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Mi fragilidad, tu grandeza (1Cor 2,1-5)

Miedo, debilidad, preocupación, limitaciones, defectos… Así soy yo. De eso estoy lleno. No sé si paso el test de calidad de evangelizador. Demasiadas «taras».

Leer hoy a S. Pablo me llena de esperanza. Porque veo que él también se descubrió así, pequeño, frágil e imperfecto. Tras su conversión, su desierto, sus dificultades con el grupo de los 12, sus meteduras de pata… entiende que así debe ser. Es Dios quién tiene que hacerse grande, que mostrarse grande, que ser protagonista en su vida y en su predicación. Cuánto más empequeñezca él, más resaltará Dios.

Reconozco que es algo que me cuesta. Por eso le voy a pedir al Señor que me ayude a ser más humilde, que me ayude a abajarme, que me enseñe a postrarme a sus pies.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Cuando no se conoce a Dios (Jn 15,26–16,4a)

Recuerdo que, de pequeño, mi madre me decía muchas veces que Dios nos juzgará en función de nuestra responsabilidad ante Él. Decía que Dios no le pide lo mismo a una persona que ha nacido en un barrio desfavorecido de una metrópolis cualquiera, con poca cultura, pocos medios y escasas oportunidades, que a un obispo, por ejemplo, culto, preparado y conocedor de Dios. Algo así.

Sin querer entrar en disecciones teológicas, detrás del pensamiento de mi madre hay algo parecido a lo que Jesús afirma hoy en el evangelio de S. Juan: quién no conoce a Dios a veces actúa de manera inexplicable para los que somos creyentes. Pero si le damos la vuelta, debemos pensar: ¿Cómo actuamos aquellos a los que sí se nos ha dado Dios a conocer? ¿Cómo actuamos los que sí participamos en los sacramentos, los que hemos ido a catequesis, los que hemos participado en retiros espirituales, los que hemos escuchado a referentes y testigos del Evangelio, los que oramos o decimos que lo hacemos? Porque… si conocemos a Dios y nuestra vida no lo refleja… tenemos una responsabilidad mayor que los otros.

Un abrazo fuerte – @scasanovam

Hablar de Cristo (Rm 10,9-18)

Hablar de Cristo. De eso se trata y no de otra cosa. Hablar de Él. Y lo hacemos a medias. Hablamos de muchas cosas. Y se nos puede pasar hablar de lo más importante. Porque es Jesucristo quién enamora, quién atrae, quién cambia la vida… No es la Iglesia, ni sus principios morales, ni su visión ética, ni su liturgia, ni sus comunidades… ES Cristo.

Si vaciamos de Cristo el mensaje o si lo nublamos tanto que Él se convierte en una sombra… nada nos queda.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Martes I Adviento 2019 (Lc 10,21-24)

¿Alguna vez has pensado todo lo que has visto y oído y aprendido a lo largo de tu vida? ¿Alguna vez has pensado en la bendición que ha supuesto para tu vida que alguien te hablara de Jesús en la infancia, en tu adolescencia, en tu juventud, en tu adultez?

¿Alguna vez has dado gracias por las personas que te han enseñado, por los retiros espirituales a los que has asistido, por las Pascuas que has celebrado, por las experiencias que otros montaron y que tú disfrustaste y que te han ido configurando?

Bendito sea yo, Padre, por todo eso, por las oportunidades que he tenido de conocerte, de verte, de escucharte, gracias a otros. Bendito sea yo, Padre, porque otros no han podido.

Nunca dejes de enviar a mi lado a personas que sean testimonio tuyo para mi vida.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Hasta las narices de evangelizar (Nm 11,4b-15)

¡Venga hombre! ¡Ya vale! ¡Estoy hasta las narices de dar la vida intentando mejorar las cosas y sólo recibir sopapos de vuelta! ¿Por qué tenías que llamarme a mí, Dios?

La gente no cambia. Años intentándolo por todos los medios. Nada. Cada uno va a la suya. Cada uno piensa en sí. Les propones una cosa y la otra y la otra… Y nada. Todo son reproches y problemas y quejas. Y, mientras, por detrás, un corifeo que grita que hay que cambiarlo todo. Que el lenguaje hay que cambiarlo, las formas, la doctrina, la manera, el medio para comunicarlo… Y venga youtubers y tuiteros y instagrammers y de todo… ¡Ya uno no sabe lo que hacer para hacerles entender que te necesitan, Padre! Nos hemos quedado sin ti, el mundo se oscurece pero… ¡bah! Nada.

