanto que Él se convierte en una sombra… nada nos queda.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Martes I Adviento 2019 (Lc 10,21-24)

¿Alguna vez has pensado todo lo que has visto y oído y aprendido a lo largo de tu vida? ¿Alguna vez has pensado en la bendición que ha supuesto para tu vida que alguien te hablara de Jesús en la infancia, en tu adolescencia, en tu juventud, en tu adultez?

¿Alguna vez has dado gracias por las personas que te han enseñado, por los retiros espirituales a los que has asistido, por las Pascuas que has celebrado, por las experiencias que otros montaron y que tú disfrustaste y que te han ido configurando?

Bendito sea yo, Padre, por todo eso, por las oportunidades que he tenido de conocerte, de verte, de escucharte, gracias a otros. Bendito sea yo, Padre, porque otros no han podido.

Nunca dejes de enviar a mi lado a personas que sean testimonio tuyo para mi vida.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Hasta las narices de evangelizar (Nm 11,4b-15)

¡Venga hombre! ¡Ya vale! ¡Estoy hasta las narices de dar la vida intentando mejorar las cosas y sólo recibir sopapos de vuelta! ¿Por qué tenías que llamarme a mí, Dios?

La gente no cambia. Años intentándolo por todos los medios. Nada. Cada uno va a la suya. Cada uno piensa en sí. Les propones una cosa y la otra y la otra… Y nada. Todo son reproches y problemas y quejas. Y, mientras, por detrás, un corifeo que grita que hay que cambiarlo todo. Que el lenguaje hay que cambiarlo, las formas, la doctrina, la manera, el medio para comunicarlo… Y venga youtubers y tuiteros y instagrammers y de todo… ¡Ya uno no sabe lo que hacer para hacerles entender que te necesitan, Padre! Nos hemos quedado sin ti, el mundo se oscurece pero… ¡bah! Nada.

Yo estoy cansado. Estoy cansado de luchar, de trabajar, de guiar, de proponer, de rezar, de compartir, de sacrificar mucho para nada… ¿Por qué no un poco de aliento? ¿Un pequeño éxito que me anime a seguir? Sí, de vez en cuando alguien te dice que gracias, que qué majo eres… pero su vida sigue igual. Se olvidan rápido.

Voy a irme, con Moisés, a escuchar un ratito a Fito Páez. Tenemos que recordar que esto no compensa. Que nunca volveremos a la Comarca. Que cuando la vida se da… es a fondo perdido… Dame fuerzas, Señor, para seguir ofreciendo el corazón.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

En lo escondido o trending topic (Mt 6,1-6.16-18)

En lo escondido. Vaya hachazo a los mártires del prime time. Vaya toque de atención a los trending topic de la caridad. Haz el bien sin propagarlo a los cuatros vientos. Pero entonces, ¿quién se entera, Señor, de que hay personas que apuestan por otra manera de hacer las cosas? ¿Cómo, en esta sociedad de la información y las redes, no proclamar por aquí el testimonio de tantos que intentan hacer un mundo mejor?

Aún con cierto desconcierto, creo entender lo que me dices. Es una advertencia. Es por mi bien. Porque ¡es tan fina la fronteras! ¡Es tan fácil pasarla! Claro que se puede comunicar el bien que uno hace para dar testimonio, para animar a otros… pero buf, el riesgo es grande. ¿Cuál? Dejarlo de hacer por Dios y hacerlo para los demás, para mi propio beneficio, para mi fama, para mi caché social, para mi imagen ante la comunidad…

¡No! ¡Eso nunca! Algunos, muy seguros de sí mismos, dirán que no, que en su actuación sólo hay pureza y ganas de evangelizar. Pero, ¡ay Señor! No lo tengo yo tan claro. Qué fácil es equivocarse. Qué fácil es hablar más de mí que de Ti. Qué fácil acabar consiguiendo ser yo el centro, en lugar de Tú. Qué tentador que me acaben siguiendo a mí en lugar de a Ti. Buenas palabras, buenos deseos… pero frutos cuestionables.

Por eso te gusta más lo escondido. Así garantizas que es por Ti, Señor, por quién hago las cosas. Porque te veo en el otro y actúo, sin necesidad de que nadie más que Tú se dé cuenta.

Ayúdame, Señor, a mí, que soy tan «hacia afuera». Ayúdame a saber ser y estar también en lo escondido.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

No temas, sigue hablando (Hch 18,9-18)

El Espíritu habla. A Pablo le habló a través de un sueño. A mí a través del corazón. Pero escucho su voz. También me dice, como a Pablo, «no temas, sigue hablando y no te calles, pues yo estoy contigo, y nadie te pondrá la mano encima para hacerte daño». Muy fuerte. Necesitaba encontrarme con esta Palabra. Necesitaba sentirme enviado a algo.

Hablar da miedo. Miedo de que no te entiendan. Miedo de sufrir rechazo. Miedo de generar conflicto. Miedo de hacer daño. Miedo de equivocarte. Miedo de no acertar con las palabras adecuadas. Callar es una opción. A veces la vestimos de prudencia. Pero yo me siento llamado a hablar y a decir y a proponer y a animar y a criticar y a apoyar y a bendecir y a denunciar y a profetizar…

¿Miedo? Un poco. Pero seguiremos hablando.

Un abrazo fraterno

¿Es Dios un desconocido? (Hch 17,15.22–18,1)

¡Qué grande este Pablo! Es un animal evangelizador. Qué envidia. Pasearse por Atenas, ver la estatua al dios desconocido y percibir en ella la sed del pueblo ateniense, la sed espiritual. Ver la oportunidad. No hacer juicios. No comparar con otros pueblos o lugares o épocas. Y anunciar a Jesús.

Parece que esta historia es de otro tiempo, pero creo profundamente que hay sed en la sociedad de hoy. Sed de amor. Sed de compañía. Sed de seguridad. Sed de silencio. Y de trascendencia. Pero nos equivocamos de dioses. Igual que los atenienses, le estamos poniendo a velas a muchos dioses desconocidos, a dioses creados por nosotros, a los que idolatramos y veneramos y que, sin embargo, no tocan nuestro corazón. ¿Y Cristo? ¿Es un desconocido en nuestra sociedad? Pues en buena parte sí. Tal vez porque muchos hayan cerrado sus oídos. Tal vez porque otros nos hemos predicado más a nosotros mismos que a Él. El caso es que la buena noticia de Cristo es una absoluta desconocida en el «prime time» social de hoy.

Como Pablo, debemos ver la oportunidad. Sin juicios. Sin comparaciones. Sin nostalgias de tiempos pasados y no necesariamente mejores. Es muy cansando hablar de lo poco que saben hoy los niños de Jesús, de lo poco que saben sus familias, de los pocos que van a misa, de … y así pasamos la tarde.

¿Es Cristo un Dios desconocido? ¿A qué estamos esperando pues para anunciarlo? Allí donde la gente está. En el tiempo en el que la gente mira. Con palabras que la gente entienda. Y con el testimonio de una vida que rezume a Él.

Un abrazo fraterno