Yo estoy cansado. Estoy cansado de luchar, de trabajar, de guiar, de proponer, de rezar, de compartir, de sacrificar mucho para nada… ¿Por qué no un poco de aliento? ¿Un pequeño éxito que me anime a seguir? Sí, de vez en cuando alguien te dice que gracias, que qué majo eres… pero su vida sigue igual. Se olvidan rápido.

Voy a irme, con Moisés, a escuchar un ratito a Fito Páez. Tenemos que recordar que esto no compensa. Que nunca volveremos a la Comarca. Que cuando la vida se da… es a fondo perdido… Dame fuerzas, Señor, para seguir ofreciendo el corazón.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

En lo escondido o trending topic (Mt 6,1-6.16-18)

En lo escondido. Vaya hachazo a los mártires del prime time. Vaya toque de atención a los trending topic de la caridad. Haz el bien sin propagarlo a los cuatros vientos. Pero entonces, ¿quién se entera, Señor, de que hay personas que apuestan por otra manera de hacer las cosas? ¿Cómo, en esta sociedad de la información y las redes, no proclamar por aquí el testimonio de tantos que intentan hacer un mundo mejor?

Aún con cierto desconcierto, creo entender lo que me dices. Es una advertencia. Es por mi bien. Porque ¡es tan fina la fronteras! ¡Es tan fácil pasarla! Claro que se puede comunicar el bien que uno hace para dar testimonio, para animar a otros… pero buf, el riesgo es grande. ¿Cuál? Dejarlo de hacer por Dios y hacerlo para los demás, para mi propio beneficio, para mi fama, para mi caché social, para mi imagen ante la comunidad…

¡No! ¡Eso nunca! Algunos, muy seguros de sí mismos, dirán que no, que en su actuación sólo hay pureza y ganas de evangelizar. Pero, ¡ay Señor! No lo tengo yo tan claro. Qué fácil es equivocarse. Qué fácil es hablar más de mí que de Ti. Qué fácil acabar consiguiendo ser yo el centro, en lugar de Tú. Qué tentador que me acaben siguiendo a mí en lugar de a Ti. Buenas palabras, buenos deseos… pero frutos cuestionables.

Por eso te gusta más lo escondido. Así garantizas que es por Ti, Señor, por quién hago las cosas. Porque te veo en el otro y actúo, sin necesidad de que nadie más que Tú se dé cuenta.

Ayúdame, Señor, a mí, que soy tan «hacia afuera». Ayúdame a saber ser y estar también en lo escondido.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

No temas, sigue hablando (Hch 18,9-18)

El Espíritu habla. A Pablo le habló a través de un sueño. A mí a través del corazón. Pero escucho su voz. También me dice, como a Pablo, «no temas, sigue hablando y no te calles, pues yo estoy contigo, y nadie te pondrá la mano encima para hacerte daño». Muy fuerte. Necesitaba encontrarme con esta Palabra. Necesitaba sentirme enviado a algo.

Hablar da miedo. Miedo de que no te entiendan. Miedo de sufrir rechazo. Miedo de generar conflicto. Miedo de hacer daño. Miedo de equivocarte. Miedo de no acertar con las palabras adecuadas. Callar es una opción. A veces la vestimos de prudencia. Pero yo me siento llamado a hablar y a decir y a proponer y a animar y a criticar y a apoyar y a bendecir y a denunciar y a profetizar…

¿Miedo? Un poco. Pero seguiremos hablando.

Un abrazo fraterno

¿Es Dios un desconocido? (Hch 17,15.22–18,1)

¡Qué grande este Pablo! Es un animal evangelizador. Qué envidia. Pasearse por Atenas, ver la estatua al dios desconocido y percibir en ella la sed del pueblo ateniense, la sed espiritual. Ver la oportunidad. No hacer juicios. No comparar con otros pueblos o lugares o épocas. Y anunciar a Jesús.

Parece que esta historia es de otro tiempo, pero creo profundamente que hay sed en la sociedad de hoy. Sed de amor. Sed de compañía. Sed de seguridad. Sed de silencio. Y de trascendencia. Pero nos equivocamos de dioses. Igual que los atenienses, le estamos poniendo a velas a muchos dioses desconocidos, a dioses creados por nosotros, a los que idolatramos y veneramos y que, sin embargo, no tocan nuestro corazón. ¿Y Cristo? ¿Es un desconocido en nuestra sociedad? Pues en buena parte sí. Tal vez porque muchos hayan cerrado sus oídos. Tal vez porque otros nos hemos predicado más a nosotros mismos que a Él. El caso es que la buena noticia de Cristo es una absoluta desconocida en el «prime time» social de hoy.

Como Pablo, debemos ver la oportunidad. Sin juicios. Sin comparaciones. Sin nostalgias de tiempos pasados y no necesariamente mejores. Es muy cansando hablar de lo poco que saben hoy los niños de Jesús, de lo poco que saben sus familias, de los pocos que van a misa, de … y así pasamos la tarde.

¿Es Cristo un Dios desconocido? ¿A qué estamos esperando pues para anunciarlo? Allí donde la gente está. En el tiempo en el que la gente mira. Con palabras que la gente entienda. Y con el testimonio de una vida que rezume a Él.

Un abrazo fraterno

Mary's land: un auténtico tsunami

La vi esta misma tarde, con mi mujer, en los cines Palafox de Madrid. Una sala de las de toda la vida, a puntito de terminar el año, para que nuestra vida, la mía en particular, no siga siendo como siempre.

Tras la alegría y las buenas sensaciones experimentadas tras «La última cima«, tras haber seguido a @jmcotelo, incluso tras conocerle personalmente, y tras ir profundizando y descubriendo la figura de María en esta última etapa de mi vida… la cita con «Mary’s land» era obligatoria. Eran muchas las ganas y la curiosidad pero pocas las expectativas. Las expectativas no suelen ser buenas compañeras de viaje… Allí nos fuimos: de la mano y en silencio.

Lo primero que puedo decir es que me gusta Cotelo. Me gusta lo que haiEncuentro_3ce. Me gusta. Sus películas son de crítica difícil porque, de alguna manera, son incriticables. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que un testimonio personal no se puede criticar, no es opinable. Mi testimonio es patrimonio personal. Puede ser útil o inútil. Puede ser más o menos bonito, más o menos emocionante, más o menos impactante… pero no puede ser bueno o malo. Me lo puedo creer o no, me puedo abrir a él o no… pero no puedo juzgarlo, no puedo discutirlo, no puedo debatirlo… Cotelo acierta una vez más: se aleja de la regla, de la doctrina, de la palabra institucional, de la enseñanza, de la catequesis ortodoxa, de los maestros y los sabios, de los doctores… y nos ofrece vidas concretas, nombres y apellidos, experiencias reales, corazones transformados, encuentros incuestionables, pobres, pecadores, testigos de andar por casa, pescadores del siglo XXI… Y aquí radica toda una fuerza que te va arrastrando y que te deja en silencio cuando se echa el cierre. marysland-75¡Bravo Juan Manuel! ¡Bravo! La experiencia dice que es un lenguaje, un camino, un estilo de comunicar y testificar, propositivo, alegre, pacificador, que rompe las barreras de la fe y llega al alejado, al exiliado religioso, al incrédulo. ¡Bravo!

Estuve inquieto toda la película. Inquieto y nervioso, tal vez porque la película te sitúa rápidamente ante tu propia batalla. ¿Qué batalla? La que cada uno de nosotros libramos en nuestro interior, minuto a minuto, día a día. Una batalla espiritual en la que es tu vida la que está en juego. Tu vida y la de muchos otros porque todos estamos entrelazados. La música te conduce a picos tensos en los que realmente me di cuenta de que esto no es una broma y de que «no se puede estar ya en terreno neutral». El hilo conductor, al más puro estilo 007, roba sonrisas pero, de manera misteriosa, enfatiza el dramatismo del asunto: Dios y Satán intentando atraerme hacia sí.  A mi y al mundo entero. No me llevo pues una sensación dulce y tranquilizante sino más bien una inyección que ha puesto los músculos de mi alma en disposición de actuar cuanto antes.

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El comienzo de la película, la narración bíblica, es de lo más bello que he visto últimamente referido a Dios y a nosotros. La escena de la creación del hombre, en un entorno maravilloso, y rodeado de criaturas celestiales, es de una belleza sublime así como la «infantil» versión de Adán y Eva. Como padre que soy de tres hijos, capté lleno de emoción, acongojado, el amor de un Dios Padre joven hacia sus pequeños. Ese paseo juntos, los abrazos, las palabras… Sólo ese fragmento del film justifica una catequesis, un compartir, una toma de conciencia entre hermanos de lo maravilloso que es saberse hijos de Dios y, también, de lo que implica la libertad… Quince primeros minutos que dejan sin palabras ni comentarios.

¿Los pilares? ¿las ideas fundamentales? ¿Lo que se repite una y otra vez? ORACIÓN, CORAZÓN ABIERTO, DIVINA MISERICORDIA, CONFESIÓN, ROSARIO… Ya lo dice la modelo: uno solo no gana la batalla. Uno solo es soberbio, se inclina al pecado, se queda sin fuerzas, no sabe, no puede, no quiere tantas veces… Necesitamos acudir a Él y a la Madre. Rezar, contarle todo, decirle lo que sentimos, lo que pensamos, cargarle con nuestras preocupaciones y anhelos… acudir a María, confiar en ella, pedir su intercesión… Siempre escuchan, siempre responden. Y siento que tengo tanto que hacer en este campo. Porque yo también experimento ese fracaso en la batalla, ese querer y no poder, esa tentación que me tumba tantas veces, esa falta de fe… «¿Por qué si hacemos caso a un médico no seguimos las prescripciones de Dios y de sus mensajeros»… 

marysland-8Medjugorje es, sin duda, el centro neurálgico de todas las experiencias. La Iglesia todavía no se ha pronunciado definitivamente sobre las apariciones de la Madre en este enclave entre montañas pero, sin duda, la Iglesia participa ya de ese encuentro, acude a la escucha y experimenta los buenos frutos irrefutables, públicos y notorios con que es bendecida en este pequeño pueblo de Bosnia. Como dice Cotelo… «podría hablar con todos los que están aquí y seguiría dudando de si están locos o dicen la verdad»… por eso… ahí no radica el secreto. Ni en pensarlo, ni en buscar explicaciones razonables, ni en tomar partido, ni en seguir hablando de… Corazón abierto y adelante. Me da hasta vértigo pensarlo… Ay, la tramposa razón, que difícil nos lo pone a veces y qué bien disponer de un corazón apasionado capaz de lanzarse sin atender a razones…

La película habla de la Virgen, de Dios, de personas… pero, al final, es una investigación de «asuntos internos», claramente. Yo la considero mediación en este tiempo acomodado, vacío e incrédulo. Doy gracias a Dios por ella, por Cotelo, por su equipo, por atreverse, por actuar a corazón abierto. La película habla del amor de un Padre y una Madre por sus hijos. Es la versión moderna y cinematográfica del Hijo Pródigo. Es una luz.

Dicho esto: no voy a caer en la trampa del buenismo del creyente de exterior: me resulta incómoda. Salí del cine en silencio y profundamente removido, movilizado, cuestionado, sobrecogido y, sobre todo, consciente. Y el diálogo dura, horas después, en mis entrañas… Un diálogo que, lejos de calmar las aguas, ha provocado un auténtico tsunami…

Un abrazo fraterno

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Y yo… ¿a qué muevo? (Lucas 8, 16-18)

ScreenShot577Hoy leía el Evangelio y una posterior meditación sobre el mismo y me impactaba una reflexión muy certera de S. Ambrosio: «las cosas nos parecen menos difíciles cuando las vemos realizadas en otros». La meditación apostillaba: «todos tienen derecho a tu buen ejemplo». Y es verdad.

Yo me considero cristiano, seguidor de Jesús. El Evangelio de hoy no me lanza una pregunta sino una afirmación y una advertencia. La afirmación es que todo aquel que sigue a Jesús, debe ser testimonio vivo de Jesús entre los hombres, luz en la tiniebla del mundo, igual que lo fue el Maestro. La advertencia es clara: al que tiene, se le dará y al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener. Dicho de otro modo: que eres llamado a ser luz entre los hombres, a dar luz también a tus partes más oscuras… eres llamado a poner la luz de Jesús en medio de tu ser y dejar que lo ilumine todo. Si no respondes a ese llamado, si te anclas en tu oscuridad, en la oscuridad del mundo, si no te dejas «mover» como Ciro (en la primera lectura)… cada vez vivirás en una mayor oscuridad.

Un cristiano no se agota en sí mismo. Nadie lo hace pero menos un cristiano. Un cristiano que no testimonia no es cristiano. Un cristiano que no dejar ver a Cristo en sus acciones… no es cristiano. Un cristiano que no colabora en la salvación de los demás con su propia vida, no es cristiano.

Ciro lo vio claro. Se dejó mover por el Señor y quiso construir el Templo y llamó a construirlo con él. No todos respondieron entonces ni todos responden ahora. Yo hay veces que tampoco lo hago. Hay veces que me tizno y me oscurezco, que me dejo absorber por la atrayente y seductora oscuridad, donde nada se ve y donde todo lo que soy queda bien escondido. Pero no estoy llamado a eso. Ni tú tampoco. Cada uno en su lugar, en su trabajo, con las personas que le rodean, en su familia, con sus amigos, en la red… donde sea y con quién sea… Somos llamados a plantar la luz de Cristo en medio para iluminarnos a todos.

Un abrazo fraterno